Compartir el viaje: la esperanza

Compartir el viaje: la esperanza


«Mi palabra es tu refugio, no eches de menos tu casa, ven con lo puesto, ven desnudo, tuyo es el aire y el agua».

Fue el 24 de noviembre del pasado año cuando se celebró el encuentro de la Vicaría III en el colegio Sagrada Familia de Manises.

El encuentro aborda un asunto extremadamente delicado que, injustamente, provoca temor y rechazo en una parte de la población. Bajo el título Compartiendo el viaje, tomado de la Campaña de Cáritas, el equipo de Vicaría ha querido hacer un alto en el camino y mirar de frente la realidad tan acuciante, tan dramática, que a tantos hermanos y hermanas les está tocando vivir al obligarles a dejar sus casas, sus familias y sus países en busca de una vida mejor o huyendo de aquello que no les permite vivir con paz. Es su deseo unirse a ellos en ese viaje y seguir ayudándoles a alzar la voz para que el resto del mundo les escuche.

La oración de entrada recoge la recomendación, Dios es quien habla, en el libro del Levítico, del Antiguo Testamento, tan actual y tan apropiada en esta mañana en la que se pretende compartir viaje y ser esperanza de los que sufren por encima de lo humanamente posible:

«Si un inmigrante se instala en vuestra tierra no le molestaréis, será para vosotros como un nativo más y lo amaréis como a vosotros mismos, pues también vosotros fuisteis emigrantes en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios» (Lv 19, 33-34).

Y las palabras del papa Francisco:

«Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa e incluso, en la oscuridad de la noche, no hace faltar el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares. Sólo de esta manera podremos reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Noviembre 2018).

«Hasta aquí hemos llegado, dame la mano, descálzate, estás cansado… mira, parece que hay un sitio…»

Transcurrido el rato de oración, David Montesinos, responsable del Programa de Cooperación Fraterna de Cáritas Diocesana de Valencia habla de las causas de la movilidad humana forzada y de las dificultades a vencer.

Parte Davi de la base de que la llamada a acoger al extranjero, ofrecerle protección y hospitalidad, honrarlo con respeto e igualdad, sea cual sea su religión o procedencia, está profundamente arraigada en las principales religiones del mundo.

.La inestabilidad política, los conflictos armados que desembocan en el auge de nacionalismos y dictaduras, el aumento de la población, la falta de trabajo y de alimentos, son los motivos principales que, ahora y siempre, ha provocado la movilidad humana.

Nosotros también fuimos migrantes. Entre 1815 y 1970, la inestabilidad política y los conflictos violentos en toda Europa obligaron a miles de europeos a emigrar fuera del continente con destino a países de América: Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Venezuela, Perú o Cuba principalmente.

En la actualidad, los conflictos armados con “mercados” de armas que producen grandes ganancias económicas, la codicia por los recursos naturales que provocan miseria y los desastres naturales cambian el mapa de la movilidad humana: Siria, Afganistan, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y R.D. Congo son los países más castigados  y con un dato curioso: los países más empobrecidos como Líbano, Turquía, Pakistán, Irán o Etiopía son los que mejor acogen.

Europa es, sin embargo,  una fortaleza. Ha gastado dos mil millones de euros en blindar sus fronteras y, por contra, el gasto de la Unión Europea en políticas de protección a refugiados es de seiscientos sesenta millones de euros.

Vista la situación y sus causas es hora de actuar y esto se debe hacer en positivo.

La integración, tal como muestra Davi, debe ser un esfuerzo común. Nuestra percepción de la identidad no puede basase en prejuicios y estereotipos que son el primer paso hacia la vulneración de derechos. La identidad es una construcción en común.

¿Dónde actuar?

  • en origen: con la cooperación al desarrollo y la promoción del comercio justo;
  • en tránsito: con la ayuda humanitaria;
  • en destino: acogida, protección, promoción e integración/comunión;
  • y actuar como una sola familia humana y con cultura del encuentro:
    • acogiendo: abriendo canales humanitarios seguros y legales para las personas migrantes y refugiada;
    • protegiendo: garantizando sus derechos y dignidad.
  • promoviendo el desarrollo integral de las personas;
  • integrando: viviendo la comunión, conviviendo y fomentando la participación.

Tras esta exposición llega el momento de un pequeño tentempié que da paso al trabajo por grupos para seguir profundizando en el tema central del encuentro. La puesta en común y la clausura dan por finalizado este IX encuentro de la Vicaría III y los lazos desplegados por toda la sala como signo de unión, con la huella de tantas manos que los han asido, con las peticiones y reflexiones escritas por quienes sienten que no hay otra opción que la de ser una sola familia, quedan atrás, indelebles, imborrables, a la mirada de Dios.

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 1 comentario

Añade el tuyo

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.