Nuestro amigo Ximo

Nuestro amigo Ximo


Entre las experiencias de nuestro voluntariado, hoy podemos leer la de Jose, voluntario del Proyecto Simón.

Si pienso en nuestro amigo Ximo, los primeros recuerdos se remontan a cuando lo visitábamos María Jesús y yo. Lo veíamos al final de nuestro paseo enfrente del Mercadona de la calle Jaca. Entonces se podía aparcar en batería y el buen Ximo aparecía como una sombra negra, difícil de ver, entre dos coches. Allí estaba, esperando que le fueran dejando dinero o comida. Se sentaba sin ninguna sombra y daba igual que lloviera o hiciera un sol de justicia: allí estaba, debajo de su paraguas negro aguantando lo inaguantable.
Primeros contactos para establecer la relación y poco a poco nos va contando cosas de su vida, de su pasado de legionario, de su infancia en un hospicio con monjas en Castellón donde le inculcaron el gusto por el dibujo…

Tras las obras en la acera y por protestas, no sabemos de si vecinos o de la gerencia del Mercadona, se trasladó cerca de su «casa»: unas ruinas al final de la calle donde vivía. Le pregunté por sus condiciones y una vez me dijo que tenía agua y un enganche irregular a la luz, pero no estoy seguro de que fueran verdad ninguna de las dos cosas.
A veces pintaba, no tenía mala mano y le regalamos algunas láminas; otras veces hacia pasatiempos.

Su vida eran sus recuerdos de la Legión y la ilusión de cobrar una pensión al llegar a los 65 años. Contaba de un coronel que le conocía y le iba a gestionar la pensión. Llegamos a dudar de que existiera el tal coronel pero al final cumplió sus 65 años y empezó a cobrar unos 630 o 640 euros al mes. (Ximo pensaba al principio que serían unos 1000 euros…).
Con eso pensamos que podía cambiar un poco su vida: alquilar una habitación, asearse,  en definitiva, vivir mejor. Sin embargo, ha seguido hasta el final en la casa abandonada (en una parte distinta porque donde vivía al principio ardió una noche, no sabemos cómo).

Tenía su círculo. Toñi, que se preocupaba de comprarle las medicinas para la epilepsia, que tuviera algo de comer, que cuidaba a la perra que le hacía compañía.
Ximo tenía claro que no podía mezclar la medicina con el vino así que simplemente no se tomaba la medicina…
Algún otro como Juanfran, que le administraba su pensión y que pensamos que cogía una buena tajada de la misma. Los vecinos del barrio que lo saludaban y le daban sus restos de calderilla.

Tal vez por la enfermedad, tenía un carácter bipolar. Había veces que estaba encantador, hablaba por los codos, se le notaba que se alegraba de vernos y otras, más al final, que estaba hosco y poco receptivo y como hicieras el comentario que no tocaba sacaba a relucir su punto de mala leche. Las últimas visitas eran como un carrusel, a veces altas, otras bajas.
Para nosotros, el día que le encontrábamos bien era un subidón, nos alegraba y reconfortaba el espíritu y los otros, pues nos íbamos con malas sensaciones.
Estaba sucio y delgado de forma increíble, la verdad era que su subsistencia era un milagro. Siempre con su Cristo de la Buena Muerte y un senequismo que le hacía decir que estaría vivo mientras Dios quisiera. Se me agolpan un montón de cosas en la cabeza pero lo dejo por el momento.

Jose García
Voluntario del Proyecto Simón

Hay 1 comentario

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  1. montserrat

    Realmente le hicistéis un buen acompañamiento, pues para el seguro que fuístéis todo un regalo.Os felicito por la labor que estáis haciendo el Proyecto Simón.
    Un abrazo, Montserrat voluntaria de Cáritas de la Parroquia Santísimo Cristo de la Luz

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