El sacramento de la cafetera

El sacramento de la cafetera


Leonardo Boff, al hablar de los Sacramentos de la vida, dice que:

«La persona es alguien capaz de leer el mensaje que el mundo lleva en sí, en la multiplicidad de lenguajes, puede leer e interpretar. En lo efímero puede leer lo permanente; en lo temporal, lo eterno; en el mundo, a Dios. Y entonces, lo efímero se transfigura en señal de la presencia de lo permanente, lo temporal, en símbolo de la realidad de lo eterno; el mundo en el gran sacramento de Dios. Cuando las cosas comienzan a hablar y la persona humana a escuchar sus voces, entonces emerge el edificio sacramental. Todo lo real es una señal. ¿Señal de qué? De otra realidad, realidad fundante de todas las cosas, de Dios.

El sacramento queda esencialmente vertebrado en términos de encuentro. En la raíz del sacramento está siempre una historia que comienza: «Había una vez un vaso… un pedazo de pan… una colilla… una cafetera… un hombre-Dios llamado Jesús… una cena que Él celebró… un gesto de perdón que realizó». Por eso, el lenguaje de la religión y del sacramento casi nunca es descriptivo; es principalmente evocativo».

La cafetera de Baba.

La cafetera de Baba.

La cafetera donde hemos hecho café hace un rato, no es el último modelo para las Nespresso, si siquiera admite capsulas, no es de de las antiguas italianas, es de las normales. Por fuera, es una cafetera como tantas otras, tal vez más antigua y probablemente ya no la compraríamos. Sus componentes físicos son el plástico, el cristal, la tela del filtro…

Pero, esta cafetera ha entrado en la historia de Cáritas. Ha dejado de ser un objeto y ahora es sujeto de una historia que podemos contar: nos la regaló el otro día Baba: llegó a recepción, preguntó y después de saludar e interesarse por cómo nos iba nos dio una bolsa grande con una caja. “Es una cafetera. Quería comprar algo, la he visto, el señor (dependiente) me ha dicho que está bien y no es muy cara”.

De nada valen las expresiones: “Pero por qué te has gastado el dinero, no tienes que regalarnos nada…”. Callamos pronto, comprendimos que Baba había ido más allá del regalo. Quería agradecer nuestra acogida y cercanía, las palabras no eran suficientes y parecía necesitar algún objeto que expresara que ahora sí , que ahora ya podía comprar, que su historia había cambiado; que se levantaba sin miedo y que podía ir a trabajar, que tenía contrato, aunque fuera por la ETT, y cotizaba, y podía pagar la habitación, y su familia en Senegal recibía dinero, y el sufrimiento era menor… Y esta cafetera nos cuenta la historia de Baba y de tantos Baba que se desplazan huyendo de la miseria o la guerra. Los Baba que han tenido el valor para dejarlo todo: patria, familia y seguridad, en busca de un futuro mejor para sus familias, personas emprendedoras, jóvenes cuyos talentos podríamos aprovechar en la construcción de una sociedad donde lo primero fuera el bien común.

Y Baba, después de tantos impedimentos, tanto esfuerzo, tanta superación, tanto sacrificio, con su semblante siempre agradable, siempre sonriente, siempre sereno, nos devuelve la acogida recibida, y con la cafetera nos convoca al encuentro y en torno a una taza de café nos convoca a seguir acogiendo, a seguir pensando y diseñando itinerarios de cómo acompañar cada vez más y mejor, a compartir experiencias y herramientas, a la hospitalidad y al encuentro, a la relación igualitaria y el agradecimiento mutuo.

 Como dice Boff:

«Estas cosas dejaron de ser cosas. Se convirtieron en gente. Hablan. Podemos oír su voz y su mensaje. Poseen un interior y un corazón. Se han convertido en sacramentos».

Equipo de Empleo
Cáritas Diocesana de Valencia

Hay 1 comentario

Añade el tuyo

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.