Prevención del suicidio en niños, niñas y adolescentes

Prevención del suicidio en niños, niñas y adolescentes


Quizás sorprenda el tema en este encuentro formativo del programa de Familia e Infancia, porque hablar de suicidio en la infancia y en la adolescencia debería ser impensable, pero los datos, en esta sociedad nuestra en la que parte de la influencia sobre los más pequeños, los más vulnerables, queda en manos de lo que de Internet y redes sociales puedan obtener, obliga, a detenerse y conocer este problema, este riesgo que convive entre nosotros.

¿Han oído hablar del juego en Internet La ballena azul? Atrévanse, por favor, a echarle un vistazo y entenderán la necesidad de hablar de esto.

Buena parte de las personas asistentes a esta jornada, responsables, personal técnico y voluntariado de los diferentes proyectos de familia e infancia de nuestra diócesis son gente muy joven, treinta y pocos de media, vinculados, fundamentalmente por vocación, a la atención a la infancia y la adolescencia.

El Encuentro se inició con la presencia de Carlos Chova, subdirector de Cáritas Diocesana quien califica de regalo el contar con la Fundación ANAR y sus más de cincuenta años de experiencia en la ayuda a niñas, niños y adolescentes en riesgo, para impartir esta formación. Tras la lectura del evangelio del día y la oración “Escojo la vida”, Ana Sánchez, psicóloga de ANAR, nos muestra esta terrible realidad, los factores de riesgo, las señales de alarma, los mitos y cómo actuar.

Califica Ana Sánchez de tabú el tema del suicidio infantil, pero tema, problema, que debemos conocer para prevenirlo. Tema muy delicado e importante por su amplia gama de comportamientos ya que los casos de conductas suicidas, ideación, intento de suicidio y autolesiones, no dejan de aumentar. Una situación ambivalente en la que no se esté decidido a morir sino a colocarse (evadirse) puede llevar a pasarse y a la muerte.

Es el suicidio la segunda causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años y son las mujeres las que más lo intentan y un porcentaje corresponde a niñas menores de 10 años. Una cuarta parte de las muertes por suicidio se producen en adolescentes y en menores de 25 años. Problemas en la familia y fuera de ella, soledad, son los desencadenantes de  estas situaciones. En la adolescencia (periodo complicado y crítico) cualquier cosa (no me siento integrado/no me gusta mi imagen/nadie me comprende/la muerte de un familiar/me ha dejado mi novio) producen un sufrimiento emocional tan intenso que no ven salida. Suele ser un impulso en un momento de crisis, de desesperación. La empatía, la calma y trabajar mucho la comunicación son las claves para tratar una situación así.

¡No digáis nunca que son cosas de la edad!

El suicidio, sigue Ana Sánchez, conlleva una amplia gama de conductas. Dan muchas señales de alarma. Piden ayuda desesperadamente pero no saben cómo hacerlo.

Por otra parte existe mitos que bloquean nuestra capacidad de entendimiento tales como:

  • hablar del suicidio puede incitar a cometerlo;
  • quien lo dice no lo hace y quien lo hace no lo ha dicho;
  • quien se ha suicidado tenía una enfermedad mental;
  • la persona con conducta suicida está dispuesta a morir;
  • solo las personas mayores y con problemas graves se suicidan;
  • quien haya sido suicida una vez nunca dejará de serlo; el mayor riesgo es a corto plazo, pero no es permanente;
  • solo profesionales de la psiquiatría pueden prevenir el suicidio: hay que apoyarse en profesionales pero cualquier persona puede, con calidez, entenderle y dejarle hablar;
  • el suicidio no se puede prevenir; sí se puede si sabemos sus causas porque aparecen muchas señales de alarma.

Aborda Ana Sánchez los factores de riesgo entre los que se encuentran la situación familiar, el aislamiento o la incomprensión. Conocer los factores nos permite realizar una prevención:

  • trastornos mentales como depresión (visión negativa de sí mismo, del entorno y del mundo), anorexia (patrones mentales muy rígidos) y conducta antisocial (rebeldes, en contra de la norma);
  • antecedentes personales de intento de suicidio;
  • factores psicológicos que tienen que ver con la personalidad (introvertidos que no encuentran un igual con quien relacionarse), elevada autoexigencia, impulsividad, apego (te quiero porque eres mi padre pero no confío en ti);
  • acontecimientos vitales estresantes (maltrato físico, acoso sexual, orientación sexual, muerte de padres, divorcio, abandono –niños de acogida que tienen una alta lealtad a sus padres biológicos– o déficit de habilidades sociales  entre otros).

Entre los factores de protección destacan la cohesión familiar (optimismo, hablar con ellos con calidez y de forma realista) y con el grupo de iguales (favorecer actividades de grupo) y el apoyo social de calidad y consistencia (poder hablar de temas difíciles).

Las señales de alarma antes de consumar un suicidio las divide Ana Sánchez en verbales y no verbales.

Entre las verbales se encuentran:

  • sentimientos de desesperanza (me gustaría dormir y no despertarme);
  • sentimiento de culpa y vergüenza (yo no valgo nada);
  • sacan temas sobre la muerte;
  • despedidas inusuales;
  • influencia de las redes sociales, televisión o Internet (son brutales);
  • amenazas sobre querer hacerse daño (me gustaría desaparecer, la muerte es buena, autolesiones);
  • odio hacia sí mismo (creen que no valen nada y su vida tampoco).

Las no verbales serían:

  • cambio de conducta habitual;
  • existencia de un intento previo de suicidio;
  • conductas imprudentes y temerarias (drogas, alcohol);
  • tristeza patológica (paso de todo);
  • problemas de rendimiento y absentismo;
  • aislamiento social prolongado;
  • autolesiones.

En cuanto a las pautas para actuar cuando se detecta una ideación suicida, es importante solicitar siempre el recurso de un especialista, antes de que haya un intento de suicidio, y después. Hablar con los padres. Siempre habrá que evaluar cómo es ese niño y cómo se comporta. Adentrarse gradualmente, crear un clima de comunicación y confianza, que exprese sus sentimientos con sus palabras. Para establecer una dinámica de confianza es preciso averiguar su día a día, verbalizar la preocupación con tranquilidad y calma, adelantarse a su miedo, no sobrereaccionar, no sobreprotegerle, hablar de cómo resolver sus problemas, ayudarle a analizar qué compañeros son buenos, averiguar qué le avergüenza, trasmitir la idea de transitoriedad, implementar actividades de grupo y físicas. Las preguntas que se le hagan, para que sean útiles, deben ser claras, concisas, hacer todas las que sean necesarias mostrando preocupación, interés y empatía.

Finalmente Ana Sánchez plantea la peor de las situaciones:

¿Qué hacer después de un acto de suicidio? Si no se ha consumado, mantener una actitud de normalidad (aparente). Si se ha consumado el suicidio, comunicarlo de forma cautelosa y objetiva, favorecer la expresión de sentimientos. Evitar los sentimientos de culpa.

No hay palabras para expresar lo que se siente tras esta exposición de la fundación ANAR. El dolor en las niñas, en los niños, debiera ser antinatural y el dolor extremo que les lleva a desear no existir obliga a volver la mirada hacia la propia sociedad en cuyo seno se desarrollan esos sentimientos.

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 2 comentarios

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  1. María José Muñoz

    Gracias MªJosé por exponer esta realidad.
    La asociación Viktor Frankl, en Valencia, trabaja sin ánimo de lucro en acompañamiento a personas que pasan por esta experiencia.

Hay 1 comentario

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