Muy querido Ximo

Muy querido Ximo


Entre las experiencias de nuestros voluntarios y voluntarias, hoy podremos leer el de Mª Jesús, voluntaria del Proyecto Simón. Escribió este texto tras la muerte de una persona sin hogar a la que acompañaban desde hace tiempo.

Muy querido Ximo:

Desde donde estás ahora, al lado del Jesús que nos da sentido a todo, sé que recibirás estas palabras sin enfados, con tu media sonrisa… Ya no hacen falta los silencios, pero tampoco las palabras: donde estás, sobra todo esto. Solo quiero decirte lo que sentí cuando te conocí: nos presentó Belén, a quien tú apreciabas mucho ¡y hasta creo que estabas un poquito enamorado de ella…! Me caíste bien desde el primer momento, con tu senequismo (me copio de José, porque ya sabes lo bien que se expresa) y tu sentido del humor, y a tu manera, tu sentido del amor… Con tu dignidad intacta, tu media sonrisa a veces, tu amor por el dibujo y tu compañera Dama…

Con el tiempo te fuiste deteriorando, abandonaste las tijeras, el agua y el jabón, y José y yo soñábamos que era verdad que tenías una conexión de luz y de agua que te permitía un mínimo de higiene y de supervivencia… Queríamos creer tus palabras, porque no nos resignábamos a que no tuvieras cubiertas estas mínimas necesidades. Siempre a la intemperie, como dice José “como una sombra negra”. Es verdad que incluso había veces que nos costaba verte, distinguirte entre dos coches, cada día en un asiento más imposible…

Recuerdo un día en el que cuando llegué estabas MUY enfadado: alguien (supongo que ese vecino) te había tirado un cubo de agua desde un balcón y te había empapado. Tú protestabas, gruñías, no querías hablar conmigo… hasta que entendí lo que te había pasado y empecé a decirte que seguro que era alguien que envidiaba lo que te queríamos tanta gente, que nos encantaba pararnos contigo para saber cómo estabas, para charlar contigo y disfrutar de tu amistad. Recuerdo cómo fuiste cambiando la cara y cómo decidiste que no te ibas, que te quedarías entre dos coches para que no te pudiera mojar más… “¡Y que sé yo…., que no le quieren tanto como me queréis a mí…!”. Bendito Ximo….

José y yo también queríamos soñar que cuando tuvieras la paga de la jubilación alquilarías una habitación, te ayudaríamos a encontrarla y vivirías mucho mejor… Creo que has sido para nosotros maestro de muchas cosas: nos has enseñado que la Vida no es lo que nosotros queremos que sea, la Vida es respeto por el destino de cada cual, y con tus actos nos hablabas ya de cómo sería a partir de recibir tu jubilación… Aunque nosotros entonces aún no habíamos aprendido, y queríamos creer que para ti una vida mejor incluiría lavarte, tener una cocina, una habitación limpia, seguridades… ¡Y de eso nada! Las veces que desapareciste después de cobrar y nosotros pensábamos que habías caído en manos de alguno de tus colegas, y siempre volvías a aparecer, como un milagro imposible.

El día del incendio de tu casa me llegaste al alma: cuando aparecí (avisada por tu vecina Toñi), todos estaban queriendo convencerte de que te fueras a dormir al albergue… Tú callabas y mirabas a otro lado, a veces protestabas y decías que no. Y cuando me acerqué a ti y te pregunté: “¿Y tú, qué quieres hacer, Ximo?” Me cogiste las manos y me miraste con esos ojos que parecían no ver, y me dijiste emocionado: “Mi amiga, por fin estás aquí…”. Y no me soltabas las manos. Y yo supe que eso te bastaba, que eso era lo importante para ti: no pedías nada, pero reconocías la amistad y el afecto desnudos, sin más… Otro de los preciosos momentos que nos regalaste, Ximo, y otra de tus enseñanzas.

Y con el tiempo dejé el Simón por cuestiones de trabajo, y dejé de verte, salvo alguna vez de lejos cuando pasaba por allí con el coche… Sabía de ti por José y Mavi ¡en qué buenas manos quedaste Ximo! Pero finalmente no he estado en este final tan esperado por ti, que parecía que te sentabas en tu catre justo a esperar: “Dios vendrá cuando quiera llevarme con Él”… Y así fue Ximo. Creo que todos sabíamos que si no te dejaban estar esperándole en el sitio de siempre, donde parecías haber quedado con Él, serías tú quien fuera a su encuentro… ¡no fuera que creyera que no le habías esperado! Y así lo hiciste…

Descansa en paz, Ximo.

Mª Jesús
Voluntaria Proyecto Simón

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