La verdadera acogida

La verdadera acogida


– ¡Buenos días!

– ¡Buenos días!

Antes incluso de responder a los saludos, se sintió envuelta en una burbuja mágica. Magia fabricada con ternura y con chispitas traviesas de inocencia.

Les dedica la sonrisa más grande que le puede salir de dentro y les devuelve el saludo a las pequeñas desconocidas.

– Hola, buenos días. ¿Vais al colegio?

Están en la parada del autobús y la madre de las niñas sonríe como pidiendo disculpas por la espontaneidad y ella las mira divertida, con su pulcro uniforme del colegio, las cabecitas llenas de trenzas con gomas de colores, unos ojos inmensos llenos de alegría y con una piel de ébano brillante y jugosa.

– Sí. Pero tú no vas porque eres muy mayor.

– No, claro, yo no voy al colegio. ¿Cómo os llamáis?

– Yo soy Andrea y mi hermana se llama Julia.

– Pero ella es más pequeña, dice Julia.

– Yo tengo cinco años y pronto tendré siete, como mi hermana, —hace saber Andrea.

– Las dos sois muy guapas y muy simpáticas.

La madre les pide que den las gracias y a ellas les falta tiempo para decir gracias, gracias, gracias…

– ¿Vas a subir al autobús?

– Sí, pero primero vosotras.

Ella se sitúa cerca de las niñas para seguir disfrutando de su presencia y de su conversación. Unas paradas después, cogidas de la mano de su madre, se disponen a bajar.

– ¡Adiós, señora!

 

– ¡Adiós, señora!

Le costó salir de esa burbuja mágica que no le permitía dejar de sonreír y supo, esa mañana, que de forma inesperada, en una parada de autobús, había sido objeto de una verdadera Acogida.

Las niñas, sin saberlo, eran poseedoras del milagro de la Acogida. Su alma limpia, sin prejuicios, sin miedos, la inocencia, la alegría, la seguridad, las acercaba a cualquier persona que saliera a su paso.

Ella recordó la parábola de Jesús cuando decía que había que hacerse como niños para alcanzar el Reino de Dios y vio como nunca que sólo las cualidades de las pequeñas podían alcanzar el corazón de todas las personas que se acercan a nosotras en busca de eso, de Acogida.

Mª José Varea
Voluntaria

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