Por qué ser voluntario en Cáritas

Por qué ser voluntario en Cáritas


Entre las experiencias de nuestro voluntariado, hoy podemos leer un texto de Joaquín Esteve, que acaba de “jubilarse” como director de Cáritas Interparroquial de Puçol en la que ha estado muchos años. Aprovechamos para darle las gracias por este servicio tan generoso que ha prestado a lo largo de toda su vida.

Personalmente quiero manifestar por qué empiezo a tener actuación casi vocacional en los menesteres que Cáritas demandaba.

Cuando contaba con 15 años, ya sentía la necesidad de tener contacto con la gente más necesitada y desprotegida.

Un día, llega a mis oídos que había un muchacho de mi edad que, además de ir con muletas por sufrir minusvalía, se encontraba en cama por la gripe. Una mañana decido visitar a “Vicentico”, que es como se llamaba el joven, para hacerle compañía un rato. La puerta de la casa estaba entreabierta. Doy unos golpecitos para llamar la atención y desde el interior de esa pequeña casa donde vivía una familia muy humilde, me contestaba Vicentico. Me apresuro a decirle quién soy y si me conoce, a lo que me contesta que sí. Le digo que he venido solo y si puedo entrar en la habitación, a lo que me contesta: ¡sí, pasa! Entro en aquella diminuta habitación y le pido permiso para coger asiento. Él, con una sonrisa de satisfacción me dice que sí, por lo que estoy un buen rato charlando con él.

Pensativo, de vuelta a casa no se me iba de la cabeza la incomodidad con que ese joven de mi edad podía soportar su enfermedad en aquel lecho.

En aquella época, Cáritas, desde América, nos mandaba leche en polvo, queso, alubias y colchones que, según los entendidos, eran de muy buena calidad.

Este colchón se tenía que solicitar, por lo que empiezo la gestión consiguiéndolo rápidamente. Cuando este llega a Puzol, lo cojo sobre mis hombros y se lo llevo a su casa. ¡Qué satisfacción poder ver a Vicentico tan contento!

Pasan unos días y este agradecido joven viene a mi casa a visitarme. Le digo que se siente y con gesto de agradecimiento saca de su bolsillo un “algo” y me dice que había podido recoger un poco de dinero para hacerme un regalo. Me entrega una cajetilla de tabaco Bisonte. Yo no fumaba, pero ese gesto me sirvió para darme cuenta de que, a lo largo de mi vida valdría la pena mantener mi compromiso solidario y altruista. ¡Qué gran elección!

Esta vivencia y muchas más, han sido mi felicidad a lo largo de los 65 años de mi voluntariado; siempre he recibido más de lo que yo he podido dar.

Joaquín Esteve Durbá
Ex-director de Cáritas Interparroquial de Puçol

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