Familias separadas por la migración forzada

Familias separadas por la migración forzada


Esta entrada forma parte de la serie que iniciamos sobre la campaña Compartiendo el viaje de Cáritas Internationalis.

Casi 2000 niños y niñas han sido separados de sus padres arrestados por entrar de manera ilegal en Estados Unidos. Padres que huyen de condiciones de peligro, hambre y pobreza en sus países de origen. Todos hemos visto y escuchado llorar desgarradamente a esos niños. Ante estos actos inhumanos, que dejan graves secuelas tanto en los menores de edad como en los adultos, el episcopado de México y de Estados Unidos, así como el papa Francisco, han denunciado su inmoralidad.

En el actual movimiento migratorio existen muchos niños migrantes solos o acompañados por personas que no son sus padres o tutores oficiales. Ello los hace vulnerables al crimen organizado y la trata y los expone a riesgos que sin el cuidado y resguardo de los padres no podrán afrontar.

A la premisa indiscutible y universalmente aceptada de que la infancia merece una especial protección, cabe añadir la soberanía de la familia pues como indica el episcopado mexicano en su comunicado del pasado 19 de junio, «las familias poseen una dignidad propia que no es fruto del estatus migratorio de sus integrantes sino de su propia naturaleza como célula esencial de la vida social». De igual modo, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, ante la separación de las familias en la frontera de su país ha señalado que las familias constituyen el elemento fundacional de la sociedad y tienen que permanecer juntas.

La separación de las familias, tanto en la frontera como en el país de origen genera dolor y sufrimiento. En esto insiste la historia de José narrada en la ficha “El sueño americano” del material didáctico de la campaña “Compartiendo el viaje” de Cáritas que transcribimos:

«José, hondureño con 14 años, estaba preocupado porque no podía ayudar a sus padres. Él es el mayor de 5 hermanos y su familia, que trabaja en el campo, no gana lo suficiente para salir adelante. A las grandes dificultades económicas se une la situación de violencia que hay en el país. A su corta edad, José había sido ya amenazado de muerte, como otros muchos jóvenes, por no querer formar parte de una mara. Así que decidió hacer la ruta hacia el sueño americano en busca de un futuro mejor. Otros lo habían hecho antes y algunos lo habían logrado.

Una mañana de abril, antes del amanecer, un grupo de personas y el coyote pasaron por su casa a buscarlo. Se despidió de sus padres, que lloraban desconsolados, y se unió al grupo de desconocidos en busca de un sueño incierto. Era la primera vez que la familia se separaba y no sabían cuándo se volverían a ver.

En el grupo con el que viajaba José, había muchachos más jóvenes que él. Unos eran de Nicaragua, otros de Guatemala o El Salvador. Niños y niñas pequeños viajaban completamente solos y estaban asustados. José los miraba y recordaba a sus hermanos. Nadie hacía ese viaje completamente libre, ni feliz. Viajaban obligados por las circunstancias, movidos por la desesperación y la necesidad de luchar contra la pobreza.

Cuando el grupo estaba atravesando Guatemala hacia la ruta del Golfo de México, el viaje se complicó porque esta zona es una de las más peligrosas. José y los demás ya estaban muy cansados y los grupos del crimen organizado, los cárteles de la droga y las redes de tráfico de personas acechan a estos viajeros vulnerables para lucrarse de su desesperación. Por desgracia, cuentan con la colaboración de las autoridades locales.

Fue en este punto cuando José y sus compañeros fueron amenazados y extorsionados para que volviesen a pagar, aunque ya hubiesen pagado el viaje completo antes de salir de casa. Los que no podían hacer frente al nuevo pago, quedaban abandonados a su suerte. A otros los forzaban a trabajar transportando drogas para poder continuar.

 José era uno de los que no podía pagar. Su familia se endeudó para pagar al coyote. No sabía cómo continuar, ni en quién confiar. Entonces se dirigió al Vicariato Apostólico de Petén. Allí le advirtieron de todos los peligros del camino y le ofrecieron la posibilidad de pagarle un pasaje de autobús de vuelta a casa. Pero José no salió de Honduras para regresar derrotado.

 Así que decidió continuar su viaje hacia México. Un día intentó subirse a “la bestia”, el famoso tren de carga donde han viajado, y perdido la vida, miles de migrantes centroamericanos. Es una de las formas más rápidas de llegar al norte de México y, de ahí, a la frontera con Estados Unidos. Lo intenta muchas veces, pero el sueño, el hambre y el frío pueden con el joven.

José consiguió hablar con su madre por teléfono. Quedaron en que volvería a llamar en cuanto llegase a Estados Unidos. Ya estaba muy cerca y allí todo sería diferente. Su madre estaba emocionada porque su hijo iba camino de convertirse en “ese hombre que soñó”. Fue la única y la última vez que supo de su hijo durante el viaje. José continuó su camino sin saber si avanzaba realmente hacia el Norte.

 Pasaron muchos meses desde aquella llamada y sus padres nada saben de José. Algunas personas que salieron del pueblo con él y que fueron deportadas dicen que vieron a José dormido junto a las vías del tren esperando al día siguiente para subirse a “la bestia” rumbo a Nogales o Mexicali. Otros dicen que lo vieron recuperarse, pues estaba herido, en la Casa del Migrante de San Carlos de Borromeo, ubicada en Salamanca, Guanajuato. Los padres de José, desde aquella mañana de abril, esperan a que aparezca por la vereda su hijo… o a que alguien les confirme la triste noticia que oprime sus corazones. Necesitan saber si José llegó al destino soñado o si descansa en algún lugar del camino que le iba a llevar a una vida mejor».

Como nos enseña continuamente el papa Francisco, la dignidad de la persona está por encima de las cuestiones económicas y políticas. Para frenar esta perversidad y no ser parte de ella, hemos de dar, como el papa, una respuesta cristiana y verdaderamente civilizada a la migración forzada.

Esta entrada se basa en la ficha de trabajo El sueño americano, del material de la Campaña Compartiendo el viaje de Cáritas Española.

Hay 1 comentario

Añade el tuyo