“Navidad: abrir las manos y abrirse a todos”

“Navidad: abrir las manos y abrirse a todos”


Este título es parte de la felicitación con la que los sacerdotes de la parroquia San Alberto Magno de València, José y Salvador, encabezan el boletín parroquial del mes de diciembre.

Y este título elegido encaja a la perfección con el espíritu de esta parroquia singular. Parroquia singular porque en ella vive la fe y por tanto el compromiso y la generosidad. Singular porque genera recursos que no puede aplicar entre su gente necesitada, porque no la hay. Se encuentra San Alberto en un barrio de clase media y media alta, que no se complace y se duerme en su bienestar. Se implica en ayudar lo que haga falta, donde haga falta. Son generadores de recursos. Importantes recursos económicos y valiosísimos recursos humanos que, sobre todo, como nos explica José Martínez, el párroco, “la Cáritas de aquí es muy especial. El voluntariado está colaborando en otras parroquias. La dimensión social nuestra es que los voluntarios colaboren en lugares de necesidades de otras partes. Nuestra Cáritas está bien estructurada y bien organizada. Bastantes voluntarios están en la parroquia Santa Marta del barrio de la Plata. En el comedor social de Benimaclet también tenemos a tres voluntarias. Tenemos un economato en San Pascual Bailón donde se atiende a ciento cuarenta y ocho familias y nuestra solo hay una chica necesitada, que nos la remitió Cáritas Diocesana”, afrima.

Martínez continúa explicando: “ahora que es Navidad, hemos hecho un mercadillo solidario, hemos vendido flores de Pascua, vamos a recoger comida no perecedera y donativos. Pues todo lo obtenido lo destinaremos a tres parroquias: Nuestra Señora de los Ángeles del Cabañal, Nuestra Sra. de Lourdes del barrio de la Amistad y Santa Marta y otra parte a la parroquia de la Providencia de Lima que la llevan unos sacerdotes valencianos. Todo lo que queremos es ayudar  en las necesidades de los demás. Nuestro mercadillo es muy curioso porque ponemos a la venta la donación de una familia, a la muerte de su madre, de todos los objetos que almacenaba en un gran piso, todos sin estrenar: vajillas, decoración, zapatos… Llevamos haciéndolo cuatro años y queda para, al menos, tres más”.

La parroquia celebra en 2018 las bodas de oro y han querido que el broche de oro de esas celebraciones sea la financiación, durante el año, de dos pisos tutelados de Cáritas Diocesana. La parroquia ofrece todo el coste económico y el tutelaje lo llevará Cáritas Diocesana. Están convencidos de que: “lo importante es que el proyecto lo dirijan especialistas”, afirma José. Las viviendas cedidas a familias con dificultades posibilitan la integración laboral, la continuidad en la escolarización de los hijos y, en definitiva, frenar la exclusión social. “Por lo tanto, —añade— una de las actividades que hay que apoyar es la atención a familias que tienen dificultades para el ejercicio de su derecho a una vivienda digna”.

Y como no todo consiste en cuestiones económicas, son otras muchas las actividades que se desarrollan en esta Casa de Dios: teatro de niños representando parábolas, conciertos ofrecidos por la coral de la parroquia, viajes…

Una comunidad, una gran familia cristiana, que entiende de humanidad y de fraternidad, que sale a la calle a prestar ayuda a parroquias con menos recursos y mayor necesidad. Una comunidad singular.

Mª José Varea
Voluntaria

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