Día de los abuelos 2018

Día de los abuelos 2018


Bienaventurados vosotros, los abuelos y las abuelas, que tenéis el privilegio de haber alcanzado una edad avanzada, porque conocéis de primera mano el Amor de Dios.

Porque Amor de Dios es todo amor que une a las personas, que hace brotar en ellas el desprendimiento, la generosidad, la comprensión y el perdón, y vosotros, los abuelos, los poseéis a raudales.

Bienaventurados abuelos y abuelas, porque sois los depositarios de nuestra historia, de nuestras tradiciones y costumbres, porque vuestros recuerdos son imprescindibles para conocer quién somos, de dónde procedemos y a dónde nos dirigimos.

Bienaventurados porque sois los más capacitados para ofrecer a vuestros nietos y nietas la paciencia, la ternura y el tiempo necesarios para que crezcan saciados de amor y de confianza en ellos mismos.

Decid, ¿qué sería de vuestros hijos e hijas sin el apoyo incansable e incondicional que estáis siempre dispuestos a entregar?

¿De qué forma especial estáis tocados por el amor de Dios que sois capaces, por los hijos e hijas, de sacar recursos de donde no los haya o de pedirlos, si hace falta; de encontrar fuerzas, cuando más débiles sois,  para trabajar sin descanso; de aportar, como nadie, serenidad ante las situaciones más delicadas?

Dios os ha revestido de sus dones de tal manera que en vuestras manos, la acogida y el perdón alcanzan su valor más puro. En vuestras manos se encuentra el consuelo más desinteresado y la espera más confiada.

¡Y qué poco pedís! Un gesto, un beso o una palabra amable son para vosotros pago insuperable a todos vuestros desvelos.

Sois, sí, queridos abuelos, la mirada y las manos de Dios. Y no os sintáis nunca solos porque Él os cubre con su espíritu, os alienta a ser así porque sois  necesarios. No lo dudéis.

Hoy, en la festividad de Santa Ana y San Joaquín, abuelos de excepción, queremos deciros de nuevo que la Iglesia está con vosotros, que os necesita, que os respeta, que os quiere porque en vosotros vemos en lo que realmente os habéis convertido al alcanzar la edad avanzada: en la Mirada y en las Manos de Dios.

Mª José Varea
Voluntaria

 

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