Mª Luz Barreña: “La bondad existe. La he visto”

Mª Luz Barreña: “La bondad existe. La he visto”


Un despacho multifuncional que acoge la actividad de Juniors, catequesis, talleres de mujeres, aulas de repaso y eventos, que muestra, tiene su huella impresa, la bulliciosa actividad de esta parroquia, humilde en su estructura y humilde por el barrio en que está ubicada, recogen las palabras de Mª Luz Barreña, directora de su Cáritas parroquial y de su principal proyecto: Hiedra. Mujer sensible, dedicada profesionalmente al amparo y cuidado de niños pequeños, que trata muy de cerca el lado más oscuro del ser humano y saca tiempo para ayudar a salir de ese lado a cuantos se acercan a la parroquia en demanda de acogida.

Mª Luz, es un privilegio tener una familia como la tuya: tu marido, tú y vuestros hijos, dedicados al voluntariado en la parroquia.

Juntos desde los Juniors, compartiendo el estilo de vida de Jesús, tenemos dos hijos de veintiocho y veintidós años y ambos, ahora, con responsabilidades en Juniors y mucho más.

De mujer a mujer: ese lustre en la cara y esa frescura, me parece que no te la dan las cremas…

No. Es la paz interior, la oración… Creo que es un poco el estilo de vida, el dedicarse a los demás, el ser feliz… y el hacer los dos juntos, mi marido y yo, lo mismo  es muy bueno. Mis hijos han seguido nuestro mismo camino. Me siento superbendecida.

Nos encontramos en un barrio de gente trabajadora en el que la crisis habrá hecho mella de una manera contundente.

Buena parte del barrio es de casas muy antiguas, sin ascensor y la gente que se mete en ellos es porque no puede hacer otra cosa. Hace muchos años fue un lugar de  inmigrantes que venían de Andalucía o de los pueblos y desde hace unos quince años empezaron a venir de fuera, ecuatorianos, bolivianos, colombianos, venezolanos, gente árabe y ahora también subsaharianos. Este barrio siempre ha estado marcado por la inmigración.

Ante tal diversidad, ¿cómo habéis conjugado la asistencia con la promoción de las personas?

Cáritas funciona aquí desde hace unos treinta y cinco años. La gente era humilde pero encontraban trabajo enseguida. Su necesidad era de alimentación o de alquileres, para arrancar, hasta que empezaban a trabajar. También había mucha ayuda a gente mayor que vivía sola. Sobre todo, acompañamiento. Hace unos dieciséis años es cuando viene el problema gordo. Empieza a venir gente que vemos que no tienen de nada. Se vienen con lo puesto. Nos vemos desbordados. De estar con quince o veinte familias pasamos a tener ochenta. Y no es que no tenían de nada, es que no sabían ni comprar. Aunque el idioma era el mismo, la alimentación no. Había gente que cocinaba el fuet. Y ahí ya empezamos a tener un trabajo de enseñanza de nuestras costumbres, por ellos y para irles preparando por si encontraban un trabajo. Iniciamos un proceso en el que vemos que en alimentación, en alquileres, aunque en un piso vivían seis y siete familias, en ropa de abrigo, en mantas, lo tenemos cubierto y nos damos cuenta de que hay que apoyar, sobre todo a la mujer que es la que viene, trabaja, cuida de los hijos, de la casa y encima tiene que enviar dinero porque quizás están los padres en su país.

¿Y los maridos?

Sobre todo en la inmigración sudamericana, no se ocupan de los niños, beben mogollón. Suelen estar en el río jugando. Si trabajan, se gastan gran parte del dinero en bebida. Esto nos indignaba. Que la mujer, después de estar todo el día trabajando, tuviera que hacerse cargo de los hijos, limpiar, cocinar y el marido, ahí, a la sopa boba. Y encima les cascaba. Se ha hecho un trabajo y se ve la necesidad de crear un proyecto que apoyara a esas mujeres y,  a través de ellas, en un primer momento, incidiera sobre la actitud de ellos. Los hombres son muy inaccesibles. Hoy tenemos unas sesenta familias en el proyecto Hiedra y a la escuela de padres vienen veinte hombres como mucho.

¿Por qué aguantan ellas esa situación?

… No lo sé… Quizás es por costumbre de su país. Aquí se las ha ido trabajando. En un primer momento se trabaja la autoestima, el trabajo interior, el psicológico, porque vienen muy mal. A nivel de cocina, de electrodomésticos que no conocían y se empieza a trabajar un poco con los niños y niñas, con voluntariado. Hemos ido viendo que sirve, que es muy bueno para ellas. Hiedra ha evolucionando, hemos ido cambiando y nos hemos ido acoplando a las mujeres según sus características. Ha habido veces que han pedido deporte, pues hemos hecho deporte porque eso las beneficia.

¿Es difícil conseguir recursos económicos para sostener el proyecto?

Nos cuesta mucho recoger dinero. Recibimos ayuda de Cáritas Diocesana.

¿Sois muchos voluntarios?

Somos cerca de cuarenta. Hemos conseguido que chicos y chicas de Juniors que ya han acabado la carrera se queden como voluntarios en el proyecto Hiedra. Y  chicos que han pasado con sus familias por el proyecto, ahora también son voluntarios. Tenemos profesores jubilados, jóvenes que se están preparando para la confirmación también nos ayudan con los más pequeños en el Centro Abierto. Aquí cuidamos mucho la formación. Tres veces al año todos el voluntariado pasa por una sesión formativa.

¿Qué echas de menos en Cáritas?

Pues, sobre todo, tener mucho dinero para poder ayudar mucho. Cuando ves circunstancias bien difíciles y ves que no puedes llegar… pero lo suplimos un poco con la escucha, con preocupación por ellos.

¿Qué periodo permanecen las mujeres en el proyecto?

Las que vienen por necesidad económica están un año o algo más. Búsqueda de empleo, necesidad de abogados, papeles… En economato damos un año. Creemos que la persona no debe enquistarse. Ahora que si tienen cierta edad que sabemos que ya no van a encontrar trabajo, se les alarga lo que haga falta. Hay abuelitos que tienen a los hijos y les mantienen. Un caso: María, seiscientos euros de pensión y ocho personas en casa. Tenemos aquí a los nietos. Otras problemáticas muy gordas… ¿Cómo dejar de ayudarles?

Viendo todo esto, Mª Luz, ¿qué imagen tienes del mundo?

Pues que hay gente muy buena. Para mí, ver tanta gente voluntaria y ver cómo salen tantas personas después de pasar por aquí, preparadas y que vuelven a decirnos que tienen un trabajo… Y gente que ha pasado por el proyecto y después quiere ser voluntaria, ayudar. La bondad existe. La he visto. Es triste cuando ves niños y niñas con muchas necesidades y que nos falta voluntariado, que no puedes ayudar. Es lo más terrible.

Y para acabar, una frase, tu frase, tu aportación personal…

Para mí, la parte primordial para poder ayudar es la oración. La persona que interiormente se llena de Jesús, de Dios Padre y  luego se abre para poder ayudar, es el mejor regalo que se puede hacer al mundo.

Mª José Varea
Voluntaria

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