El tesoro de Hiedra

El tesoro de Hiedra


Tarde de martes en Hiedra. Niños y niñas por todas partes, alegres y juguetones. Saludos entre madres y monitores a la espera de que empiece el repaso con estos pequeños.

Son el gran tesoro de Hiedra. Por ellos se trabaja no solo con ellos y ellas, también con sus madres y algunos padres, para que su convivencia y aprendizaje aquí les ayude a encontrar los medios y mecanismos para evitar o salir de la exclusión social.

Son tantas las problemáticas de las familias, tan compleja su incidencia sobre los hijos e hijas, que al verlos aquí, en la parroquia María Medianera, traviesos y despreocupados, se comprende la dedicación de monitoras y voluntarias al proyecto de ser soporte en sus vidas y que encuentren las fortalezas suficientes para que su desarrollo personal les permita encontrar su lugar en la sociedad.

Unos cuantos niños, divertidos por la propuesta, están dispuestos a decirnos quiénes son, cuáles son sus aficiones, lo que más les gusta o lo que no les gusta nada.

“Pertenece a una familia grande, donde los niños intentan sobrevivir como pueden a la desestructuración que tienen. La madre no los puede atender a todos, el padre es el que trabaja, el que da las instrucciones en casa y poco más. Las dos hermanas mayores mantienen el papel de liderazgo con los más pequeños y la disputa de poder entre ellas está marcando muy negativamente su carácter”.

– Cuando sea mayor quiero ser arquitecto.

– Pero, Maycol, algo tendremos que hacer porque me has dicho que no te gusta nada estudiar.

– Estudiar no quiero. Pero algo habrá que hacer. Las matemáticas no me gustan, ni tecnología, ni historia, ni biología… Me gusta la Educación física. Tendré que estudiar más.

Maycol tiene doce años y es de Argentina. Muy alegre, hablador y gran amigo de sus amigos, tiene clara su vocación de arquitecto y reconoce que tendrá que empezar desde ya a dedicarse a esas asignaturas que tan poco le atraen.

– Yo me llamo Josua. Lo que más me gusta es jugar al futbol con mis amigos. Los estudios van bien porque aquí me ayudan muchísimo. Y después nos tenemos que divertir. Todos mis amigos vienen aquí pero algunos van a otro colegio.

Josua ha aprendido muy bien a relacionarse con sus compañeros. Le gusta que le ayuden con los deberes porque así aprovecha más el tiempo y después… a divertirse.

“Una familia que funciona de maravilla. Su único problema es económico. Padres dedicados al cuidado de sus hijas, dos niñas que van bien en los estudios. El apoyo económico y la orientación laboral es la contribución del proyecto a consolidar su estabilidad. Vemos que en breve podrán caminar solos. Han cumplido todos los objetivos establecidos”.

– Mmmm. Pues soy un niño que juega al futbol. Me llamo Óscar. Los estudios los llevo bien, al menos algunas veces. Aquí vengo a hacer los deberes… y juego al futbol. Solo a eso.

Así de contundente es Óscar. Lo más importante para él, el futbol y los amigos.

“Pareja con problemas muy serios. La madre encuentra aquí un grupo de apoyo que le da soporte, que la empodera para que pueda tomar las riendas de su situación y la de sus hijos, emprendiendo una nueva vida, pero el marido no acaba de dejarla. Ahora se ha vuelto a quedar embarazada”.

– Me llamo Abi. Soy una niña. Me gusta hacer de todo. Cantar y  bailar. Aquí hago los deberes y también juegos y talleres. Pintamos, hacemos manualidades, cocina… Me gusta mucho venir aquí.

Abi es pura alegría. Su risa lo llena todo. Tiene madera de líder y es difícil resistirse a seguirla en todo lo que se propone porque le pone el alma.

“Familia que decidió volver a su país de origen, Ecuador. Se les había atendido anteriormente, cuando la niña era pequeña. Regresan a España y se acuerdan de nosotros.  Quieren volver a formar parte de esta familia, como ellos dicen”.

– ¡Jopé! Abi me lo ha quitado. Es que a mí también me gusta cantar y bailar. Me gusta toda la música menos el flamenco. Me llamo Sofía y soy de aquí. Saco buenas notas.

Sofía es la pequeña de dos hermanas. Es responsable y estudiosa. Es dulce y la madurez la lleva escrita en el rostro risueño.

– Yo soy Paola. Vengo de Ecuador y tengo dieciséis años. Me gustan mucho los niños y me gusta lo que hacemos aquí de jugar con ellos. Hago cuarto de la ESO. No quiero hacer el bachiller. Voy a seguir una formación, un grado medio de atención a personas con dependencia o auxiliar de enfermería.

Y Paola, con las cosas muy claras. Adolescente con la cosillas propias de la edad pero sabiendo muy bien lo que quiere en el futuro.

“Familia con recursos económicos muy bajos. El único que trabaja es el padre. La madre es la tercera vez que se queda embarazada. Es muy joven y el mayor problema es la educación que desde muy pequeños empiezan a absorber los niños. Ven que el papel de la mujer es muy poco relevante. Todo está a cargo del hombre y eso lo trasladan a sus relaciones con las compañeras en el colegio. El respeto, la autoridad, si eres hombre o mujer. Muy poca tolerancia a la frustración… Lo curioso es que este patrón de discriminación lo acentúa y lo traslada la madre, que está convencida de que ese es su papel”.

Otra actividad en la que todos están de acuerdo que les gusta es la de los campamentos y colonias porque van todos los amigos. Y a la pregunta de qué es lo que no les gusta de aquí, de Hiedra, se han esforzado y no han sido capaces de encontrar nada. Abi resalta los talleres de cocina, que le encantan. Quedamos emplazados con Maycol para dentro de unos años y le proponemos, que una vez sea arquitecto, realice el proyecto de una iglesia nueva. Él dice que si se puede, sí lo hará.

Mª José Varea
Voluntaria

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