Lo que Pepe esconde

Lo que Pepe esconde


Ha salido muy contenta porque había acudido a la presentación del libro de Pepe con un solo objetivo y lo ha conseguido.

Intuía que esa tarde daría con el secreto de Pepe. No solo le escucharía a él sino que oiría hablar sobre él a quién, a su lado, diera a conocer su última obra.

Por la calle se tiene que contener para no reír

– Si es que no podía ser de otra manera. Lo tenía delante de mí y no era capaz de verlo –se decía.

Mira que lleva tiempo mirándole fijamente cuando imparte una formación. Para pillarle, claro. Que le escucha muy atentamente sin perder una inflexión de su voz, esperando encontrar su secreto. Observa también su mirada, su gesto al hablar y sus sospechas se reafirman.

– Pepe esconde algo.

Es que no es normal lo que hace. Recuerda cuando, hace años, en un encuentro, llenó todo el suelo de muñecos recortados en cartulina verde. De ahí partió su charla. Habló de personas con vidas truncadas, rotas, necesitadas de gente buena que les tendiera una mano y habló de voluntariado, de compromiso, de entrega y de evangelio. Ella acabó la tarde con un deseo intenso de levantar muñecos del suelo.

– ¿No es increíble?

– ¿Y en el encuentro aquel de sacerdotes, hace poco más de un año, en el que no se le ocurre otra cosa que sacar un catálogo de ¡anillos de oro de ley! con especificaciones de uso, según el modelo: “cuenta conmigo”, “hacerse pobre”. “en comunidad”, “en formación continua”… y así muchos más.

Ella, escandalizada, mira discretamente a ver qué cara ponían los sacerdotes, pero Pablo, un curita muy joven, se inclina hacia ella y le susurra:

– Yo, me los quedo todos.

– Pero, Pablo, eso es una inversión muy comprometida –le replica ella.

– Sí, sí,  aunque me empeñe, –contesta él.

¡Sin palabras! Por no hablar de la última en la que ha pretendido dar al traste con un sistema musical que viene utilizando el mundo entero desde la edad media y que ha dado músicos y compositores extraordinarios. Dice que, entre todos, vamos a componer una gran sinfonía, tocando cada uno su propia melodía. Menos mal que ha decidido eliminar todas las notas disonantes, pero lo grave es que no quiere ni oír hablar de las preciosas claves de sol o de fa. No. Dice que esta sinfonía que va a inundar los corazones de todos los que somos Cáritas, se va a desarrollar en claves de amor, de solidaridad, de silencio y de escucha.

– ¿Alguien se lo puede imaginar?

Y ahora, caminando por la calle, siente la alegría de saberse receptora de ese don que tiene Pepe, porque hace un momento ha sabido, sin lugar a dudas, que Pepe no habla a las personas adultas que tiene delante. Sus palabras van dirigidas al niño, a la niña, muchas veces olvidado, que llevamos dentro. Sí, sus palabras se encuentran con la ternura, con la capacidad de asombro, con la alegría de acogerlas como nuevas aunque las tengamos mil veces oídas, con la imaginación predispuesta a escuchar eternamente, con el enamoramiento de todo lo bello que tenemos ante los ojos.

– Es cosa de Dios, –se dice.

Y continúa caminando con esa sonrisa que quiere que, para siempre, sea de niña.

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 1 comentario

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  1. María José Muñoz

    Qué maravilla Mª José, que manera de comunicar el Misterio. Creces como escritora y persona sin parar, una delicia seguirte. Genial Pepe y Núria y la pobreza energética también. Gracias equipazo.

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