La caridad de Cristo a la luz de San Francisco de Asís

La caridad de Cristo a la luz de San Francisco de Asís


El pasado martes se celebró la Jornada Formativa anual para sacerdotes organizada por Cáritas Diocesana de Valencia, en colaboración con el Colegio Mayor Santo Tomás de Villanueva de València. Se realizó en el salón de actos de dicho Colegio Mayor, con la asistencia de alrededor de 50 sacerdotes.

La ponencia, que llevaba por título “La Caridad de Cristo a la luz de San Francisco de Asís” fue realizada por fray Juan Carlos Moya, OFM, ministro provincial de la nueva Provincia unificada de la Inmaculada Concepción de los Franciscanos en España, y antiguo voluntario de Cáritas Diocesana. A continuación ofrecemos unas pinceladas de las palabras que nos regaló el hermano Juan Carlos, para dejarnos atrapar por el Amor de Cristo que vivió y encarnó San Francisco de Asís.

La historia de San Francisco no es más que la historia de alguien que se dejó atrapar y guiar, por el Amor de Cristo. Su pasión fue Jesucristo, fue un apasionado del Evangelio, y se sintió empujado a vivirlo con pasión. ¿Hasta qué punto nosotros nos hemos dejado atrapar por él? ¿Hasta qué punto nosotros vivimos con pasión el Evangelio de Jesús? ¿En qué estamos centrando nuestras vidas?

Francisco eligió el camino de la pequeñez, de la “minoridad”, de ser el menor de todos para estar al servicio de todos. En este camino de desprendimiento y minoridad dejó que Jesús creciera y se hiciera grande en él, en su pequeñez, pobrezas y fragilidad. Francisco no fue de fuerte o protagonista por la vida, fue de débil, humilde y pequeño… pero una debilidad en las manos de Dios.

Apasionado del Evangelio, no fue una persona complaciente… fue libre, fue exigente. No deja indiferente a nadie, incomoda a unos y despierta en otros la alegría del Evangelio. Era provocador, desestabilizaba, desinstalaba, cuestionaba… como el mismo Jesús. Por eso mismo fue rechazado incluso por los suyos, los de la propia Orden que él había fundado. Ejercía la profecía con total libertad evangélica. ¿Qué hacemos hoy en día con la dimensión de profecía que conlleva nuestro seguimiento de Jesús?

San Francisco dejó como testamento a sus hermanos y hermanas, unas ideas que a nosotros también nos pueden orientar en nuestro caminar:

San Francisco de Asis.

San Francisco de Asis.

  • ama a tus hermanos y hermanas como Cristo les ama, así harás presente el Reino de Dios. Practica con ellos el bien y la misericordia sin límites, aunque te desprecien, o no te amen, o no te agradezcan nada. El amor y la misericordia que Dios nos regala lo vence todo, lo puede todo, lo supera todo;
  • ama la pobreza que vivió Cristo, la pobreza y humildad de su nacimiento en Belén y la pobreza y despojamiento de su Calvario. Encarnar la pobreza en nuestro tiempo no es más que dar gratis todo lo que has recibido gratis. Es darse, vaciarse, renunciar a tu yo para vivir al servicio;
  • ama la Iglesia, porque es ella presencia, sacramento de Cristo.

El protagonista de la vida de Francisco es Cristo, es él quien le conduce, es él quien le impulsa a dar un cambio radical en su vida. Un cambio que empieza reconociendo a Dios en el más lacerado, en el leproso, (que tanto antes le repugnaban). El leproso se convierte en sacramento del encuentro con Dios. Por ello se dedica a servirles y cuidarles.

¿Qué nos dice San Francisco a los cristianos del siglo XXI desde la perspectiva de la Caridad de Jesucristo?

  • Buscar y vivir la autenticidad del amor a Jesucristo. Ser amantes, apasionados del Dios de Jesús. Dios no es una idea, ni una ideología, Dios es Amor, Dios es Alguien con el que hemos tenido un encuentro personal que nos ha marcado en la más profunda entraña… y eso nos lanza a practicar ese amor entrañable construyendo ese Reino que Jesús inició.
  • Construir la fraternidad universal. Mi prójimo será toda aquella persona que tenga necesidad de mí.
  • Ser menores, ser servidores. Despojarnos de todas nuestras “grandezas”, “protagonismos”, “personalismos”, reconocer nuestras fragilidades, nuestras heridas, nuestras limitaciones, reconocernos vulnerables, reconocer que no lo controlamos todo, que no lo sabemos todo, que no tenemos soluciones y respuestas a todo…, no ocultarlo, acoger nuestras pobrezas y ponerlas en manos de Dios, porque sólo desde ahí Dios será nuestra riqueza, nuestra guía y fortaleza. No sólo tenemos que aportar a los pobres nuestros recursos materiales, sino también nuestra vulnerabilidad que nos hace uno con ellos, nos hace compañeros de camino en la incertidumbre…
  • Situarnos en los márgenes de la sociedad como Jesús. En esta época se nos pide desarrollar la capacidad de discernimiento, de cuestionarnos si estamos donde Jesús quiere que estemos, si estamos haciendo lo que él quiere que hagamos, lo que toca en estos tiempos y circunstancias que vivimos… para ser realmente BUENA NOTICIA.

Para terminar, dejemos que sean las palabras del propio San Francisco, las que nos lleguen al corazón para dejarnos atrapar por la pasión por Jesús y su Evangelio:

“Restituyamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que todos los bienes son de él, y démosle gracias por todos a él, de quien proceden todos los bienes. Y el mismo altísimo y sumo, solo Dios verdadero, tenga y a él se le tributen y él reciba todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones, todas las gracias y gloria, de quien es todo bien, solo Él es bueno” (Rnb 18,17-18).

“Ninguna otra cosa deseemos, ninguna otra queramos, ninguna otra nos plazca y deleite, sino nuestro Creador y Redentor y Salvador, el solo verdadero Dios, que es pleno bien, todo bien, total bien, verdadero y sumo bien, que es el solo bueno, piadoso, manso, suave y dulce, que es el solo santo, justo, verdadero, santo y recto, que es el solo benigno, inocente, puro, de quien y por quien y en quien es todo el perdón, toda la gracia, toda la gloria de todos los penitentes y de todos justos, de todos los bienaventurados que gozan juntos en los cielos” (Rnb 23,9).

José Real Navarro
Responsable de Formación

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  1. Beatriz

    Maravillosas palabras de san Francisco y muy buena exposición de fray Juan Carlos. Ojalá que sepamos vivir y transmitir esa verdadera pasión en Cristo. Qué el Señor nos ayude!

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