De donde vienen las pateras

De donde vienen las pateras


Ella y sus compañeras de curso se sentían orgullosas, apasionadamente importantes de ayudar a aquellos niños de piel tan diferente a la suya a tener colegios y a alimentarse de forma suficiente. Maestra y catequista les hablaron de unos países, muy lejanos, que no tenían dinero para excavar pozos, tender canales e impulsar la agricultura que les permitiera vivir de su trabajo.

Su esfuerzo se lo brindaban a Jesús, porque es lo que Él quería de ellas. Tomaban la primera Comunión y la catequista había prendido en ellas la llama del amor a Dios y al prójimo.

Niña, al fin y al cabo, su desilusión llegó al año siguiente cuando, empezado de nuevo el curso y la catequesis, las prepararon de nuevo para el día del Domund. ¿Cómo podía ser que su dinero no hubiera alcanzado para realizar todos los proyectos que sacaran a aquellas familias de la pobreza?

Nadie le habló de las preciosas tierras de África, ricas y abundantes. Nadie le habló de colonialismo ni de multinacionales ni de Gobiernos corruptos. ¿Cómo podía ella imaginar que para que Europa creciera económicamente se buscaran grandes negocios y explotación de la tierra en África? ¿Qué sabía ella de luchas entre países tan importantes como Bélgica, Francia o Inglaterra que competían por conseguir un gran botín de materias primas a bajo coste, esclavizando a sus habitantes y vendiéndoles posteriormente a precios abusivos los productos elaborados?

Era el capitalismo. El principio del capitalismo. La vieja Europa, la de la historia, la cultura y la nobleza, había descubierto en las tierras bañadas por el gran río Congo y sus afluentes, el sustancioso negocio que la haría más rica, inmensamente más rica.

El tiempo pasa impasible y las gentes de la vieja Europa, impasibles también, ven con preocupación cómo miles de personas dejan sus tierras, allá en África, para intentar encontrar en Europa lo que en su lugar de origen no se les permite tener: vida y trabajo.

El capitalismo se ha transformado en neoliberalismo y Gobiernos y multinacionales se siguen lucrando con los recursos usurpados en África. La ingeniería financiera les permite, incluso, apenas pagar impuestos por la extracción y explotación de las valiosas materias primas.

Tecnológicas, eléctricas o farmacéuticas, entre otras, gozando de todos los privilegios imaginables en sus Gobiernos de origen y comprada la benevolencia de los Gobiernos de los países que explotan, son el origen y la causa de la huida a mar abierto de estas personas a las que si algo se les puede reprochar es su deseo de vivir.

No, no se le olvida. Adrede ha dejado para el final hablar del gran negocio que mueve cifras millonarias. El más letal, el más cruel, el más inhumano: el alimento de las guerras civiles y la venta de armas a cualquier bando o facción que las pueda pagar. Bien alimentado, este es un negocio inacabable, próspero. Irak, Siria, Afganistán… Palestina es otra guerra pero produce el mismo gran beneficio, el mismo horror, la misma muerte.

Ella se sorprende del sentimiento de invasión que crece entre muchas personas de aquí. Creen que las víctimas son el peligro, se preocupan no por lo enfermos que puedan estar tras tan tremendas travesías sino por las enfermedades que puedan trasmitir. La imagen de un niño muerto, de bruces en la arena, que es la imagen impensable de muchos niños, no impacta más allá del momento de verla.

Y la comunidad europea sigue dejando pasar el tiempo, con promesas de medidas y de acogimiento para los que vienen, cuando el verdadero problema ni se menciona. No se puede dejar de ganar menos de lo que se gana ni se quiere por aquí a quienes huyen de su expolio.

¿Cuántas voces se tendrán que alzar para que ni una sola patera, ni una sola valla tengan que acoger a un solo ser humano que huye de la tierra que es suya porque otros la expolian?

¿Cuántas miradas tendrán que cambiar para que allá de donde vienen las pateras sea una tierra fértil y próspera en donde sus gentes tengan el beneficio de sus recursos y el trabajo que las haga vivir en paz?

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 1 comentario

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  1. Manuel Pitarch Toran

    Cuantísima avaricia, gula, ambición… estamos explotando sus tierras, les robamos en sus propias narices, no les dejamos que puedan tener una vida mejor y nos quejamos los europeos porque emigran cuando somos nosotros quienes les estamos obligando a marcharse de su tierra. Cuánta injusticia. Señor, intercede por estas gentes para que esto se acabe algún día.

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