No es un cuento

No es un cuento


No, no lo es. Asistió a la III Jornada Mundial por el Trabajo Decente y quedó impresionada por la cruda escenificación de tanta precariedad laboral que sumerge a miles de personas en situaciones de vida indignas. Pero a su pensamiento acudía insistentemente una realidad bien diferente que conocía desde hacía tiempo.

¿Cómo podía ser posible?

Desde su punto de mira de Acogida en la Cáritas parroquial de su pequeño pueblo, el mismo comentario lo oía una y otra vez, salpicando de seguridad a bastantes familias en situación económica complicada: “es que se ha puesto a trabajar con los hijos de Lalo”.

Beatriz es una de esas personas que se puso a trabajar con los hijos de Lalo y la aborda, indiscreta, para salir de dudas.

Dice Beatriz que Pascual (el marido) se quedó sin trabajo y era el único jornal que entraba en casa. Los chiquillos pequeños y el tiempo pasando sin que entrara un céntimo en casa. “Hablé con ellos, ya sabes que tienen una empresa de limpieza y a los pocos días me colocan para trabajar en una universidad. El horario me lo pusieron de lujo. Podía dejar a mis hijos en el colegio, ir al trabajo, volver y recogerlos de nuevo. Y con las compañeras, igual. Hay quien entra a las seis de la mañana y a las diez ya se va a casa, porque le interesa. El sueldo, te puedo decir que es bueno. Han acogido a toda la gente del pueblo que ha acudido a ellos, sin ningún problema. Y sin tirar a nadie. Nadie descontento. De aquí: Toni, Segis, Montse, Santi, Mónica, Mireia…”.

La admiración por los hermanos Hurtado se va consolidando, claro que sí, porque los conoce de toda la vida y a sus padres, a sus tíos, a sus abuelos, pero la curiosidad por saber más la lleva primero a mirar la empresa en Internet donde encuentra el slogan “todo es cuestión de actitud y organización” que le gusta, después a ponerse en contacto con ellos, Jorge y José Vicente, y por último, a tener una provechosa conversación con este último.

Le dice a José Vicente que tiene que hacer un trabajo basado en el derecho al trabajo decente y que cree haber encontrado en su empresa un modelo en el que ese derecho es importante, que parece que es compatible el ofrecer a los trabajadores unas condiciones dignas y que la empresa sea rentable y que quiere ponerlo de manifiesto porque le gusta y contarlo a los cuatro vientos.

«No es importante, es básico, —dice José Vicente—. Empezamos con esto hace unos diecisiete años. Teníamos seis personas trabajando, después diez, ahora somos trescientos y pico. Nosotros venimos de ser trabajadores. Desde el principio lo hemos visto así. Si no das buenas condiciones es muy difícil que te devuelvan nada. Tenemos que motivar a la gente, pagarles un poco más que el convenio, formarles en cosas que no sabían, darles ánimo y atención. Nosotros, a través de los supervisores, hablamos trabajador por trabajador buscando las circunstancias de las personas, ¿qué te pasa… tu hija cuando entra en el cole… tienes un problema con tu nieta… tu marido trabaja en otro sitio… qué horario necesitas… necesitas algo… cómo ves la empresa? Intentamos encajar todo eso para que la gente se sienta a gusto. Queremos el trato cercano y hemos trasmitido esa familiaridad a todo el mundo. Desde hace un montón de años, la gente que lo necesita deja a sus hijos en el colegio y después viene a trabajar. Los de oficina, por la tarde trabajan desde casa para que puedan conciliar. Poco puedes hacer cuando un cliente abre a las diez de la mañana y hay que entrar a limpiar a las seis, pero sí que puedes encajar a gente que le viene bien ese horario. Atención y responsabilidad hacia ellos y lo devuelven siempre. Esto es lo que nos valida. El nivel de satisfacción de los clientes es muy bueno. No hemos salido de ninguna empresa en la que hayamos entrado a trabajar. Facturamos seis millones de euros y tenemos un proyecto de crecimiento importante. Vamos a consolidar un modelo de empresa saludable que en la práctica ya lo tenemos implantado: en cuanto a proveedores, tenemos siempre los mismos, no hay pelea por la parte económica. Tenemos buenos precios porque tenemos un buen volumen, pero nada más. Si tú fomentas pagar tarde, cuidar mal a tus trabajadores, la pelea entre empresas, ajustar al céntimo cualquier partida, al final te lo van a devolver, harán lo mismo contigo como empresa. Establezcamos un orden que sea negocio para los dos y todos ganamos. En cuanto a los clientes lo mismo: tocamos educación, comercial, industria y alimentaria. Desechamos el sector inmobiliario y de la construcción porque no ofrecen garantías apropiadas. Y con los trabajadores lo mismo. El modelo de empresa saludable implica tener un departamento jurídico con servicio de asesoramiento fiscal, financiero, un gabinete para mujeres maltratadas… Tenemos un dietista y un fisioterapeuta. No estás dejando simplemente a los trabajadores funcionar. Tenemos un protocolo en el que las madres con niños pequeños están cubiertas, si tienen que faltar al trabajo, por otras compañeras sin tener que mover nada. No es una amenaza para la empresa el que una mujer tenga hijos o se quede embarazada. Y no es un esfuerzo. La gente trabaja por necesidad pero tiene una vida y nosotros tenemos que acompañar esa vida facilitando el trabajo que les permite funcionar. A nosotros nos ha tocado ser los dueños de la empresa pero la empresa es de cada uno de los trabajadores y trabajadoras. Y desde este punto de vista, la empresa crece».

Ella se asombra de las cifras: más de trescientos empleados, seis millones de euros de facturación, rentabilidad por encima del siete por cien, reinversión de dividendos, proyecto de crecimiento, la cuarta empresa del sector en la Comunitat Valenciana y la número cien del territorio nacional… sabiendo que ¡SÍ ES POSIBLE!

Mª José Varea
Voluntaria

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