Charo Castelló: “El ser humano es tratado como una mercancía”

Charo Castelló: “El ser humano es tratado como una mercancía”


Recuperamos esta entrevista que realizamos en Crónica de la Solidaridad 5.2 a Charo Castelló en esta semana en la que, en la diócesis, celebramos la Jornada Mundial por el Trabajo Decente desde la Iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente.

En los últimos meses, Charo Castelló ha sido fotografiada junto a –o cerca de– personas tan dispares como el papa Francisco; la ex modelo y empresaria argentina Valeria Maza; el presidente de Bolivia, Evo Morales; Guisi Nicolini, alcaldesa de Lampedusa o Cristian Felber, gurú y apóstol de la Economía del Bien Común. Su compromiso cristiano vivido en familia, como parte de su servicio y militancia en la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) la han llevado a participar en varios encuentros en Roma y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) —como copresidenta del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos— y en el 25 aniversario de la Fundació Tots Units de la que ahora es gerente, en la Vall d’Uixò, su ciudad natal. Aunque actualmente espera: “volver a mi tarea de educadora”.

Este verano has participado en dos encuentros mundiales, uno de movimientos populares, en Bolivia y otro con los alcaldes de grandes ciudades, propuesto por el papa Francisco en Roma. Sobre el primero, en el que se reflexionó en torno a las tres ‘Tes’, “trabajo, techo y tierra”: ¿cuáles fueron las principales conclusiones?

El de Bolivia era un segundo encuentro en continuidad con el celebrado antes en el Vaticano en octubre de 2014 y en el que se quería seguir hablando de esas tres ‘Tes’ que nombras. Éramos más de 1500 personas llegadas de toda Latinoamérica y otros lugares del mundo y se celebró en Bolivia para hacerlo coincidir con la visita del papa. El trabajo fue muy similar al que habíamos realizado en el encuentro anterior, reflexionando en torno a los temas propuestos. Una de las cosas más llamativas tiene que ver con el reconocimiento al papa y de este por reforzar a los movimientos populares. El modelo de trabajo fue a partir del Ver, Juzgar y Actuar. El Ver consistió en un diagnóstico sobre las realidades del trabajo, el techo y la tierra, a las que se unieron, en el discernimiento posterior, las propuestas de Francisco y su recién publicada encíclica Laudato sí. Las conclusiones tomaron forma de diez puntos en la llamada “Carta de Santa Cruz”, que recoge los compromisos que los Movimientos Populares intentarán desarrollar cada uno en su entorno. Además de sobre la Tierra –protección de la tierra, las luchas de los campesinos sin tierra, …–, el Trabajo –el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y su defensa, la situación de los trabajadores excluidos o de la economía sumergida– y el Techo ¬–con la promoción de viviendas y barrios saludables, el problema de la especulación, etc.–, la Carta recoge contenidos en torno a la Paz y el respeto de la cultura de los pueblos y del cuidado del planeta. Las conclusiones y los trabajos se pueden todos consultar en una web pero, entre las cosas que más llamaron mi atención está la fuerza y el ritmo que tienen los movimientos sociales y populares en Latinoamérica; su gran pluralidad –grupos sindicales, de ‘los sin tierra’, de mujeres, de recicladores, cartoneros, indígenas, defensores de la tierra y sus recursos, y muchos más–. Como dice el papa, éramos “un gran caleidoscopio”, con muchas aristas y propuestas y todos, cristianos o no, trabajando por las “tres Tes”, la paz y la ecología.

Sobre el segundo encuentro, el de los alcaldes, en el que se hablaba de trata de personas y cambio climático, ¿qué deberes salieron de allí para los políticos? ¿Y para nosotros y nosotras, la ciudadanía?
La Cumbre Mundial de Alcaldes fue propuesta por el papa Francisco por medio de un texto escrito a mano en el que pedía a la Academia de Ciencias Pontificias y de Ciencias Sociales que la convocaran para hablar sobre dos asuntos: el cambio climático y la trata de personas. El encuentro, que se realizó en el Vaticano, reunió a algunos de los alcaldes de las ciudades más importantes, como Nueva York o Madrid, pero también a alcaldesas como la de Lampedusa, a representantes de la OIT o de la ONU, entre otras personalidades. El encuentro trataba de trasladar a los dirigentes políticos locales la importancia de que sean ellos quienes se reúnan y dialoguen, ya que las decisiones más cercanas a las personas, las que afectan a los ciudadanos son las que se toman en ese nivel municipal.

Me parece muy esperanzador el hecho de que la Iglesia se sienta involucrada en ambas situaciones. Asimismo, creo que fue muy importante que los reunidos escucharan la voz de tantas personas representadas por mí, invitada como miembro del comité organizador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares para transmitir sus conclusiones y la Carta de Santa Cruz. En el cambio climático, me parece de una gran lucidez por parte del Vaticano que este tema se aborde como un problema de tanta magnitud que hay que tratar como una crisis mundial y humana, que afecta a millones de personas. En cuanto a la trata de personas, los presentes en la Cumbre pudimos escuchar a dos mujeres jóvenes, víctimas de esclavitud laboral y esclavitud sexual. Fueron dos testimonios brutales que nos estremecieron y que nos ayudaron a entender que la compra de seres humanos, el trabajo esclavo, la trata con fines de explotación sexual son realidades mundiales y síntomas de que el ser humano es tratado como una mercancía, como un puro objeto de cambio. Además, muestran que vivimos en una sociedad de mucho riesgo, donde se trafica con las personas que, muchas veces, caen en estas redes cuando luchan por su propia supervivencia.

