El evangelio del día

El evangelio del día


Las lecturas y el Evangelio del domingo daban mucho para, en la homilía, hablar de ciertos comportamientos negativos de las personas, del daño que hacen los celos, la envidia o la maledicencia, de la exclusión a la que sometemos a quienes no son de nuestro grupo o piensan de forma diferente.

Dubiel, el sacerdote, nos hizo reflexionar sobre lo pequeños que somos y lo que nos alejamos del Reino de Dios cuando no permitimos la entrada en nuestra vida a los que no nos gustan porque son de otros lugares, o no se comportan como creemos que lo deben hacer, o incluso, nos parece que han tenido más suerte que nosotros en la vida y eso, tampoco nos gusta.

Puso un ejemplo muy elocuente de cómo se juzga por las apariencias, que las de Cáritas hemos vivido con frecuencia y que hizo que, las que estábamos asistiendo a la Eucaristía, nos buscáramos con la mirada haciendo un gesto de comprensión.

Decía Dubiel que un voluntario de Cáritas le contaba a uno de los coordinadores que no entendía la actitud de un participante de su grupo que acudía regularmente a solicitar ayudas y que se pasaba el día en el bar bebiendo cerveza. A nuestro compañero le producía malestar ver una actitud tan injusta y el mal ejemplo que estaba dando a quienes le ayudaban desinteresadamente.

Poco tiempo después, el coordinador fue a visitar a este grupo y le pidió al voluntario que le acompañara al bar que frecuentaba el participante del que le habló.

Se presentó al dueño del bar y, con toda sinceridad, le pidió que le hablara, si es que le conocía, de aquella persona que se pasaba el día entre cerveza y cerveza.

– No, no es así. Él no se gasta ni un céntimo aquí. Le conozco de toda la vida y está pasando por una situación muy delicada. Casi le obligo a que venga a diario para que no esté solo dándole vueltas a la cabeza. Le pongo una cerveza y unos cacaos y así pasa la mañana o la tarde. Hace años que se quedó sin trabajo y el paro continuado, sin ingresos, deterioró la relación con su familia y ahora vive solo. Está hecho polvo.

Al salir de la iglesia, nos juntamos las compañeras de Cáritas y hablamos de las veces que la gente juzga a las personas imaginando unas circunstancias y unos motivos que pocas veces se ajustan a la realidad.

Las lecturas y el Evangelio del día pusieron de manifiesto, una vez más, que Jesús jamás dio de lado a nadie, sobre todo a los más vulnerables, a los que más necesitaban del apoyo de la comunidad.

Mª José Varea
Voluntaria

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