La Doctrina Social como camino, meta y horizonte

La Doctrina Social como camino, meta y horizonte


Esta entrada se enmarca dentro de las dedicadas a resumir algunas sesiones de los #JuevesDeFormación Más información de estas sesiones aquí.

Empieza Auxi Lucas, con Juan XXIII, que además de abrir la Iglesia con el Concilio Vaticano II, fue quien escribió la carta magna de los derechos en la Iglesia, en Pacem in terris. Hizo una clasificación de los Derechos Humanos (DDHH) y añadió dos que no están en la declaración universal del 47.

Cuál es la cuestión central, lo que motiva los DDHH: la justicia social (PT 35).

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) comienza en 1891 con León XIII y la encíclica Rerum Novarum (RN): «Los derechos, sean de quien fueran, habrán de respetarse inviolablemente…» (RN 27).

La noción de DDHH nace en la revolución francesa y la estadounidense, aunque ya de derechos se había hablado mucho antes, como en el Código de Hammurabi. En la Iglesia, los fundamentos del derecho internacional los fijaron los dominicos Francisco de Vitoria y Tomas de Soto desde la Escuela de Salamanca. Hay una larga relación entre los derechos y la Iglesia, hasta que con la RN, León XIII escribe este inicio de la DSI que es inaudito en su época, donde habla de “una justicia para todos”, para el obrero y para el patrono. La RN merece un estudio intenso, porque es muy actual y ha sido mencionada por todas las encíclicas sociales posteriores. León XIII ya habla de la igualdad, de la justicia, de los derechos y las obligaciones. En la RN 1 habla de las causas de los populismos.

A los 40 años, Pío XI escribe Quadragésimo Anno (1931), denunció el liberalismo económico que bajo el lema del respeto a la libertad había impuesto una dictadura económica. «Se viola la justicia social cuando una clase excluye a la otra en la participación de los beneficios» (57-58).

León XIII ya dice que tendría que existir un horario laboral que posibilite la vida familiar.

Más adelante, Pío XII habla de la ordenación pacífica de las relaciones de convivencia. No escribió encíclicas pero lo más importante lo dijo en sus radio mensajes. Publicó La Solemnitá, a los 50 de la RN. Habla de los derechos a mantener la vida corporal, al culto a Dios, al matrimonio; a trabajar, como modo indispensable para el mantenimiento familiar, el derecho al uso de los bienes…

En uno de sus últimos radio mensajes habla de la democracia y de la necesidad de la paz.

Juan XXIII y la mundialización de la cuestión social. Tiene dos encíclicas, Mater et magistra (MM) y Pacem in terris. Su papado fue corto pero indispensable. La MM es a los 70 años de la RN. En ella hay muchas novedades y vuelve a tratar la cuestión social en ese momento. Dice que la cuestión social debe darse entre países, a través de la solidaridad de los países ricos con los pobres. En ella ofrece la definición de bien común por excelencia: que el desarrollo económico y el progreso social vayan unidos para que todos participen en el aumento de la riqueza nacional. Y advierte de que los deberes de justicia de la distribución de los bienes que el trabajo produce, sino también en todo aquello que afecta a las condiciones del obrero. Justicia y equidad deben regular no solo las relaciones entre empresarios y trabajadores, entre sectores económicos, en zonas de cada país y entre países.

En el 236 ya formula el Ver, Juzgar y Actuar: ver lo que pasa, hacer un análisis de la realidad y pasar a la acción.

En Pacem in terris realiza una clasificación de los DDHH. Así acerca a los cristianos a una ética civil. Para Juan XXIII, el bien común universal será el objetivo final. Empieza de lo individual, a lo local y de ahí a lo universal. Añade dos derechos: derecho a buscar la verdad libremente y a buscar una profesión cualquiera. De esta forma va más allá de los derechos humanos.

El Concilio Vaticano II recogió muchas cosas de las que ya se estaban hablando. Se trataron los DDHH en dos momentos, en Gaudium et Spes y en Dignitatis Humanae, aprobadas las dos en la víspera de la clausura del Concilio, el 7 de diciembre de 1965.

Quien pone en marcha todo esto fue Pablo VI. Fue impopular, pero se atrevió a la apertura de la Iglesia. Fue el primero de hablar en la ONU. Estableció las jornadas de la Paz del 1 de enero. A partir del Vaticano II está clara la opción de la Iglesia en favor de los DDHH. Su aportación fundamental a esta cuestión está en Populorum Progressio (1967).

Denuncia un libre intercambio basado en la sola ley de la libre concurrencia y establece que solo es equitativo si está sometido a las exigencias de la justicia social en la Octogesima Adveniens, a los 80 de la RN, dirige una invitación a los más favorecidos, a los países y a quienes más tienen para que renuncien a algunos de sus derechos para que los pongan al servicio de los demás.

Juan Pablo II recoge lo que se ha dicho hasta ahora y lo va poniendo en sus encíclicas. Vive el final de la Guerra Fría y la Caída del Muro. La Justicia social y los derechos es la medida para comprobar si es un hecho en la vida de los organismos políticos. En Laborem Exercens recuerda que la Iglesia tiene el deber de recordar siempre la dignidad y los derechos humanos y denunciar la violación de esos derechos humanos. En Sollicitudo Rei Socialis se refiere a que el respeto a los DDHH va calando en la conciencia de los seres humanos y se presenta como una condición para el desarrollo de los pueblos.

Benedicto XVI: «La sociedad cada vez más globalizada nos hace cada vez más cercanos pero no más hermanos». En la Asamblea General de la ONU (2008) dijo: «La universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los DDHH han de ser respetados como expresión de justicia y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la voluntad de los legisladores».

En Caritas in Veritate habla del derecho a la vida en todas sus dimensiones; el derecho a la libertad religiosa; los derechos y deberes en materia de desarrollo respecto al crecimiento demográfico (44); la ética en las instituciones empresariales (46); el principio de solidaridad e la promoción del desarrollo a escala internacional (47); etc.

Evangeli Gaudium del papa Francisco, ha pasado bastante desapercibida pero tiene los principios para una revolución desde el evangelio. En ella, Francisco habla de la cultura del descarte, la indiferencia global, la iglesia en salida, etc. Define algunos desafíos de la sociedad actual: no a la economía de la exclusión, no a la idolatría del dinero; no a un dinero que gobierna en lugar de servir; no a la inequidad que genera violencia; las reivindicaciones de los derechos de las mujeres, etc. (números 52 a 60).

Laudato si’ también es una encíclica social. La suerte del planeta va unida a la de los pobres. Habla del derecho al agua potable, como derecho fundamental y universal. Es condición para el ejercicio de los derechos (30). El planteamiento ecológico debe tener en cuenta los derechos fundamentales de las personas más postergadas (93).

«No digamos que hoy es más difícil. Es distinto. Pero aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades de su época. Para ello, os propongo que nos detengamos a recuperar algunas motivaciones que nos ayuden a imitarlos hoy». EG 263.

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