La colosal tragedia humana siria

La colosal tragedia humana siria


Esta entrada forma parte de la serie iniciada sobre la campaña Compartiendo el viaje de Cáritas Internationalis.

“Colosal tragedia humana” es el calificativo con el que Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ha descrito los siete años de guerra siria.

Según ACNUR, alrededor de 5,6 millones de personas en Siria están expuestas a situaciones que amenazan su vida en términos de seguridad, derechos básicos o condiciones de vida, y requieren asistencia humanitaria urgente. Esta guerra, denuncia ACNUR, se ha cobrado cientos de miles de vidas, ha forzado a 6,1 millones de personas a huir de sus hogares dentro de Siria y ha obligado a 5,6 millones de refugiados a buscar seguridad en los países de la región. Uno de esos refugiados es Ahmed.

“Hola. Me llamo Ahmed y soy sirio.

Mi familia y yo somos unos de esos refugiados que ya te habrás acostumbrado a ver en televisión. Montones de personas, grupos de familias con niños pequeños se desplazaban y todavía lo hacen, por campos y ciudades, de forma revuelta y sin un rumbo fijo muchas veces. Acampábamos donde podíamos, en tiendas de campaña que nos daba la gente o las organizaciones humanitarias. O, a veces, simplemente nos protegíamos con unos plásticos.

Cuando veo alguna foto sobre nosotros, siempre salimos en fila. Siempre estamos al lado de una verja, una valla o una alambrada. Siempre en la frontera. Así llevamos mucho tiempo. Casi todos huimos de la guerra.

Nosotros hemos llegado al campo de Pieria. Hace unas semanas estábamos cerca de Idomeni, pero nos trasladaron. Creo que hemos tenido suerte porque, durante este viaje, he oído a mis padres hablar muchas veces con amigos o con otras personas que encontrábamos por el camino. Nunca sabían si la información que recibían era del todo cierta. Hay mucha gente que forma parte de las mafias. Mi madre nos decía que no tuviésemos relación con personas desconocidas. Nos hablaban de redes que trafican con droga, armas y personas. Para algunos, estas mafias eran su única fuente de información. Personas sin escrúpulos, como dice mi padre, o que se buscan la vida como pueden. Merodean por los campamentos improvisados ofreciendo la posibilidad de ir a otros lugares a cambio de dinero. Muchas familias han perdido sus ahorros. Nosotros hemos tenido suerte porque un primo viajó antes y nos ha dado buenos consejos.

Hay muchas rutas para llegar a Europa. Nosotros llegamos desde Izmir, en Turquía. Pero otros lo han hecho desde Estambul. Hay gente que lleva esperando desde hace cuatro o cinco años. Las colas para acceder al registro de ACNUR son interminables. Hay listas de espera de años. Es muy importante conseguir este registro. Mis padres me han contado que solo así existimos oficialmente como refugiados y podemos tener asistencia sanitaria o ir a la escuela, aunque sea precaria. De esta manera, se puede intentar buscar un empleo. Esto es muy difícil y al final las personas trabajan en lo que pueden, lo que va saliendo. Es la economía sumergida, creo que lo llaman así.

Sí, creo que tenemos suerte de estar en Pieria. Todo sigue siendo difícil, pero hemos llegado antes de la firma del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía. Ahora es mucho más difícil llegar. Las rutas ilegales son más largas, más peligrosas y cuestan más dinero. Eso es algo que saben todos los mayores, que hablan mucho de este tema con otras personas que están aquí, como nosotros. Por lo menos aquí no hay bombas. No hay guerra. Pero no sé qué va a pasar. No sabemos si nos quedaremos o si viajaremos a otro país donde podamos empezar una vida nueva”.

(Historia extraída del material didáctico de la campaña Compartiendo el viaje)

Ya en abril del pasado año, el papa Francisco, en una oración con la comunidad de San Egidio en la basílica de San Bartolomé, instaba a los Gobiernos a sacar a migrantes y refugiados de los centros de retención, argumentando que muchos se habían convertido en campos de concentración. El sufrimiento de Ahmed y del pueblo sirio evidencia la vergonzosa falta de voluntad política de la comunidad internacional para la resolución de la guerra y revela el incumplimiento de los pactos internacionales para con los refugiados sirios. Frente a ello el papa, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2018 propuso, como una necesidad y un deber de la comunidad internacional, la adopción de medidas concretas inspiradas en la compasión, la visión de futuro y la valentía.

Paz Gómez
Voluntaria

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