Juan Pérez (VII). Un hombre nuevo

Juan Pérez (VII). Un hombre nuevo


A Juan ya le han operado. Ya está. Ha sido más rápido de lo que él esperaba y todo ha salido muy bien. Y las llagas cerrándose. Y de alcohol, nada de nada. Se lo propuso así, por las buenas y ahí está, sobrio para siempre.

— Se acabó el beber. Ya no pruebo ni una gota.

Ya ha pasado más de un año desde que tomó esa decisión y está orgulloso de no haber necesitado ayuda de nadie para superar la adicción.

La verdad es que era cuando peor estaba. La anemia, las llagas y una delgadez que empezó a asustarle. Dice que tenía los muslos más delgados que las muñecas de sus brazos.

Se dio cuenta de su estado y valoró que sus amigos, María y Rafael esperaran a que él se diera cuenta de la situación. Ellos sabían que Juan era un hombre inteligente y que necesitaba su proceso y su tiempo para reaccionar.

— María me dice que por qué la nombro tanto. Y yo le digo, ¡porque formas parte de mi vida! Ella nunca me dice lo que debo hacer, pero me da ideas, me propone cosas y yo lo mejor que he hecho es hacerle caso. ¿He dicho ya que María es una mujer muy inteligente y que tiene mucha psicología?

Juan ya ha vuelto al centro socio laboral Mambré de Cáritas Valencia. Le gustan mucho los talleres y todos le dicen que tiene muy buena mano. Y lo mejor es que cobra un sueldo.

Bueno, lo mejor no, porque por su tono de voz y su mirada resplandeciente hay otra actividad que sí que es la mejor, que le llena de orgullo: le piden que les hable, que les cuente su vida, sus historias. Juan puede hacer mucho bien a quienes desean reemprender un camino en el que poder sentirse útiles, como cualquier otra persona.

Es que Juan de la vida, de la calle y de las personas sabe mucho y puede ser un ejemplo de superación para mucha gente que como él ha caído hasta el fondo de un pozo oscuro y que no encuentran la fuerza para encaramarse por sus paredes hasta asirse al borde y saltar. También sabe escuchar y sabe que sus consejos siempre son bien recibidos.

El humano y filósofo Juan puede ayudar mucho y quién no nos dice que llegue a ser voluntario en el proyecto Simón de Cáritas para acompañar a las personas  en situación de sin hogar que acampan por la calle, hacerles sentir que alguien se ocupa de ellos y que con voluntad se puede salir adelante.

Juan se reserva un As en la manga. Este no es el último capítulo de su vida. Su mirada misteriosa y una sonrisa pícara nos dicen que hay algo más, algo que será una nueva oportunidad para encontrar estabilidad en su vida y que no va a desaprovechar como tantas veces ha hecho.

Solo ha desvelado el título de ese capítulo que le promete un futuro de ternura, de  paz, de camaradería, de apoyo y de todos los sentimientos que la vida puede ofrecer cuando el corazón late a buen ritmo.

La tentación de la indiscreción, en este caso, no se puede resistir y no queda más remedio que adelantar que ese capítulo en el que Juan va a poner todo su empeño para que sea prolongado y fructífero se titulará: “Mi niña”.

Mª José Varea
Voluntaria

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