El valor de una vida anónima

El valor de una vida anónima


Este verano, en Valencia, falleció Ascensión, la hermana Ascensión. No era un personaje público en la ciudad, pero sí contaba con el cariño y la gratitud del barrio de La Plata, uno de los más deprimidos de la ciudad, en el que había asentado su hogar y al que destinaba su vida. Así, su obituario no salió en los periódicos, pero sus “hermanos pequeños” llenaron el templo de Santa Marta, la parroquia en la que cada semana, durante años y años, les acompañó, les protegió, les escuchó, les aconsejó y ayudó en los momentos malos, y en los peores, porque para estos cientos de personas los buenos tiempos no se dan.

Tuve la gran suerte de trabajar con ella y de ella aprender que la caridad va de la mano de la humildad, que la entrega requiere fuerza y decisión, que la inteligencia es tan importante como el corazón para cuidar a los demás, que el objetivo de ayudar debe priorizar la dignidad de cada una de las personas. En su trabajo la efectividad no era un mérito, sino la atención y el cariño dedicado.

Me parecía ingenua cuando esperaba que los medios insuficientes se multiplicaran y testaruda para abordar cuestiones que nos superaban, pero, paso a paso, hacía frente a cada problema. Sus recursos: la paciencia, el amor, la entrega, la esperanza movían montañas, no todas lamentablemente, pero algunas que parecían inalcanzables se hacían accesibles.

Su gente la ha querido, reconocido y acompañado, lo que sin duda ha cubierto con creces su  anhelo; desde su proyecto ninguna otra valoración hacia su persona o su trabajo puede tener interés. Sin embargo, yo creo que estas personas silentes deben salir a la luz, no tanto por ellas sino por nosotros. Dar a conocer que en nuestro presente hay realidades discretas que no responden a la codicia, los intereses personales o las luchas de poder; que utilizan medios para lograr sus objetivos ajenos a la ambición o la competitividad; que los propios fines no se limitan a rendimientos económicos, poder o reconocimiento social. Que hay biografías llenas de sentido de vida y felicidad que no se publicarán nunca, ni lo necesitan; pero que son una dicha para el que tiene la suerte de poder conocerlas porque mejoran la vida del otro, porque te ayudan a situarte, desde tu propia realidad, desde tu misma ciudad, tu perspectiva vital se abre…

Mujer, trabajadora infatigable (veinte años más allá de la edad de jubilación), valenciana de adopción… desde cada carácter que la definen, para mí, un orgullo.

Dolores Silvestre
Voluntaria

Hay 2 comentarios

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  1. Julia Sanjuan

    En Santa Marta, se ayuda,se disfruta,se crean lazos de interés por las personas, cariño, dedicación. Se aporta lo que cada uno tiene con sencillez y entusiasmo.
    ¿Quieres salir de ti y llenar un poco más tu vida?
    COLABORA CON SANTA MARTA. Te sentirás mejor.

  2. Marian Roig

    Gracias Loles por hacer que alguien tan grande, como la labor q haceis en Santa Marta, salga del anonimato y la conozcamos…y gracias también por vuestro trabajo incondicinal con quien tanto lo necesita. Sois un ejemplo a seguir.
    Marian Roig. Psicóloga y espero q dentro de poco voluntaria

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