Mª Ángeles

Mª Ángeles


El clic en la cerradura y el alma en vilo. Pasos en el pasillo.El hijo haciendo los deberes en la cocina, sin levantar la cabeza. Y ella, de pie, a su lado, solo espera…

– ¡Me voy a tomar cervezas por no ver el careto de vieja que tienes!

Y sale el marido de casa dando un portazo.

Solo entonces el niño levanta la cabeza y mira a su madre. No dicen nada. Continúa cada uno a lo suyo.

La desolación campa por todo su ser y se pregunta, una vez más, cómo hacerlo. Sin formación, sin oficio, ¿cómo van a vivir?

Y aguanta. Se hace la fuerte para seguir el día a día, como siempre, martilleando en su cabeza las amenazas al hijo:

– ¡Ven aquí que te machaco! ¡Hoy no sales vivo de esta casa!

Ella lleva una coraza puesta. Se arregla  para estar guapa a  sus 40 años y que él lo note.

No lo nota.

– ¿Cómo hacerlo?

Busca temas para hablar cuando él llegue.

– ¡Cállate, que no sabes lo que dices!

Y ella calla.

– Pues lo mejor será sonreír y esperar a que él hable -se dice.

– ¡Cualquiera aguanta en esta casa! ¡Es que no tienes ni conversación!

Se pone guapa para él y un día habla y otro calla, un día habla y otro calla…

– ¿Cómo hacerlo?

Dieciséis años ha cumplido ya el hijo que le dice:

– Mamá, o nos vamos juntos o me voy yo solo.

-Juntos, hijo, juntos -responde la madre.

Algo se abre en su mente, una luz, una idea que le da ánimos:

– Empezaré por la formación.

Se matricula en una escuela para adultos y la reacción de él es la burla, la ironía cruel. Lo que no sabe es que ella ha tomado una decisión, que tiene un propósito y que cuenta con el apoyo y el aliento del hijo.

Y Mª Ángeles descubre un mundo nuevo. Sin tener hábito de estudio, en el tiempo que pasa aprendiendo se concentra de tal manera que se evade de su realidad y por primera vez en muchos años, disfruta de su propio esfuerzo.

– Pero, ¿dónde ir?

Le da vueltas a la cabeza y en una discusión fuerte que le deja la cara amoratada, ella, mujer coraje, se dice:

– ¡Ahora o nunca!

– Como las cosas no pueden seguir así, vamos a hacer una separación de bienes que nos dará libertad a los dos. Si continuamos haciéndonos daño, acabaremos por destruirnos. No me quieres, no me soportas y yo ya no puedo más. Vete de casa, busca una vida nueva.

El accede… siempre que salga ganando.

– Pero prepara tú mis cosas.

Y con más esmero que nunca, Mª Ángeles dobla camisas y pantalones. Empaqueta todo en cajas y las deja en el recibidor.

– ¡Ah, pero iba en serio!

Esa fue su despedida.

Ella se queda con la vivienda familiar y él con un buen bajo comercial y con todos los ahorros.

Empieza Mª Ángeles a buscar casas para limpiar. Con el título de graduado escolar ya en las manos y el piso a su nombre sabe que es alguien, que puede seguir luchando.

Ya no siente la derrota como único destino. Ahora una fuerza nueva la acompaña. ¡Se ha sacado un título!

Empieza a acariciar una idea ambiciosa porque alguien le ha hablado de plazas que van a salir: ¡Oposiciones al Ayuntamiento!

– Si he podido sacar el graduado…

Le van saliendo casas para limpiar y se hace con el temario para la oposición. Empieza a ir a la academia e idea un sistema para memorizar los temas. Escribe cada tema, después lo reescribe eliminando lo que considera menos interesante, simplificando. Lo vuelve a leer y subraya otra vez lo que ve más importante. Escribe de nuevo lo subrayado y… ¡memorizado!

No se lo puede creer. Sigue así con cada uno de los temas y limpiando casas.

Los comentarios, también burlones, de su familia la acompañan como la menor de las agresiones a su alma herida.

Mª Ángeles suspende  la oposición. No siente que ha fracasado. Está contenta, triunfadora de su propia vida.

Pero necesita saber en qué ha fallado, si ha estado a la altura. La funcionaria que la atiende se interesa por ella y juntas repasan el examen. Le da la enhorabuena asombrada y le dice que lo ha hecho mucho mejor que otros con más formación. Que se ha quedado a las puertas.

– ¡Sí!

Sigue estudiando a la espera de una nueva oportunidad y busca también una mejora en el trabajo porque los números no salen y una manzana como cena ayuda a alargar los ingresos pero deja el estómago con ansia de algo más.

Encuentra trabajo en una huevería.

Lista como el hambre, se gana la confianza de las clientas y las mueve a llevarse esos huevos tan frescos… para regalar a sus hijos, para hacer tartas, para revueltos buenísimos de cualquier cosa… Ideas no le faltan. Suben las ventas y ella se siente satisfecha y alegre.

Vuelta a empezar. Sus cincuenta años están llenos de resolución y de esperanza. Su mejor distracción, su forma de desconectar, es seguir estudiando y copiando temas.

Otra oposición. Ayudante de residencia y de nuevo en la academia. Estudia “a lo loco” el tiempo que le deja la huevería, las dos casas que limpia y el cuidado de su madre de noventa años que empieza a depender de ella.

Solo tiene tres meses y hay que preparar también el examen de valenciano. Pero estudiando se le van todos los males.

Legislación, funciones del puesto, dietas, limpieza, productos tóxicos… Subrayaba, resume y se convierte en la madre de todos sus compañeros, mucho más jóvenes que ella y con mejor preparación. Pero es a ella a quien piden los resúmenes y tan extrovertida y alegre ahora, cuánto le gusta ayudarles.

Pero la presión es muy grande. Quiere aprenderse todos los temas. Repasa y repasa, obsesionada…

– ¡Coño, que mala estoy! Mª Ángeles, ¡esto no puede ser! Las noches son para dormir y los días para luchar. Si no duermes, ni estudias ni trabajas -se dice a sí misma.

Se hizo caso a sí misma y ya no ha dejado de dormir ni una sola noche.

Mª Ángeles aprueba la oposición. Es una mujer nueva. Es una mujer que se come el mundo.

Han pasado los años, Mª Ángeles conserva los preciosos ojos de su juventud y su mirada avispada y tierna sigue llamando la atención. Está jubilada y a la vida ya solo le pide salud y que a su hijo las cosas le vayan bien. No ha perdido la inocencia de las buenas personas y genera alegría y bienestar en todo el que se acerca a ella.

Pequeñita pero bien arreglá, como ella misma dice, nos la cruzamos en cualquier calle, cualquier día, y es una mujer, una de esas personas, que ha sabido sacarle a la vida las oportunidades que guarda para las valientes, para las decididas a vivir.

Mª José Varea
Voluntaria

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