Cristo de nuevo crucificado

Cristo de nuevo crucificado


Podríamos imaginar que poco más de 2000 años no es nada y que Jesús sitúa ahora, en nuestra sociedad, su vida pública.

Viene a convivir y a mostrar al mundo cómo convivir. Viene a presentar un horizonte y una esperanza, un camino y una meta.

Sería el hijo de una familia humilde. Una familia de principios, con una fe arraigada y auténtica. De las que arriesgan hasta la vida por su fidelidad a Dios.

Sería un chico algo extraño, educado y de sonrisa fácil. Estudiaría o trabajaría en cualquier empresa del lugar o, quizás, ayudaría en el negocio familiar. Un chico muy normal.

Buscaría a unos cuantos jóvenes que le siguieran desinteresadamente, que lo dejaran todo para ayudarle. Les diría que, en realidad, Él era el Hijo de Dios, que su Padre le enviaba para enseñar a los hombres, para cambiar su vida. Y Él iba a ser el ejemplo porque Él era la Verdad y la Vida.

Y encontraría a un grupo de locos soñadores, idealistas y generosos dispuestos a compartir con Él esa aventura de amor y de entrega.

Serían unos pocos, porque ¿quién estaría dispuesto a entregar todo lo que tiene a los pobres y quedarse solo con la promesa de un mundo mejor?

Y cuando dijera que no hay que devolver ojo por ojo y diente por diente, ¿quién entendería y asumiría la grandeza y la liberación del perdón?

¿Quién se atrevería a ponerse a su lado cuando alguien acusado y condenado por la sociedad, recibiera todo su apoyo, pidiéndole solamente que no volviera a pecar?

Y cuando fuera señalado como delincuente peligroso, como alborotador por los sacerdotes y por la justicia, ¿quién estaría junto a Él?, ¿quién vencería el miedo?

¿Quién caminaría a su lado cuando fuera objeto de burlas, cuando fuera azotado, coronado con espinas, cargado con una pesada cruz y finalmente crucificado entre malhechores?

¿Quién se atrevería a bajarle con mimo de la cruz, llorar sobre su cuerpo masacrado y sentir sobre sí  toda la culpa de la sinrazón del ser humano?

¿Quién, hoy en día, vencerá el miedo para plantar cara a la indiferencia y a los prejuicios, para seguir el camino que Él nos ha mostrado e impedir que de nuevo sea crucificado?

Porque Cristo es, de nuevo, crucificado por los egoísmos y  favoritismos, por la falta de confianza, por la intolerancia, por las pequeñas injusticias, por la incomunicación.

Sin embargo, Cristo resucitado vive en el corazón de cada persona de buena voluntad que tiende las manos, que sale de sí misma para ofrecerse al prójimo, a los que tienen hambre, para acercarse a los apartados de la sociedad, a los débiles, porque, en definitiva, este es el camino que nos ha dejado marcado Jesús: el camino que se aparta del individualismo y la soledad y se abre a la convivencia generosa y desinteresada de los hombres.

Mª José Varea
Voluntaria

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