Pobreza energética, una realidad, una oportunidad, un reto

Pobreza energética, una realidad, una oportunidad, un reto


Esta entrada se enmarca dentro de las dedicadas a resumir algunas sesiones de los #JuevesDeFormación. Más información de estas sesiones aquí.

Llegar a casa después de un día de trabajo, encender la luz, conectar la calefacción y abrir el grifo del agua caliente mientras te desnudas, son gestos habituales, mecánicos, para una buena parte de la población y que, sin embargo, son impensables para otra buena parte de la población.

¿Un privilegio o un derecho?

Esta mañana de jueves, de la mano de Nuria Baeza, responsable de Análisis de la Realidad de Cáritas Diocesana, hemos podido analizar y clarificar una realidad que mata y que complica enfermedades. En España se estima que son 7000 muertes al año las que se producen por falta de acceso a los suministros en el hogar.

La pobreza declarada, según estadísticas, y la que intuimos, aquella que tiene que priorizar entre alquiler y comida o suministros, obliga a hacer una diferenciación  en nuestras Cáritas parroquiales en los pagos que nos solicitan las familias a las que atendemos: alquileres por una parte y suministros por otra, para poner de relieve esa pobreza energética de la que Nuria Baeza nos habla. En ayudas a suministros, Cáritas ha invertido en el último año 339 298 €. Un drama escondido: comer o calentarse.

El origen de esa  situación, señala Nuria, está cimentada en la inequidad y la injusticia en el mercado de la energía, sin lugar a dudas. Es el abuso de unos pocos y la connivencia de los Gobiernos lo que promueve el consumo de energías no renovables, diezmando los recursos del planeta,  provocando el cambio climático y, por otra parte, la prevalencia de un oligopolio que marca el precio de la energía.

¿Qué es lo primero que he necesitado esta mañana desde que me he levantado?

¡Energía! Sí, todos la necesitamos.

¿Privilegio o derecho?

Todos la necesitamos. Desde la perspectiva de Cáritas es un asunto absolutamente igualador.

Sigue Nuria poniendo de relieve los elementos que llevan a la pobreza energética y que son los bajos ingresos, el propio precio de la energía y la ineficiencia en su consumo, muchas veces por las malas condiciones de aislamiento de las viviendas. Y es el uso de la energía lo que se utiliza para medir la pobreza y la exclusión.

En la Comunitat Valenciana el 31,3 por ciento de los hogares no puede mantener la vivienda con la temperatura adecuada. Y el elevado precio de la luz es así porque el 60 por ciento de la factura depende de decisiones políticas (impuestos regulados).

Según Javier García Breva, uno de los principales referentes de la política energética del país, no se puede entender el aumento de la pobreza energética en España sin tener en cuenta que es consecuencia de un modelo energético extractivo con el apoyo de instituciones políticas y de una regulación que tiene como único objetivo proteger los ingresos del sistema eléctrico y de gas sin  transparencia alguna (¿cuántos ex políticos conocemos que forman o han formado parte del consejo de administración de una gran compañía?) .

Esto es pobreza ética.

Continúa Nuria con un dato: el primer país productor de petróleo es Nigeria y Nigeria es un país en el que la población está altamente empobrecida y emigra en busca de vida digna. ¿Les compramos el petróleo y emigran? Sí. Los recursos naturales de Nigeria son extraídos para enriquecer a unos pocos y su población padece necesidad.

Y no es porque no existan otras opciones. La energía procedente del sol no nos la acabaríamos.

SOL: ¡Solución Solidaria Solvente!

Dice Nuria Baeza: «¿estamos tontos o qué?».

Uno de los puntos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, suscrito por 150 países, es el cambio a una energía asequible y no contaminante, aunque la traba más importante se encuentra en los propios Gobiernos. Trabas al sol. Al sol cuya energía es limpia, barata e inacabable. Una energía desperdiciada cuando tantos hogares no pueden o tienen dificultades para conseguir la que imponen grandes empresas y Gobiernos. Actualmente las rentas más bajas cuentan con el bono social que abarata su precio pero, indica Nuria, no es más que un parche que no soluciona el problema.

La energía, sin lugar a dudas, es un derecho y quienes principalmente tienen las dificultades para pagarla son los hogares monoparentales, las personas mayores solas, las rentas bajas, los edificios mal acondicionados (el dinero se escapa por las rendijas).

Pasa Nuria a explicar la creación en Cáritas del Grupo de Incidencia para consolidar una postura y aprovechar oportunidades:

  • agentes y participantes estamos igual de desinformados y desprotegidos;
  • es una oportunidad para incorporar voluntariado joven más experto en tecnología para que pueda asesorar;
  • podemos promocionar los cambios en tarifas más adecuadas, promover la responsabilidad en el consumo;
  • podemos formar en derechos;
  • cuidamos de la Casa Común;
  • podemos dar ejemplo de otro modelo económico;
  • las renovables son un gran yacimiento de empleo: podemos adelantarnos y empezar a formar gente;
  • nuestros templos parroquiales pueden ser núcleos de autoconsumo compartido.

Pregunta Nuria «¿por dónde empezamos?»

Pues, dice, debemos conseguir el derecho a la energía y una tarifa energética social por tramos, pasarnos a las renovables, sensibilizar y crear opinión, interesarnos por la formación energética, acompañamiento en trámites, formación en consumo responsable y eficiente…

Nosotros, Cáritas, desde 2015 hacemos muchas cosas: con las Universdades, encuentros con otros (técnicos interesados en la pobreza), congresos, formamos parte en la ciudad de València de la red Connecta Energía, propuestas, cursos…, porque la pobreza energética es una realidad que aporta datos sobrecogedores y Cáritas trabaja para conseguir un nuevo modelo energético sostenible.

Mª José Varea
Voluntaria

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