En los márgenes

En los márgenes


Por diferentes caminos han llegado los dos a los márgenes de la vida. Comparten historias pesadas y nostalgia de tiempos mejores. Vicente, de alrededor de cincuenta años, busca trabajo como conductor de camión que es lo que ha hecho siempre o de cualquier otra cosa que le permita llegar a la jubilación, sin conseguir nada. Por la edad, dice él. Y debe ser verdad.

El Portu es otra cosa. Venido desde muy lejos, solo y con debilidades que le mantienen en ese lugar oscuro y frío ha conseguido, a sus cerca de sesenta años, hacer buenos amigos en el bar que frecuenta. Vive en una caseta en medio de la huerta pero pasa su tiempo en el pueblo entre cervezas y chapuzas.

Es educado, atento y amable como un caballero antiguo. Sonríe con dulzura y se ofrece a hacer cualquier tipo de apaño. En cuanto la gente le fue buscando para hacer arreglos en las casas y conseguía lo suficiente para pasar, dejó de venir a Cáritas. Le cuesta cobrar por su trabajo, como cuando le hizo un arreglo a Feli. Acordaron el precio y solo quedaba retirar los escombros. Al ir a pagarle esta última tarea, el Portu le dice:

– ¿Cómo voy a cobrar por llevarme los escombros si los he hecho yo?

Es agradecido y tierno como cuando la vio a ella y a la compañera Tina tomando un café en el Paquito. Al ir a pagar, la camarera les dice que El Portu ha pagado todo lo que hayan tomado las “señoritas”. Se vuelven hacia él para darle las gracias y la sonrisa que les ofrece valió todo un imperio. Se acerca a ellas y les dice:

– Para que vean que no me olvido de ustedes.

Pues El Portu, a muy buen precio, hace todo tipo de trabajos domésticos y de jardinería. A veces llama a Vicente para que le ayude y así le da a ganar algún dinero. Le van bien y puede comprar, si sus debilidades se lo permiten, pollo, panceta, embutido, pan y patatas. Y guisa. Pero no para él sólo. Vicente es invitado todos los días a su mesa. Lo poco que tiene lo comparte con este amigo que está peor que él y de quien se compadece.

En los márgenes de la vida donde se encuentra tanta generosidad y comprensión es el lugar que eligió Dios para nacer como hombre.

Mª José Varea
Voluntaria

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