IV Encuentro Diocesano: otra mirada


“Yo os he escogido a vosotros”. ¡Qué  regalo tan grande!

Así se expresaba Rosa Mª Falcó, directora de la Vicaría VII, en el IV Encuentro que Cáritas Diocesana ha celebrado el pasado sábado, 26 de mayo.

Visto de lejos un gran corazón acoge el acto. Empezada la jornada ese “Un solo corazón” se desdibuja para percibir los cientos de pequeños corazones de que está formado y que, palpitantes de fiesta fraterna, llenan el salón de actos de las Escuelas San José. Más de mil doscientas personas entre sacerdotes, personal contratado de Cáritas, fundaciones y el voluntariado, para compartir la jornada.

Una imagen, cómo no en este mes de mayo, de María, “Virgen de las Escuelas”, con multitud de flores a sus pies, preside el desarrollo de las actividades. En su intervención, Vicente Altaba, delegado episcopal de Cáritas Española, muestra la alegría de tener allí a María. “Es muy sugerente, dice, volver en Cáritas los ojos hacia Ella, porque nosotros somos gente descontenta y queremos un cambio en la sociedad, como Ella. Buscamos una transformación y Ella, en el Magníficat, proclama un cambio en las estructuras. María encarna la esencia de las bienaventuranzas y es la mujer más revolucionaria del Evangelio”.

La entrañable acogida de Ignacio Grande, director de Cáritas Diocesana, Arturo Ros, obispo auxiliar de Valencia y José Mª Taberner, sacerdote delegado de Cáritas y la canción “Alegre la mañana que nos habla de ti…”, dan paso a la presentación del Plan Estratégico que será hasta 2022 el hilo conductor de la misión de Cáritas entre las personas necesitadas.

A continuación, la tertulia debate que ha reunido en las personas de Vicente Altaba, Ana Abril, coordinadora de Incidencia y Comunicación de Cáritas Española, Montserrat Escribano, teóloga, profesora del ISCR-Facultad de Teología San Vicente Ferrer y Francis Gómez, coordinador de Servicios Sociales de Catarroja y moderados por Carmen Bort, periodista de 8 Mediterráneo, la cualificación, experiencia y visión para hacer de la propuesta “Hacerse pan. El voluntariado como vocación”, un espacio en el que las diferentes perspectivas cruzadas y en paralelo han captado la atención y el entusiasmo de las personas asistentes.

“Es un espectáculo veros, dice Vicente Altaba, en un día en el que habéis venido a no hacer nada porque, a veces, hace falta parar, retirarse un poco y tomar perspectiva, con el Señor o con otros”. Presenta una cajita en la que asegura que lleva el tesoro de Cáritas. Pide a Montse Escribano que la abra. ¿? “He visto mi propio rostro”. Todos hemos entendido y los aplausos lo muestran a la perfección.

“Estáis contracorriente. Creéis en el bien común. Reivindicáis los derechos de todos”. Son las palabras de Ana Abril que propone la pasión y la audacia para la transformación, que tanto deseamos, de las estructuras.

La aportación de Montse Escribano se basa en la ética del voluntariado ya que lo que hacemos es porque hay sufrimiento y no nos conformamos. Creemos que el mundo no tiene por qué ser como es. Nos mueve la compasión y la misericordia. La justicia no es suficiente.

Y Francis Gómez considera que es imprescindible la relación de la administración con Cáritas porque el voluntario es la esencia; no entiende de políticas sociales sino de personas. Cáritas da el conocimiento, impagable, de las familias. Cáritas es la caricia de la Iglesia, la que primero acoge, escucha, atiende…

 

¿Qué mueve el corazón de Cáritas?

Paréntesis con café en el patio de las escuelas y continuamos con los testimonios: un sacerdote, Pablo Soriano, joven cura de las aldeas de Rincón de Ademuz que dice que su labor en Cáritas consiste en estar: estar atento, ser mediador, facilitar a los jóvenes la posibilidad de estudiar, ser “taxi”, acogedor de personas sin hogar…

Una voluntaria, Rosa Mº Falcó, en cuyo testimonio las palabras emanaban la misma autenticidad que su gesto y su mirada, emocionó especialmente en el sentido recorrido por sus más de veinte años de voluntaria.

Belén Lado, miembro del personal contratado, nos habló de cómo se puede combinar el trabajo y la vocación. De cómo, de la conjunción de ambas cosas brota un corazón agradecido, que se esponja, que acompaña y se deja acompañar, que se ilumina, que se enternece…

Y por último, el testimonio de un matrimonio joven, con tres hijas, a los que un ERE, en plena crisis, les cambió la vida. Ahora, él, Jesús, es parado de larga duración y ella, Gabriela, trabaja en una de las tiendas de Koopera, empresa de inserción de Cáritas.

Tras la comida, el esperado paseo por el Cor del Poble, un barrio imaginario en las afueras de una ciudad imaginaria en el que, ¡qué casualidad! todo se parecía al recorrido de nuestro Plan Estratégico: plaza de la Fraternidad Humana, la calle de la Dignidad, la del Testimonio, la de la Participación, un barrio artesano, el del Raval, un polideportivo, muchas actividades en las que participar, animación y hasta un photocall. Todo entrañable y festivo.

Por último la Eucaristía, presidida por el cardenal arzobispo de Valencia, D. Antonio Cañizares y concelebrada por una decena más de sacerdotes.

El gesto que cierra este precioso día de convivencia ha hecho alzar el pequeño corazón por cada una de las personas asistentes a la eucaristía, formando ese gran corazón que “late unido, que se hace hogar para salir al encuentro y acoger, para sembrar la ternura y la esperanza…”.

Mª José Varea
Voluntaria

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