Hija de la Caridad

Hija de la Caridad


El mundo está salpicado de personas que viven entregadas a cuidar y ofrecer afecto y alegría a quienes necesitan de otros para poder vivir y sentir que están vivos. No son, ni ellas entienden por qué deberían serlo, noticia aunque su entrega merece ser ejemplo en esta sociedad en la que ni enfermos ni ancianos suelen caber en los hogares de la familia. Su quehacer no causa interés aunque reviste de tal humanidad al lado más desamparado de la vida que sin ellas, una de las etapas más difíciles del ser humano sería para muchos una triste antesala vacía de contenido para acabar sus días.

Hermana, sabemos que le cuesta mucho que hagamos esta entrevista, que no quiere dar importancia a su tarea de servicio tan entregado, pero muchos creemos que esto sí que es noticia, Buena Noticia, que es importante en un mundo que va de prisa, que genera estrés, individualismo e insatisfacción. Vamos a hablar como si estuviéramos las dos solamente con Dios en el mundo. ¿Esta tarea que realiza es toda su vida?

Es verdad que sí que tenemos una vida privada, pero desde que nos levantamos estamos entregadas al servicio del pobre porque, por los votos, nuestra misión es esa, servir al pobre. De una manera u otra mi vida es entregada a Él. Ahora que estoy trabajando en esta casa con ancianos asistidos, sí que puedo decir que me entrego en cuerpo y espíritu porque ellos están esperando a que les hagas un cariño, una acogida, que les des un besico. Nuestra vida es esta. Conforme voy siendo más mayor, soy más consciente de cómo el Señor te ayuda continuamente. Cuando eres joven te das al trabajo sin parar y cuando vas siendo mayor te vas dando cuenta de que sí, hay que trabajar, pero  ves la providencia del Señor en muchas cosas que van ocurriendo en cada momento de la vida. Yo te puedo decir que ahora es cuando más consciente soy de cómo el Señor actúa en mí. Ante situaciones complicadas en las que no sé por dónde ir, le digo al Señor: ¡ayúdame! Y luego, de la manera más sencilla, se han solucionado y digo: Señor, quieres que me dé cuenta de que tus caminos no son nuestros caminos, tus pensamientos no son nuestros pensamientos. Cuándo Él quiere una cosa, se vale de mil maneras, de mil formas, para que ocurra lo que Él quiere para bien de la persona que está más necesitada, que es el pobre, que es el que se arrima a nosotros.

La vida, en la vejez, se va convirtiendo en un periodo duro, de debilitamiento físico y mental, que nadie queremos que llegue. Usted que está viviendo, en otros, esta última etapa con total intensidad y a su vez va cumpliendo años, ¿cómo siente ese paso del tiempo?

Te tengo que decir que yo ahora, en estos momentos, con la experiencia que tengo por todo lo que me ha tocado vivir, es cuando mi entrega es más profunda desde el interior, mayor mi fe y se hace efectivo lo que decía San Vicente de Paúl: ver a Jesucristo en el pobre, aunque siempre lo hemos tenido como punto de partida en nuestro actuar, contando siempre con la debilidad humana. Soy enfermera y he trabajado en hospitales y residencias de mayores. La forma de trabajar era con entera profesionalidad y ahora lo hago desde otro punto de vista interior. La forma de pensar no es lo mismo cuando eres joven que te comes el mundo, que conforme te vas haciendo mayor. Vas notando la debilidad que sienten estos ancianos, por enfermedad o por años. Si yo me encuentro ya con necesidad de algunas cosas, las personas mayores mucho más. Por tanto, todo eso que a veces no se ve pero que hay que hacerlo, hay que dárselo. Ese acercamiento, escucha, hay que hacerlo de manera que perciban que cuentan mucho para ti. Solamente con que les hagas cualquier cosa se sienten muy a gusto.

¿Y cómo se siente usted?

Muy contenta. Siento que hago lo que Él quiere.

Siendo que Dios podía haber organizado la vida como hubiese querido, desde su punto de vista, ¿qué sentido cree que tiene este ciclo vital que acaba en deterioro físico y mental?

Es verdad y sí que va siendo duro cuando ves a estas personas asistidas y no solo a nivel físico, también, a veces familiar, y digo: Señor, que duro y que fuerte es esto. A mí esto, cuando voy a la oración, me ha hecho reflexionar mucho y decir: Señor, cuando llegue, ¿qué me puede tocar a mí, qué me puede pasar? Porque he visto a muchas personas que han sido una maravilla a todos los niveles  y cuando llegan a mayores actúan de otra manera y me digo que eso no puede ser. A mí me parece que las personas, cuando estamos bien, que tenemos trabajo, que económicamente  vamos pasando, podemos con todo y creemos que no nos va a llegar nunca ese fin de la enfermedad y la vejez. Es así para que nos demos cuenta. No se puede ir por la vida con ese orgullo, sintiéndose superior a todo. La vida da muchas lecciones pero siempre creemos que es para los demás, no para uno mismo.  Cuando te toca sufrir un poco, aprendes mucho. A pesar de todo, tenemos una mentalidad como si no  supiéramos lo que es la vida y que lo que hoy desechamos, mañana será nuestra situación.

¿Desde cuándo su vocación?

Muy joven quería ser Hija de la Caridad y me fui al aspirantado. Allí  estudié enfermería, fui al noviciado, una vez terminado tome el hábito, me destinaron y comencé  a trabaja. Tenía veintidós  años. El apoyo de mi familia me ayudó en mi decisión.

¿Y quién es usted?

Soy una persona que se ha entregado al Señor, a servir a los pobres a todos los niveles y que Él me está ayudando en todo momento. Soy una hija de la caridad.

De puertas afuera, ¿cómo ve la sociedad, la juventud y la problemática que acarrean las mujeres?

Vivimos una etapa muy inestable, muy preocupante. Es necesario que los valores humanos y cristianos primen sobre cualquier otro interés. Creo que es en la educación desde la familia donde hay que volcar los mayores esfuerzos para renovar y construir una sociedad más justa.

Por último, una petición, hermana: cómo no vamos a poner nombre propio ni rostro a la entrevista, dígame un título para esta conversación.

Hija de la Caridad.

Mª José Varea
Voluntaria

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