Navidad y adicciones

Navidad y adicciones


Quienes nos dedicamos a la prevención y tratamiento de las adicciones sabemos que hay fechas más conflictivas que otras. La Navidad, está entre estas.

Progresivamente se ha ido convirtiendo más, en una fiesta de consumo que en una celebración religiosa. Monumento al consumo, en todas sus variables.

Divertirse. Es la expectativa creada y en muchas personas una obligación a cualquier precio. Confundir borrachera con disfrute es un error que se potencia cuando divertirse se convierte en obligación. Los excesos en determinados días, llegan a ser una imposición, un deber. Algunas personas los buscan y otras no son capaces de evitarlos.

Fácilmente se piensa en jóvenes, sin embargo, no son los únicos en cometer excesos. De hecho, es fácil que los adultos consuman y abusen en un entorno familiar con menores presentes. Hijos, sobrinos, nietos. Transmitiendo un mensaje del estilo: “beber es disfrutar y no lo haces porque eres pequeño”, mensaje que lleva adherido el de “si bebes, eres mayor”. Se educa con el ejemplo y lo olvidamos a menudo.

Es habitual el consumo intensivo de alcohol, que se caracteriza por beber una cantidad alta en un periodo breve de tiempo, con la clara intención de alcanzar la ebriedad, de emborracharse. El consumo inicial puede conducir a otros consumos no deseados, en cantidades o con sustancias, que en otras condiciones no se hubieran probado. Al de la resaca, hemos de añadir otros riesgos: ser víctima de un delito, mantener relaciones sexuales de riesgo o que estas no sean consentidas. Sin olvidar los accidentes de tráfico.

Que existan periodos de abstinencia entre los de consumo, invita a pensar que no hay consecuencias. Pero las hay, y mayores entre los jóvenes. Algunas son bastante conocidas. Vómitos, resaca…, en el área fisiológica. Pérdida del control, aumento de la agresividad y la vulnerabilidad…, en el ámbito de la conducta. Pero las menos conocidas son las neurológicas: menor capacidad de atención, procesos mentales más lentos, distorsión espacio tiempo, lagunas de memoria… Estas últimas, en el caso de los jóvenes y adolescentes, afectan a áreas y funciones en desarrollo, que no son fácilmente recuperables. E incrementan la vulnerabilidad hacia las adicciones.

La presión del grupo es importante, la necesidad de sentirse aceptado e integrado, suele ser mayor entre los jóvenes. De ahí la importante de ayudarles a crecer en asertividad, en pensamiento crítico y ofrecerles otras alternativas. De esta forma puede haber elección y por lo tanto decisión. Con una única posibilidad, no podemos hablar de libertad. Libertad no solo frente al alcohol, frente a todas las adicciones y conductas de riesgo.

Dentro de esas conductas de riesgo, está la compra compulsiva. La Navidad es una época especialmente difícil para quienes la sufren. Todos realizamos alguna compra compulsiva, normalmente algo de poco valor que nos ha llamado la atención en el comercio. Pero los compradores compulsivos van más allá. Hablamos de un trastorno de control de impulsos que sigue un patrón similar al de las adicciones químicas. Los compradores compulsivos sienten elevados niveles de ansiedad ante la necesidad de comprar, junto a la incapacidad de controlar el impulso de hacerlo. Un consejo, para sobrevivir a la Navidad: comprar en compañía y con una lista cerrada.

Proyecto Hombre Valencia

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