«Es un privilegio tener contacto directo con la gente y ayudarla»

«Es un privilegio tener contacto directo con la gente y ayudarla»


Las personas que son atendidas en Cáritas y que necesitan asesoramiento legal no acudirían nunca a un despacho de abogados en el centro de València. Sencillamente, no se lo pueden permitir. Es una distancia insalvable para quienes no tienen ni lo imprescindible para vivir. Sin embargo, como los milagros existen, los buenos letrados pueden salvar sin dificultad esa distancia con un excelente vehículo, el del voluntariado. Pueden poner sus conocimientos y estructura de profesión al servicio de las personas más necesitadas de la sociedad.

Salvador y José María Salcedo Benavente conforman la tercera generación de una familia dedicada a la abogacía con bufete en ese centro privilegiado de la ciudad y cada semana uno de ellos se traslada a la sede de Cáritas Diocesana para atender, gratuitamente, a las personas que acuden al abrigo de la entidad.

¿Qué os mueve a ofrecer parte de vuestro tiempo a la gente de Cáritas?

José María: Desde muy joven he intentado hacer voluntariado y, ahora, ir a Cáritas es una forma de reconducir esa idea de ayudar a los demás a través de mi trabajo.

Salvador: Yo también fui voluntario. Surge el problema cuando te pones a trabajar. Es muy difícil compatibilizar. Es un privilegio tener contacto directo con la gente y ayudarla.

Un mundo como el vuestro que, visto desde fuera, parece frío e impersonal porque se trata de que el cliente siempre gane, ¿puede ser también una motivación, para hacer un poco de justicia, el ayudar a personas con muchas necesidades?

J.M.: No es el mundo profesional en el que vivimos el que te obligue a “compensar”, ayudando a los demás. Es una forma de vida, algo a lo que te acostumbras desde muy joven. Llega un momento en el que por falta de tiempo y por experiencia, la vía más fácil que encuentras es, de lo que haces todos los días, dedicar una parte a que sea en forma de voluntariado.

S.: La razón de ser de la abogacía es el servicio y el intentar solucionar problemas. Sería un mal abogado el que pretende tener siempre la razón para su cliente. A veces hay que llegar a acuerdos, ceder y al final lo que tiene la abogacía es una vocación de servicio y hacia el bien común y eso aplicado a los más necesitados, que es lo que hace Cáritas, no deja de ser un privilegio. Y una responsabilidad.

¿El tipo de “cliente” que atendéis en Cáritas es diferente al del despacho?

J.M.: Yo llevo derecho tributario, recurriendo liquidaciones y sanciones contra Hacienda. Algo de esto llega a Cáritas por parte de personas que en su día no hicieron la declaración de la renta creyendo que no estaban obligados, por ejemplo, pero la mayoría de temas son de asunto civil. Esto supone un pequeño reto porque es enfrentarse a temas con los que no estás acostumbrado en tu día a día.

S.: Yo me encuentro al otro lado de la mesa. En el despacho, si hablamos a nivel de arrendamientos, veo problemas desde el prisma del propietario y, sin embargo, en Cáritas me siento en el lugar del inquilino. Me he encontrado con casos en los que la arrendataria no podía pagar. Me pongo en contacto con la propietaria y era una pequeña ahorradora. El alquiler le era necesario para su subsistencia. Hay que aplicar un criterio de justicia. No está reñido el derecho a cobrar esa renta con ver cuál es el problema que tiene la persona que no puede pagar, si es algo coyuntural o es una situación que se va a prolongar. Hay que ver las necesidades que tiene el inquilino pero hay que ser conscientes de que no se puede generar un perjuicio a la propiedad. Intentamos buscar alternativas. Te encuentras también con propietarios que son muy generosos, no están dispuestos a dar el alquiler gratis pero son condescendientes a la hora de dar margen, de estar abiertos a buscar soluciones. En los últimos meses estamos comprobando que a un inquilino que no puede pagar le es más difícil buscar opciones porque hay una subida creciente del mercado del alquiler y se piden unas garantías que no se pueden asumir. En mi opinión, esto no lo tiene que solucionar un propietario particular. Es una cuestión de la Administración con viviendas sociales, etc.

¿Trabajáis los asuntos, cada uno de vosotros por separado?

J.M.: Cada uno va un martes a atender. Después solemos realizar una puesta en común y la toma de decisiones la hacemos entre los dos. La especialidad de cada uno influye pero la experiencia personal de los dos siempre está presente en las decisiones.

Con el drama de los desahucios, ¿la vivienda es el problema más grave de los participantes de Cáritas?

