Las palabras nos definen

Las palabras nos definen


En todas las lenguas vivas las palabras pierden vigencia y se van cambiando por otras nuevas, muchas veces por el mal uso que se ha hecho de la palabra anterior. En esos casos nos vemos obligados a buscar una nueva, que defina el objeto de la misma sin el estigma y la lacra que se ha creado, poniéndoles a esas personas una etiqueta que las infravalora, las limita y les dificulta un desarrollo social consecuente con sus capacidades reales, dañando gravemente la calidad de su vida.

En este campo se encuentra bastantes términos de la salud mental. La palabra idiota hacía referencia a aquel que padecía “idiocia”, enfermedad que se caracterizaba por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales. Cretino cuenta con una historia similar, era aquella persona que padecía “cretinismo”, que también incluía retrasos de la inteligencia.

Las discapacidades físicas también han sido víctima de esta realidad. De tullido, pasamos a minusvalía o discapacitado y desde 2005, el término que está arraigando es el de Diversidad Funcional.

Cambios siempre empujados por el sentido peyorativo de los sustantivos o adjetivos anteriores.

Las adicciones también sufren esta estigmatización de las palabras. Por ello, los términos, además de adaptarse a definiciones más reales y adecuadas, han de proteger del estigma que generan las acepciones anteriores.

En los años 70 y 80, “yonqui” fue un término tan común que hasta se podía oír en jornadas y cursos. La palabra, de origen inglés, definía a los adictos a la heroína en situación de marginación social. Su etimología proviene de “basura”. Mucho más ofensivo no podía ser.

En la España de los años 70, andábamos carentes de términos habituales: la aparición del consumo de drogas (más allá del alcohol y el tabaco) era reciente y explosiva. La palabra más técnica era toxicómano y también se usaba la de drogodependiente. Ambas relacionadas con sustancias.

Actualmente la más utilizada es la de adicciones, que permite incluir los problemas comportamentales. Aunque para varias de las que comúnmente llamamos adicciones comportamentales, la definición de adicciones es la más universal y menos generadora de estigma con la que contamos.

Dejar claro que las drogas legales son drogas y pueden generar adicción, también es una labor de las palabras. Estamos pasando de la frase “alcohol y drogas”, donde parecía que el alcohol era una cosa y las drogas otra, a la expresión “alcohol y otras drogas”, que deja claro que el alcohol es una droga, aunque todavía que hay que hacerle una referencia concreta para que nadie lo deje fuera de la definición de droga y de su riesgo adictivo.

Con los fármacos, el camino realizado es menor y aunque preocupa mucho a los y las profesionales de la salud, cuenta con el atenuante social de “me lo ha recetado el medico”.

Los cambios en la terminología oficial son importantes, en la medida que mejoran la definición y generan cultura. El Gobierno de España ha pasado a llamar a la Estrategia Nacional sobre Drogas, Estrategia Nacional sobre Adicciones. El cambio, aunque pequeño en texto, es muy importante en concepto.

Es importante cómo llamamos a las cosas, pero es más importante trabajar, legislar y educar para que no se conviertan en un problema y que cuando lo sean, contemos con los recursos necesarios para recuperar la salud.

Proyecto Hombre Valencia

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