Los hipnosedantes y los españoles

Los hipnosedantes y los españoles


Según los informes del Plan Nacional sobre Drogas, el mayor incremento en el consumo de sustancias psicoactivas, lo han experimentado los tranquilizantes, hipnosedantes y somníferos. También entran aquí, los ansiolíticos y relajantes musculares. Su incremento se sitúa entre el 100 y el 185 porcentual.

Su uso está ampliamente extendido, pero no se percibe como un problema a pesar de su capacidad para generar adicción y otros problemas. Nos referimos a productos conseguidos tanto con receta como sin ella. Pero lo cierto es que ha habido un gran aumento en el número de recetas expedidas. Hay quien relaciona este incremento con la situación de crisis de la que aún no hemos salido y que ha llevado a muchas personas a situaciones realmente angustiosas. Pero sin negar esta realidad, podemos contemplar la influencia de otras variables, como el creciente hedonismo que se asienta en nuestra cultura y por el que toda sensación desagradable debe de ser evitada como si fuera antinatural. Es cada vez más frecuente encontrarse con algún conocido que te las recomienda, incluso ofrece, a la menor manifestación de dolor o malestar.

Los sepelios son momentos muy habituales de ese ofrecimiento. Los duelos, proceso por el que gestionamos y asumimos la pérdida de un ser querido, han pasado a tener un miembro más, los psicofármacos.

Pero no es necesario buscar en situaciones tan extremas. Todo malestar, toda tristeza, todo dolor parece que debe ser evitado con la mayor celeridad. Y la mayor celeridad, con el mínimo esfuerzo, la ofrecen los psicofármacos. No es un cambio consolidado, no es un cambio profundo, pero es un cambio inmediato. El malestar reaparecerá mientras no realicemos un verdadero cambio personal, en nuestro auto concepto, en el sentido que le damos a la vida, en nuestra relaciones personales, en nuestra salud postural, etc..

El hecho de que muchos de estos consumos se realicen bajo prescripción médica o por lo menos se iniciaran de esta forma, auto justifica la prolongación de su ingesta como una decisión facultativa y disfraza el problema bajo el epígrafe de “tratamiento médico”. Como dice Francisco Babin, ex – delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas: “Tenemos que suponer que cuando se prescribe hay una razón, aunque podemos discutir si una parte de esas indicaciones no deberían haberse dado y se podrían haber buscado otras alternativas».

Su consumo mayoritario comienza a partir de los 30 años. Es cierto que los más jóvenes también los consumen. Pero lo hacen, ante todo, para controlar el “subidón” de otras sustancias. Acceden a ellas en el mercado negro, pero muchos lo tienen más fácil porque se pueden abastecer en su propio hogar.

El consumo problemático de hipnosedantes, se va incrementando con la edad y es superior entre las mujeres, encontrándose el pico de mayor problemática, en mujeres de entre 45 a 64 años.

Al contrario que ocurre con otras adicciones a sustancias, las personas con dependencia a estos fármacos, no tienen conciencia del problema, y cada vez integran más el fármaco en su vida cotidiana. Tampoco suele haber conciencia de problema en el entorno más cercano.

El consumo extendido en el tiempo, no solo provoca tolerancia, lo que obliga a aumentar las dosis o la frecuencia, sino que puede conducir a la dependencia.

El abuso de estos fármacos está relacionado con un mayor riesgo de accidentes (de tráfico, domésticos, laborales). También generan deterioro de la memoria, empobrecen las relaciones interpersonales por “anestesia emotiva” y disminuyen el rendimiento personal, tanto en el ámbito laboral como el académico.

Proyecto Hombre Valencia

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