Jueves Santo

Jueves Santo


Se apuran los momentos que le quedan a Jesús para estar entre los suyos. El tiempo apremia y quedan tantas palabras por decir, tantos gestos que realizar…

El esfuerzo de Jesús por llevar la Palabra de Dios a hombres y mujeres ha acabado en desaliento por la ingratitud del ser humano, pero hoy volverá a compartir la mesa con sus más cercanos seguidores, con sus elegidos. No importa su dolor, ni su soledad. Su amor al Padre es total entrega y beberá, por Él, el amargo cáliz de la decepción y el dolor más intenso.

Hoy se valdrá de alimentos tan sencillos como el pan y el vino, que consagrará en esta su última cena, para quedarse entre los suyos, haciendo de su Carne, pan y de su Sangre, vino que les darán la fuerza necesaria para ser fieles a Dios. Solo una palabra, amor, y un único destino, servicio, serán sus recomendaciones finales. Serán la auténtica puerta de la felicidad y la paz, la entrada al Reino de Dios.

Después buscará el silencio y la quietud de la noche para orar, para acercarse al Padre en su momento de mayor tristeza, de total angustia. Quiere que le acompañen sus amigos más íntimos y una nueva decepción le herirá de muerte. No encuentra en ellos  ni la compañía y ni el apoyo que necesita. Caen dormidos y se hace más intensa la soledad de Jesús.

¡Padre! ¡Padre! ¡Si es posible, aparta de mí este cáliz! Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Mª José Varea
Voluntaria

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