Has coincidido con el papa Francisco en ambos espacios. ¿Cómo valoras su implicación con los empobrecidos de la tierra?
Además de la proyección internacional que ha alcanzado este papa y la repercusión de cada una de sus palabras, me llamaron mucho la atención unas palabras suyas a los participantes en el Encuentro de Movimientos Populares: “Ustedes no son el problema, son la solución”. Insistió mucho en la idea de que no podremos solucionar los problemas de la tierra si no tenemos en cuenta a los empobrecidos. Es significativo el protagonismo que otorga a las personas y, en especial, a las personas más desfavorecidas. Al mismo tiempo, es muy interesante el carácter sagrado que concedió al derecho a la tierra, al trabajo y al techo. Creo que esto es vital para nuestro trabajo en la Iglesia y en Cáritas: no solo hemos de atender a los Mandamientos, sino también a estos derechos humanos, esenciales en la vida de las personas.

Como militante de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y copresidenta del MMTC (Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos), ¿cuál es la realidad actual del movimiento obrero cristiano en el ámbito internacional?

El MMTC es en la actualidad un movimiento no masivo y discreto pero presente en 46 países de todos los continentes y por tanto, con realidades muy diversas: desde aquellos donde los cristianos son minoría, como la India y otros asiáticos, hasta los países europeos o latinoamericanos, con mayor tradición cristiana. Somos una organización registrada en el Consejo Pontificio de Laicos y participamos, junto a otras organizaciones católicas, en diferentes instituciones internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en la que hemos apoyado la convención de las trabajadoras domésticas.

Nos interesa mucho que nos hables de la realidad del empleo en el ámbito europeo e internacional en este cambio económico y financiero global: irregularidad, precariedad, pérdida de derechos, … Ante esta realidad, ¿qué nos espera a los trabajadores del Sur de Europa, pero también al resto de trabajadores del mundo y a tantas personas desempleadas? ¿Qué podemos-debemos hacer?
En el año 2013 celebramos nuestro Encuentro Internacional en Alemania y en él realizamos un diagnóstico de las condiciones de trabajo en todo el mundo. En aquel momento descubrimos que, a pesar de que se avanzaba en la mejora de estas realidades, el panorama era bastante desalentador. En muchos países se daban unas tasas de desempleo enormes; en Asia, en torno a un 80 por ciento de las personas están empleadas en la economía informal; se daba el trabajo esclavo y el trabajo forzoso en muchos rincones de la tierra, etc. En Europa nos hemos empezado a asustar cuando nos han llegado las situaciones de precariedad e inestabilidad laboral que ya se vivían en otras regiones del planeta. En nuestro continente se ha producido una marcha atrás en los derechos de los trabajadores, pero no solo los del Sur, también los del Este, que han visto cómo las empresas se deslocalizaban e iban a instalarse en sus territorios desde Alemania y otros países buscando peores condiciones laborales. La crisis ha generado más pobres y, además, ha instaurado un nuevo modelo que tiene mucho que ver con la “cultura del descarte” de la que habla el papa. El gran capital utiliza todas sus estrategias para fabricar dinero a costa de lo que sea. Los Estados ya no cumplen su papel de reguladores del mercado para la protección de las personas. Ahora que las personas se han acostumbrado a vivir con inestabilidad y precariedad, han de saber que no vamos a regresar a un marco en muchos ámbitos, tampoco el del empleo, como el anterior a la crisis. Millones de personas nunca van a encontrar un trabajo. Y si este no garantiza un ingreso a todos esos millones de personas, habrá que encontrarles una alternativa, ¿no? Por eso, desde el MMTC hemos puesto en marcha la Campaña “Un trabajo decente y una renta para la vida” y por eso también nuestra reflexión sobre la necesidad de que se desvinculen los derechos sociales –la vivienda, la sanidad, las pensiones, etc.– del empleo. Es urgente universalizar esa reflexión y hacerla también en el ámbito de la Iglesia.

Y en ese ámbito global del empleo, ¿qué amenazas supone la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión-TTIP?
Como decía antes, el neoliberalismo actual no quiere que los Estados mantengan ningún papel en la regulación de los mercados y en este sentido, estos tratados, que además, se están negociando con total opacidad, son un atentado contra la democracia y contra los derechos de los trabajadores y de los pequeños productores, entre otros.

¿Qué has aprendido en estos años trabajando con las personas más vulnerables?
Para mí ha sido una oportunidad para ser mejor persona y no separar mi vida laboral de mis opciones como creyente. Nuestro obispo, José Mª Cases decía: “Todo lo que hagamos para los pobres es poco”, lo que entiendo también como una opción por hacer cada vez mejor el trabajo en favor de las personas más vulnerables. Y sobre todo, teniendo en cuenta su protagonismo, respetando que es la otra persona la que tiene que elegir su vida, su proyecto personal y profesional, etc. Esto no ha sido ni es fácil. Es un reto para nosotros.

¿Qué podemos hacer los y las ciudadanos/as para provocar que otra economía posible sea cada vez más real entre nosotros?
Efectivamente, como ciudadanos, nuestros hábitos de consumo y de estilos de vida son fundamentales: tenemos que saber quién hay detrás de las cosas (quién fabrica, quién hace, quién sirve) y en qué condiciones. Hemos de discernir claramente y acompasar nuestros estilos de vida con el respeto a las personas, y discernir al servicio de qué están las empresas y las organizaciones. Además, los creyentes, tenemos un reto muy importante con la Doctrina Social de la Iglesia, que es la gran desconocida. Es importante que la convirtamos en criterios pastorales y de economía que nos ayuden a construir una economía diferente al servicio de las personas. Un ejemplo de que es posible hacer esa transformación es Koopera Mediterránea y otras muchas organizaciones que ya nos están permitiendo transformar espacios y ponerlos al servicio de las personas más vulnerables.

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