Países sin jóvenes por la migración

Países sin jóvenes por la migración


Esta entrada forma parte de la serie sobre la campaña Compartiendo el viaje de Cáritas Internationalis

El papa Francisco, en su vídeo de la Red Mundial de Oración del pasado mes de septiembre indicaba que África es un continente rico.

Efectivamente es rico pero, sin embargo, es pobre:

  • ¿sabías que África posee una gran parte de la reserva mundial de minerales y materias primas?
  • ¿sabías que África es principal productora de minerales como el coltán, manganesio, uranio, platino, oro, diamantes… imprescindibles para la industria occidental y para la fabricación de los móviles, tablets y ordenadores que utilizamos en los países del Norte?
  • ¿sabías que los países de la costa oeste africana están perdiendo $1.300 millones anuales y el 37 por ciento de su pesca anual a causa de la pesca ilegal, no informada y no reglamentada, y que la mayoría de estos peces obtenidos ilegalmente se destinan a la Unión Europea y a China?

No obstante, su riqueza más grande y valiosa son las personas jóvenes, puntualizaba el papa, advirtiendo que esa potencial riqueza requiere invertir en educación. Si un joven no tiene posibilidades de educación, ¿qué podrá hacer en el futuro? A esta reflexión nos insta el papa.

Solo con educación y trabajo en los países de origen evitaremos la migración forzada de jóvenes africanos como Jean Philippe, joven senegalés de 20 años, cuya historia e intento de abandonar el país nos describe la ficha Ver 07 del material didáctico de la campaña Compartiendo el viaje de Cáritas Española, y que transcribimos a continuación.

«Jean Philippe tiene 20 años y vive en Diogué, en el sur de Senegal. Es una zona pesquera que ha visto cómo su población se reducía cada vez más a causa de la crisis del sector, el aislamiento y el incremento de la pobreza. La gente migra en busca de una vida mejor. La mayoría se traslada a otras zonas del país, pero muchos se marchan a otros países del continente en busca de trabajo: Gambia, Guinea Bissau, Guinea Conakry… Sin embargo, la situación allí no es mejor que la de Senegal, por lo que un buen número de jóvenes deciden partir “a la aventura”, que es como se conoce la migración en barco hacia Europa.

Jean Philippe nos cuenta su peculiar historia sin dejar de reír. Tras haber reunido el dinero necesario, unos 700 euros, decide ir a Guinea Bissau. Parece que la travesía es preferible desde allí porque hay menos controles fronterizos. Una noche, él y 140 personas más zarparon hacia Canarias en busca de una vida mejor. Pasaron seis días en el mar hasta ver tierra a lo lejos. El capitán del cayuco les dio las instrucciones: una vez cerca de la costa, había que bajar del bote rápidamente, correr y esconderse para no ser descubiertos. Así lo hicieron, pero pronto se dieron cuenta de que seguían en Senegal.

Los traficantes les habían tendido una trampa y los habían desembarcado cerca de Mbour, conocida como la Petite Côte, una localidad turística senegalesa. Habían pasado seis días dando vueltas en el mar y habían hecho poco más de 400 kilómetros. La risa de Jean P. es contagiosa porque su sentido del humor es estupendo. Pero lo cierto es que fue una situación muy frustrante, una gran injusticia. Ese día, 141 personas perdieron el capital que habían reunido con tanto esfuerzo. Habían hipotecado terrenos, vendido sus barcas de pesca, el ganado, las joyas de la familia. El esfuerzo había sido colectivo porque apoyar un proyecto de vida así, es apoyar un proyecto familiar.

A la vuelta han tenido que recuperar muchas cosas: sus pertenencias, la confianza de sus familias, la esperanza de que es posible salir de la pobreza. Jean P. no se rinde. Tras el intento frustrado de cumplir su sueño, lo intentó otra vez. También fracasó. Pero tiene muy claro que su destino está en Senegal solo hasta que tenga los medios para volver a intentarlo».

La migración debería ser voluntaria y por derecho, como reconoce la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no debería ser forzada por el expolio y la falta de oportunidades que obligan a los jóvenes a buscar un futuro mejor fuera de su país.

Paz Gómez
Voluntaria

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