Imagina

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Imagina un pueblo, el valenciano, laborioso, artesano, industrial, estudioso y artista, en el que por sus calles resuenan cantos de amor e himnos de paz.

Es un pueblo de gentes alegres y acogedoras –todos a una voz, “¡hermanos venid!”– que de su gran fiesta tejida de arte e ingenio hacen fraternidad y armonía.

Una marcha triunfal, hecha de música festiva, llena de color y de luz, inunda todos sus rincones para culminar a los pies de la Mare de Déu en una ofrenda en la que las flores entregadas son símbolo de la devoción de todos los que se acercan a Ella.

Imagina un pasacalle donde la fallera mayor con porte sereno y seguro, con expresión radiante, orgullosa del traje y los aderezos que porta, saluda a unos y otros, satisfecha de su valencianía. Una fallera en la que no importa el color de su piel, ni su país de origen, ni todo por lo que ha tenido que pasar hasta estar ahí en esta preciosa foto, porque lo que realmente importa es que está entre nosotros, que es una fallera más, que la Mare de Déu no la distinguirá de todas las que van hacia Ella con sus ramos de claveles. Y un fallero que la lleva del brazo, honrado por tan importante papel, que la mira con ternura y quizás con asombro por el honor que es para él acompañar a una fallera mayor. Es un pasacalle donde reina la alegría y la fiesta, donde se aplaude y se hacen fotos, donde se unen y disfrutan diferentes colores de piel, donde palpita la acogida más sincera.

Imagina que la gloria que ofrenda este pueblo, el valenciano, es el de un hogar para quienes tienen que dejar su tierra y sus gentes con el legítimo deseo de vivir con dignidad y de que un sol nuevo les permita compartir trabajo y futuro con quienes tienen como amada patrona a la Mare de Déu dels Desamparats.

Mª José Varea
Voluntaria

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