La reina Marina

La reina Marina


La reina Marina ha cumplido cien años. Ha tenido su propia fiesta de cumpleaños. Para ella sola. En la residencia San Antonio de Benageber, donde vive, siempre celebran los cumpleaños de los residentes. Una vez al mes, y así es más fiesta y con mayor asistencia de familiares.

La reina Marina, sentada en su trono, con el gesto altivo que le corresponde y ataviada con los largos collares de piedras de colores que tanto le gustan, disfrutó como una niña grande de su gran día. Ha cumplido cien años y su vida empieza todos los días vacía de recuerdos y llena del cariño y la ternura de las personas que la cuidan. Es amable, educada y sonríe siempre porque es feliz.

¿Cómo te llamas?

– Marina Aparicio.

¿Y te regalaron muchas cosas para tu cumpleaños?

Duda y sor Teresa le apunta: un ramo de flores.

– Un ramo de flores, pero después me lo quitaron –dice la reina Marina.

– Pero Marina, ¡si se lo llevaste a la Virgen!

– Ah, sí. A la Virgen.

Marina, ¿eres de aquí, de San Antonio de Benageber?

– ¿Yo?… Marina Aparicio.

Sor Teresa ayuda: Marina, ¿eres de València?

– Bueno… ¿València?.. Puede ser…

Agarra la reina Marina a sor Teresa, le echa los brazos al cuello y la besa con besos de la niña pequeña que es, al tiempo que le dice: “¡os quiero!, ¡os quiero!”…

La vida de la reina Marina empieza cada día. No tuvo hijos, quedó viuda y vivió con una hermana hasta que un deterioro cognitivo la llevó a la residencia.

Aquí la reina Marina, desde su trono, ejerce su mandato en paz con la vida. No se comunica fácilmente, que es lo correcto en una reina, pero sabe agradecer las atenciones y las muestras de afecto de su gran pueblo: Jose, sor Teresa, sor María, Amparo,  Ana… y tantos otros, trabajadores, Hermanas de la Caridad y personas voluntarias de la residencia, que velan para que esos cien años de vida estén plenos de dignidad.

Mª José Varea
Voluntaria

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