Manipulación en las redes

Manipulación en las redes


Hace unos meses, Sean Parker, el primer presidente de Facebook, reconocía que la red social fue diseñada para tratar de consumir la mayor cantidad de tiempo y de atención por parte del usuario. Pero el problema no es exclusivo de Faceboock. Por centros como el Laboratorio de Tecnología Persuasiva de la Universidad de Standford, han pasado muchos diseñadores de tecnología digital. Y los jóvenes son especialmente sensibles a esa persuasión. Según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), el 85 % presentan graves problemas de relación con el móvil y las redes sociales.

La estrategia más utilizada es proporcionar a las personas usuarias “recompensas variables”, estímulos no programados que refuerzan el comportamiento activando la dopamina, al igual que en la adicción al juego.

Que la respuesta sea segura y predecible no resulta excitante, es la inseguridad, la sensación de azar la que genera un incremento de la acción. Así, no saber que nos vamos a encontrar al abrir la red social o recibir notificaciones que desconocemos, incrementa la frecuencia de uso. Un joven actual, consulta su teléfono un mínimo de 160 veces al día, si no está trabajando es probable que lo lleve en la mano.

Una herramienta fundamental para los diseñadores es el llamado detonante, el elemento que conduce a realizar la acción y facilita la repetición. Las notificaciones aleatorias son las que se han demostrado más eficaces, ya que combinan un factor interno, el aburrimiento, la curiosidad o el interés, con uno externo, la vibración y el sonido. Normalmente, consiguen que el usuario interrumpa lo que está haciendo para atender la notificación. El ritmo lo marca la red social y el control no lo tiene el usuario. El siguiente paso para retener al usuario y apropiarse de su atención, es que la experiencia sea lo más sencilla posible y ofrezca novedades.

Las empresas han ido incorporando cada vez más estímulos en sus redes, que llaman servicios y actividades. Notificaciones aleatorias, sugerencias de contactos, vídeos que se reproducen sin pulsarlos.

Pero uno de los que más atención nos roban es el de la pantalla sin fin. Al deslizar hacia abajo la pantalla los contenidos parecen interminables. Es lo que los desarrolladores llaman “plato sin fondo”, a partir de un experimento de la Universidad de Cornell en el que se puso a personas delante de platos de sopa que se rellenaban solos. Sin que ellas lo supieran, el resultado era que consumían un 73 % más de sopa y no eran conscientes de ello.

Estas empresas actúan con la impunidad del limbo legislativo en el que se encuentran estos temas. Dada su cobertura casi mundial, los acuerdos legales tendrían que tener el mismo desarrollo, algo bastante difícil, y la acción individual, de países o personas, se prevé poco eficaz cuando el valor en mercado de una empresa como Faceboock es unas 18 veces superior al presupuesto de nuestro Gobierno para 2018 y el de Google unas 24 veces más grande. De momento, quienes montan al caballo ganador son las empresas.

La mejor estrategia para obtener el control de nuestra vida, es la prevención. La abstinencia digital resulta de muy difícil a imposible, pero es necesario ponerse filtros, criterios y normas, para no pasar del uso al abuso y a ser abusados

“Saber desconectarse, previene la adicción” indica el catedrático de psicobiologia José María Martínez Selva. Hacer dietas digitales, cierto ayuno y descubrir que el tiempo, las relaciones y la autoestima tiene otras facetas en las que mirarse y de las que disfrutar, es fundamental para situar las redes sociales en el espacio que les corresponde.

Proyecto Hombre Valencia

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