J.M.: En estos momentos, sí. Hace años, era el impago de hipotecas. Ahora el principal problema es el de gente que no puede pagar el alquiler. Cuando aconsejamos dejar la vivienda sin generar una deuda al propietario, es muy difícil encontrar otra vivienda de las mismas características por el mismo precio.

S.: Sorprendentemente ahora llegan a Cáritas personas que sí están pagando el alquiler pero que les vence el contrato y el propietario no quiere renovar porque presume que puede conseguir un precio mucho más elevado. Hay gente que está pagando religiosamente su renta y no le renuevan. En la mayoría de los casos son familias con hijos escolarizados en la zona y dejar la vivienda les supone un trastorno muy grave.

¿Qué otras causas influyen en derecho a la vivienda?

J.M.: En las familias, la situación laboral de los padres repercute muy gravemente a la hora de encontrar una vivienda en alquiler. Nadie quiere tener como inquilino a una persona que no tiene trabajo o si este es muy precario.

S.: Cuando se produjo la reforma de la ley de alquileres, con los contratos a tres años, se obligó muchas veces a las familias a ser nómadas. Si una familia, con hijos, se tiene que cambiar de domicilio cada tres años, con las implicaciones a nivel laborar y de escolarización, es un trastorno importante. Por el contrario, si ahora el propietario se ve obligado a firmar por un plazo  de cinco años, que genera más estabilidad al inquilino, sube las exigencias, con lo que se produce un efecto perverso.

J.M.: En la medida en la que un propietario sepa que la legislación le ampara ante un impago y que puede recuperar la propiedad del inmueble, las condiciones se flexibilizan.

En Cáritas trabajamos por un mundo más justo para todos. ¿Creéis vosotros que el mundo va por buen camino para conseguirlo?

S.: Hay que ser optimistas. Demonizar al capitalismo es muy fácil pero hay que tener en cuenta que aporta un nivel de bienestar generalizado. La vertiente negativa es querer tener cada vez más y que se incrementa el individualismo pero hay mucha gente generosa, sensible con los problemas de los demás. No son ni uno ni dos los propietarios con los que me he encontrado que están aguantando situaciones de impago prolongadas o que están dispuestos a llegar a soluciones, a dar alternativas. Desde Cáritas tenemos la suerte de ver que hay mucha gente anónima que ayuda a los demás. La responsabilidad es, en muchos casos, de los poderes públicos. En nuestro sistema se pagan impuestos para garantizar una serie de derechos y habrá que invertir en vivienda social y llegar a acuerdos con propietarios. Que no  pierda nadie sino que se compense por parte de las Administraciones. Hay países en nuestro entorno que ya llevan tiempo preocupándose por este asunto.

Otro tema preocupante en Europa que nos importa mucho en Cáritas y al que dedicamos un buen esfuerzo es el que afecta a las personas migrantes.

J.M.: En mi opinión, más que rechazo a la inmigración es un choque cultural lo que se produce. Se convive más pacíficamente con la inmigración de Centro y Sudamérica que a lo mejor con la de países árabes. Son víctimas de situaciones de guerra o que no pueden subsistir en sus países. Son auténticos luchadores, personas que aterrizan en un país del que no conoce ni el idioma. A veces me pongo en su papel y me digo que si yo ahora cayera en un país extranjero, tuviera que aprender a entenderme por allí, a buscarme sitios donde me puedan ayudar… Es gente que individualmente tiene mucho mérito, intentando salir adelante con todo en contra. Se encuentran en una situación de debilidad, sin residencia, sin papeles, sin poder ser contratados y quien les contrata sin papeles muchas veces abusa de su situación. La solución es política y creo que pasa, en primer lugar, por ayudar a sus países de origen a que se recuperen, a eliminar las mafias… Es difícil dar una receta. En Cáritas nos toca paliar en la medida de lo posible las dificultades con las que se encuentran y hacerles el camino más fácil.

S.: Ayudar a estas personas pasa por resolver problemas con la vivienda, con la Administración o familiares. Cuando tratas con ellos te das cuenta de la gran situación de precariedad en la que viven y que en la mayoría de los casos no se quejan. Viven en la marginalidad y son situaciones que asumen como un mal menor, porque aquí aun malviviendo viven mejor que en sus países. Pero eso no deja de ser un abuso. Al no tener papeles están abocados a trabajos en el campo, al cuidado de personas mayores o del hogar, en situación irregular, subsistiendo y tan vulnerables que ante cualquier cambio son los primeros que van a la calle sin ninguna indemnización. Cáritas tiene un departamento de extranjería que se encarga de realizar la tramitación para que su situación en España sea regular, aunque este es un proceso largo y con muchas dificultades.

Mª José Varea
Voluntaria

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