El corazón lleno de nombres

El corazón lleno de nombres


«Al final del camino me dirán: ¿Has vivido?¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré mi corazón lleno de nombres» Pedro Casaldáliga.

Hace unos meses finalizaron el curso de voluntariado de Cáritas y a partir de ahí han tenido su primera experiencia haciéndose prójimos de los heridos.

El pasado 15 de mayo se reunieron para valorar esos meses transcurridos, incorporados ya donde su inquietud por participar en lo que Cáritas proyecta les ha conducido: estar del lado y al lado de la pobreza.

Veintitantas personas, de ambos sexos, de todas las edades, que han compartido vivencias y alegría por dedicar tiempo, compañía, ternura, experiencia y tantas otras cosas que llevan dentro a aliviar a las personas más desvalidas de nuestra sociedad. Han compartido, también, una sencilla merienda que les ha permitido reflexionar sobre los sabores que ha dejado en ellos acompañar y atender a las personas; sabores que les han enriquecido, sorprendido, e incluso, descolocado; sabores que les han hecho crecer en la motivación para estar en Cáritas y sabores que les ha dejado el trabajar con las personas de sus equipos de Cáritas. Sabores, sabores incomparables.

Algunos iniciaron el curso llegados de sus Cáritas parroquiales y otros directamente de la calle con el deseo de incorporarse donde pudieran ser útiles. Cáritas parroquiales y sus proyectos, programas de Cáritas Diocesana y Fundaciones son los destinos a los que han podido acceder.

Amparo Parrado, responsable de Voluntariado y Pepe Real, de Formación, recibieron a estos nuevos voluntarios y voluntarias y les invitaron a iniciar el encuentro en un clima de recogimiento y oración:

«Gracias por acercarte a mí, por extenderme tu mano, por querer curar mi daño y apoyarme en cada paso, por hacerme, al fin, vivir… Gracias por enseñarme que la vida es servir… Gracias te doy por quererme feliz».

Llega el momento de intercambiar impresiones y experiencias y llena el corazón de alegría ver su ilusión, su entusiasmo por, como dice la oración, extender la mano, curar el daño, apoyar, servir.

«Entro con la sonrisa puesta y no me la quito mientras estoy allí. Los ancianos me dan las gracias y soy yo la que las da, cada día que voy…  Después de estar con los ancianos, sales con ganas de comértelo todo… Trabajaba en la residencia y ahora, jubilada, voy como voluntaria… ¿Ayudo? Me siento ayudada… Un sentido especial, agradecimiento y concienciación. Sigo la labor que hacía mi marido fallecido… Veo lo grande que es Cáritas… Alucinando. Llego con las pilas puestas y me voy con más… La gente alucina con lo que es Cáritas… Dar cenas a personas impedidas y hacerlo con naturalidad. Evito tener una vida vacía… Gente muy necesitada. Te quedas con el alma llena… Sorprendiéndome de la energía del voluntariado… Es duro. Rompe muchos prejuicios propios… Veo el rostro de Jesús en el de cada uno de los africanos y albanos a los que doy clase de castellano… Veo la calidad del servicio que se presta… En Proyecto Hombre, ceno y paso la noche… Una estructura tremendamente profesional y con tanta humildad (Proyecto Hombre)…».

Se podría estar horas escuchándoles sin cansancio. Es lo que cuentan y cómo lo cuentan. Es una nueva hornada de voluntarios y voluntarias que forman ya parte de esta gran Casa dedicada a «iluminar dudas, a tocar sin repulsa, a levanta del lodo, a dignificar, a enseñar que la vida es servir».

Pepe Real, envuelto en la emoción de estos hombres y mujeres, exclama: «¡Madre mía, sois un tesoro. Uno viene a cambiar las cosas y los primeros cambiados somos nosotros!».

Un cuaderno de bitácora del voluntariado para que empiecen a anotar todo lo que vivan en esta nueva andadura y un grano de mostaza para que no olviden que una pequeña semilla fructifica y se convierte en un gran árbol despiden este encuentro «con la energía especial del amor comprometido».

Mª José Varea
Voluntaria

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