La sonrisa

La sonrisa


La foto es de Santi Vedrí.

Esperaba, distraída, el verde del semáforo y su mirada se cruzó con la de él. El chico bajó  inmediatamente los ojos hacia un papel que llevaba en las manos. Ella mantuvo la mirada pensando que buscaba una dirección. Alto, delgado, humildemente vestido,  sus rasgos mostraban al inmigrante perdido en una ciudad que no es la suya. Levanta otra vez la mirada y al ver que era observado, tímidamente se acerca y le pregunta por una calle cercana escrita en el papel. Ella duda, sabe que está por allí –le dice– e invierte unos buenos segundos en darle una respuesta. Ya. Le indica y el chico, dándole las gracias, se aleja. Ella, con el semáforo en verde, camina detrás de él. Inesperadamente el chico se vuelve y le dedica una sonrisa.

Una sonrisa. Un mundo de emociones. Un ser humano perdido en una sociedad injusta, que le rechaza, que no se detiene a escuchar su pregunta, que ni siquiera le ve o su presencia molesta. Un chico víctima, seguro, de una economía global que exprime a los más débiles en beneficio de unos pocos poderosos o de una guerra imposible  que forma parte de la ganancia de los mismos.

Una sonrisa. La clase de sonrisa que se clava en el alma porque habla de miedo, de exclusión y de aislamiento.

Es la sonrisa de quien también tiene un sueño, de quien tiene derecho a tener un sueño. No es diferente, piensa ella, a cualquiera de nosotros y si hay alguna diferencia no la hemos puesto los que nos cruzamos con él por la calle. La diferencia la marcan quienes deciden los destinos de los pueblos en reuniones exclusivas destacadas por la explotación sin escrúpulos de recursos y personas.

Piensa que estas gentes, ya que no pueden vivir en paz en sus países, se merecen un digno acogimiento entre, al menos, quienes estamos igual de expuestos que ellos a los intereses de quienes manejan el mundo.

Mª José Varea
Voluntaria

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