Pobreza

Pobreza


Una buena lección. Una gran lección. Creyó que se había creado entre su grupo y María una relación afectiva y de simpatía mutua que la animó a dar un paso más.

Hacía unos meses le pidió opinión sobre cómo repartir unos alimentos y la reacción de María fue de organizar ella los lotes y darle una buena explicación de cómo se debía hacer:

– A ver. Quita, quita.

Pensó que hacerla partícipe de su trabajo a María le había hecho sentirse útil y eso era muy bueno. Y quiso poner algo de orden en la particular vida de esta mujer. Quiso entrar en su casa, con la escusa de tomar un café y, poco a poco, proponerle pequeñas tareas de higiene y de  limpieza.

– María, ¿nos invitas a Tina y a mí a tomar café una tarde en tu casa?

– No tomo café.

– Bueno, María, pues una manzanilla…

El gesto de María, a la defensiva. Extraño gesto, extraña mirada.

– No sé por qué quieres venir a mi casa. ¿Qué quieres ver?

Una disculpa.

– No, María. Nada. Sólo por pasar un rato contigo.

Unas semanas después María fue a buscarla y, dolida y ofendida, balbuceante como una niña, le dijo que Cáritas no es ir a su casa a nada, que es ayudarla y ya está, que…

Ella quiso de nuevo disculparse, pero María no atendía a razones y comprendió la tremenda intromisión que había intentado hacer en la vida de esta vagabunda vocacional que un día decidió ser libre, sin ataduras, sin responsabilidades, sin normas, sin condicionantes. Vivir en la calle con los alimentos que buenamente le quisieran proporcionar y alguna manta para protegerse del frío en invierno es todo lo que necesitaba para estar feliz. A cambio ofrece sonrisa y conversación. El amor la llevó a compartir una mísera casa donde tampoco existen las normas ni las responsabilidades.

María quiere vivir así. Nunca se queja. Nunca debe estar enferma. Nunca está triste o de mal humor. Nunca pide nada.

Ella creyó que ésa no era una forma adecuada de vivir y quiso cambiarla  sin darse cuenta de que la pobreza, elegida libremente, en la que vive esta mujer es el bien más preciado que tiene y lo defiende con coraje, con obstinación. Seguirán ayudándola, claro que sí, pero de otra forma.

Mª José Varea
Voluntaria

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