El ángel de la guarda de Adama

El ángel de la guarda de Adama


Todos sabemos que tenemos ahí, pendiente de nosotros, al ángel de la guarda. Solo hay que estar muy atentos para poder beneficiarnos de su ayuda. Lo que muchos no sabíamos es que este ángel, atento y solícito, puede adoptar diferentes formas humanas para conseguir un buen fin.

Esto es lo que hizo el ángel de la guarda de Adama y ahora lo veréis.

Adama desde pequeño tenía un sueño: quería ser futbolista. Le gustaba el deporte y su padre, que le había visto jugar, también estaba convencido de las cualidades de su hijo. Haré unas llamadas, Adama, y conseguiremos, para empezar,  que juegues en un buen equipo en Europa. ¡Ya verás cuando te vean darle a la pelota!

 

Adama, ¿cómo viniste a España?

Soy de Mali y llevo ya cuatro años viviendo en València. Vine para hacer una prueba de futuro. Desde pequeño me gustaba el fútbol y mi padre contactó con un representante, arreglamos todos los papeles y me fui a Madrid. Al final fue un engaño. El representante estaba esperándome en el aeropuerto. Me dice que le deje los papeles y que va a buscar una tarjeta para que pueda llamar a mi papá mientras esté con él, y ya no volvió. Al día siguiente teníamos que empezar los entrenamientos.

Tenías dieciséis años.

Sí. Estuve esperándole varias horas. No llevaba dinero ni móvil. No hablaba nada de castellano y estaba muy preocupado. Un señor se me acercó y me preguntó si me podía ayudar. Intenté explicarle la situación. Solo hablaba francés pero como se parece un poco al español me pudo entender. Me ayudó a coger el autobús a València. Sabía que aquí estaban muchos paisanos míos y que había muchos equipos en los que puedes hacer las pruebas.

¿Y qué haces en València, sin dinero y sin conocer a nadie? ¿A dónde vas?

La vida es así. Salí de la estación de autobuses y vi a algunos chavales que estaban aparcando coches. Me acerco, me doy cuenta de que hablan mi mismo idioma y les intento explicar mi situación. Ellos me acogen, me llevan a su casa y vivo allí durante un tiempo. De allí paso a un Centro de Menores. La norma esa pasar casi un año en el centro para conseguir los papeles. Pero me tengo que ir antes porque cumplo los dieciocho años.

¿Y qué pasó con el fútbol?

Al día siguiente de llegar a València, como tenía muchas ganas de jugar, voy a correr al río y vi a unos chicos que estaban jugando en Serranos. Era un partido amistoso de pretemporada. Me senté a verlos jugar y un señor que se llama Agustín y que era el padre del portero del equipo de Serranos, de los juveniles B, me preguntó si sabía jugar. Le dije que sí y me dice que si quiero jugar me presenta al entrenador. Cuando termina el partido me presenta al entrenador, que se llamaba Nacho  y al día siguiente ya estaba entrenando con ellos. Le encantó mi estilo de jugar.

¿Qué dijo tu padre cuando se enteró de que os habían engañado?

Estuve casi seis meses sin poder hablar con mi familia porque perdí el contacto. Cuando hablé con él le expliqué la situación y le dije que estaba bien y que estaba haciendo las actividades por las que salí del país que es jugar y estudiar. Se enfadó muchísimo con el representante pero me dijo que si tenía buena salud es lo mejor que hay.

¿Cómo consigues salir adelante?

En el equipo no puedo jugar por no tener los papeles. Solo entrenar. El entrenador me dice que con el pasaporte sí que podría jugar. Pido a mi país un duplicado y cuando llega tampoco así pudo hacer mi ficha. Vivía en el Centro de Menores, en Monteolivete, y mi primer objetivo era estudiar el castellano para poder comunicarme con la gente. También estudiar algo con lo que tener un futuro.

¿Y qué haces ahora?

Cuando salí del centro, porque había cumplido los dieciocho años, pasé a la Asociación Familias Alternativas. Hablé con el director y me enviaron a Cáritas, eso era en el 2016,  para que me ayudaran con los papeles. Allí consiguieron  mi permiso de residencia y después el de trabajo. También busqué una escuela de adultos para hacer la ESO y después tenía que elegir hacer el bachillerato o una formación profesional. Elegí Cheste porque me gustaba la cocina y a final de curso para hacer las prácticas me cogió una empresa, La más bonita, que después me contrató. Al tener el contrato he podido tener mis papeles. Y ahí estoy trabajando. Muy contento. He aprendido muchísimas cosas de cocina porque una cosa es la teoría y otra la práctica. En Cheste suspendí porque era todo nuevo para mí. El idioma, los materiales, todo. Con la ayuda del hogar en el que estoy viviendo he conseguido una beca para una escuela privada en Alboraya.

¿Y cómo llevamos el futbol?

El futbol, al final lo dejé. Era difícil hacerlo todo. No tenía bastante tiempo.

¿Piensas volver a Mali?

Sí, sí. Pienso volver. Allí tengo mi familia. Aunque no sea vivir allí totalmente, sí ir a verles de vez en cuando. Es que los echo mucho de menos. Hace años que no les veo.

¿Te has sentido solo en todo este tiempo?

Solo, no. En ningún momento. La verdad es que he conocido a gente muy buena. No he tenido ningún problema desde que llegué aquí.

 

¿Verdad que lo habéis visto claro? El ángel de la guarda de Adama salió a su encuentro en un aeropuerto, le esperó, aparcando coches, a las puertas de la estación de autobuses… Adama llegó, adolescente, a España con un sueño y hoy, unos años después, ha encontrado en València una vocación  y un trabajo que le permite desarrollarla y crecer. No lo ha tenido fácil pero ha sabido ver claro lo que debía hacer, lo que quería hacer. No ha tenido cerca a su familia, pero ese ángel benefactor, en forma de buena gente, ha sido, tan lejos de su hogar, su mejor familia.

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 1 comentario

Añade el tuyo

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.