Huerto solidario… y mucho más

Huerto solidario… y mucho más


«Por la machaconería de nuestra coordinadora en que intentáramos poner en marcha este proyecto, me convencí de que podía ser algo muy bueno. Me dediqué a buscar campos que nos los dejaran gratis y que no tuviesen gasto de agua. Pusimos en el Ayuntamiento un letrero con un boceto muy bonito que hizo Carlos Chus para que llamara la atención y la gente se ilusionara. Nos cedieron una parcela y cuatro personas estuvieron interesadas en iniciar el cultivo. De esto hace cuatro años. No cuajó. Ahora estamos haciendo un nuevo intento y vamos recogiendo ya la primera cosecha. La cosa va bien».

Son las palabras de Emilio Galarza, anterior director de Cáritas parroquial de Buñol, dispuesto una y mil veces a iniciar este proyecto y llevarlo a buen puerto. Asesorará, animará, ayudará y alentará a quienes ni son agricultores ni conocen los ciclos que le pueden sacar a la tierra ni cómo ni cuándo poner planteles, pero bajo el cuidado de Cáritas y con la sabiduría de hombre de bien del viejo Emilio, están recogiendo ya las primeras cebollas, acelgas y lechugas. Tomates, patatas, ajos y bachoqueta crecen imparables a golpe de azada, de riego y de buena voluntad.

El huerto es el pretexto para trabajar otros valores. Depende de la situación de cada una de las personas participantes pero, en general, desde habilidades sociales, sentido de la responsabilidad, de la puntualidad, relaciones personales entre ellos son el mejor fruto que pueden obtener.  En esta ocasión ha habido buena empatía, se han acoplado a trabajar muy bien y se cuidan. Eso es muy importante, nos dice Mariado Gandía, coordinadora de la Vicaría 5.       

Los trabajadores del huerto son Antonio, Amilcar y Rogelio. Con Antonio, Amilcar y Ana, su mujer, que nos ha querido acompañar, hemos visitado el huerto. Barracas de tomateras muy bien alineadas, caballones casi limpios de hierbas y hasta un semillero a punto de acabar son la obra de estos orgullosos agricultores que nos preparan bolsas de cebollas, acelgas y lechugas como tributo a un agradecimiento impagable.

Antonio es un antiguo conocido nuestro. Le hemos tenido en las páginas de la revista Crónica de la Solidaridad hablándonos de él. En los pocos años que han pasado desde entonces su aspecto ha cambiado totalmente. De una persona desvalida y un poco perdida ha pasado a mostrar una seguridad, una alegría y una paz serena. Dice que aquí ha encontrado la estabilidad, los amigos y que se siente como si fuera uno más del pueblo. Su vinculación con el grupo de Cáritas parroquial está basada en la más absoluta correspondencia. Fue a ellos en demanda de ayuda y está con ellos para lo que pueda ayudar. Y lo hace. Es persona de confianza y dispuesta para lo que le necesiten. Del huerto le hablaron, como él dice, la señora Amparo, directora del grupo, y el señor Emilio. No sabía nada de agricultura pero con consejos ha ido adelante. No le ha resultado difícil porque consiste, dice, en poner empeño y acostumbrarse. Seguirá con el huerto mientras pueda.

Amilcar es de Bolivia. Vino a Buñol por el trabajo en una papelera. «De momento vamos a horas. Los jefes se portan muy bien». Su mujer, Ana, también boliviana, ha empezado ahora a trabajar unas horas. «Al principio acudimos a Cáritas y nos acogieron muy bien. Para mí y para mis hijos ha sido maravilloso. Venir al pueblo ha sido como volver a nacer. Nos ha devuelto la sonrisa. Es algo inexplicable, como que Dios ha aparecido en nuestra vida. Nos ha costado mucho integrarnos, pero poco a poco lo vamos consiguiendo. No tenemos todavía estabilidad».

Amilcar utiliza un término muy de agricultor que muestra su grado de implicación, de sentirse en casa: «Vamos a la huerta». Cuando no trabaja “va a la huerta” y allí se encuentra con Antonio y con los vecinos de las huertas de alrededor que les enseñan muchas cosas, lo que no quita que también se asesore en Youtube.

Hemos visto entre las patateras unas amapolas, preciosas eso sí, pero que no deberían estar ahí y Amilcar nos explica, entre carcajadas de todos, que las han sembrado ahí para que haga bonito. ¡No! Es que como hay gente que no sabe que nacen solas, que no se siembran, dicen que es muy bonito.

Antonio, Amilcar y Ana, todavía se sorprenden de que la gente les salude por la calle, que les sonría y eso, dice Ana, les levanta el ánimo, la moral y no tiene precio.

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 1 comentario

Añade el tuyo