Nochebuena

Nochebuena


Ilustración de: @Lachicaimperdible

Como tantas otras veces, levantó los ojos al cielo. En el frío intenso de la noche, en la oscuridad silenciosa, en la inmensidad de las estrellas, el alma buscó saciar su ansia de… no sabía bien qué. Sentía que Dios estaba ahí, que la cuidaba y acogía, pero esperaba, necesitaba algo más. Algo cercano, que le enseñara el camino, que le diera la fuerza y la confianza para vivir su fe.

Y entonces la vio. Brillaba más que las demás y se movía hacia algún lugar preciso. Un impulso la movió a seguirla. Otras almas, como ella, también se encaminaban en pos de su luz.

En medio del monte, sobre un pequeño pesebre, la estrella se detuvo y brilló en toda su intensidad con un fulgor extraordinario y a la vez cálido.

Se abrió paso poco a poco. Palpitándole el corazón se acercó y su mirada se posó en Él: un Niño recién nacido ante cuya presencia el alma cayó de rodillas y supo que, adorándole, se entregaba a la Salvación del mundo, a la verdadera Vida, a la Esperanza y al Amor.

Esta noche, como aquella noche, el alma, nuestra alma, perdida en un mundo convulsionado y ansiosa de Dios, también alza la mirada a las estrellas en busca del Amor y de la Vida y se postra a los pies de este Niño que hoy nace, de nuevo, para ser la esperanza y la salvación de los hombres.

Mª José Varea
Voluntaria

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