Que salga la sonrisa

Que salga la sonrisa


Es lo que  dice Khalid Azougagh cuando le voy a hacer la foto que ponga cara a esta charla. Nos reímos buscando la mejor “pose”, pero no es cuestión de risa, es muy seria su experiencia, muy importante, pero desprende sonrisa por todas partes. Porque él ha querido sonreír a la vida a base de reflexión y de lucha, porque la vida le devuelve la sonrisa que tan justamente se ha ganado.

El testimonio de Khalid que sigue a continuación es suficiente para sorprender y para causar admiración. Su gran capacidad de análisis de la realidad, de su realidad, es un ejemplo de superación, de debilidad  humana transformada en coraje, en fortaleza y en agradecimiento.

La calle le arrebató la dignidad. La generosidad de personas, como las del proyecto Mambré,  dedicadas a aliviar sufrimientos, se la devolvieron con creces. No sólo le ofrecieron un programa de reinserción, sino amistad y, más aún, una familia. Esta familia, obtenida tan gratuitamente, le obligó a no bajar la guardia, a agradecer y a corresponder con lo mejor que tenía, con él mismo. Khalid, voluntario ahora del mismo proyecto que le acogió, araña de su tiempo libre las horas precisas, además de para seguir formándose, para ser un testimonio vivo, un “si quieres puedes”, un “hazlo que merece la pena”.

Tuvo que llegar al fondo para salir del pozo profundo. La pérdida de confianza en sí mismo y en los demás, el miedo, las molestias de la gente…

– ¿Las molestias de la gente?

– Entrar en un bar, ni afeitado, con ropa un poco sucia, con olor a calle, sentarte, porque tienes un euro para tomar un café, y sentir la mirada de la gente… Esa mirada te mata por dentro, te sientes rechazado, perdido… En ese momento necesitaba alguna palabra,  un abrazo, y nadie me lo daba.  

Estaba por aquí tirado, en el río, en la calle La Paz, buscando chatarra, juntándome con gente que era peor que yo. Peor que yo en el sentido de los vicios…

El recuerdo de mi hijo que iba cumpliendo años y se preguntaría “¿Dónde está mi padre?” me martilleaba en la cabeza y me llevaba a buscar una salida. ¿Qué ejemplo de padre le estoy dando a este niño?

Apareció Daniel, voluntario de Cáritas, y me dijo: Khalid, si me prometes que vas a aprovechar esta oportunidad, yo te voy a ayudar. Habló con Mambré, con Jose…

Una vez allí, miras a tu alrededor y piensas –yo, que he sido una persona normal con un trabajo, con dinero, con la vida solucionada, caigo en  el horror, ahora estoy aquí para hacer un programa para insertarme en la sociedad. Te sientes raro, pero pasan los meses, ves los frutos y entiendes que te faltaba eso. Aprender a administrar el dinero, cumplir con la responsabilidad que tienes, limpiar, ser puntual, beneficiarte a nivel humano, enriquecerte en formación…

Miguel Ángel, otro voluntario, me echaba una mano hablando, enseñándome cosas, me apoyaba psicológicamente. Lo que hiciera falta.

Y Pere, educador, una vez que tenía un juicio en Madrid por el divorcio y estaba nervioso, me dio un abrazo y me dijo: Khalid, si pierdes a tu familia, aquí tienes tu familia. Y ahí me dejó… Me dejó con un sentimiento de gratitud que me obligaba a no fallarles, a volver aquí.

– Ahora todo eso es un recuerdo. Todo ha cambiado.

– Sí. Tuve un trabajo en Alzira, durante un año, por medio de otro voluntario. A punto de firmar otro contrato en el  aeropuerto, me dijo María que si quería trabajar con ellos en Arrop@ y no lo dudé. Ese era mi lugar, trabajando, aportando todo lo que sé, aprendiendo cada día…

Mi hijo pasa las vacaiones  conmigo, mando dinero a mi ex pareja, la ayudo lo que puedo. Tengo una vida tranquila. Disfruto de pequeñas cosas que en realidad no son tan pequeñas. Vivo minuto  a minuto, pero cada minuto disfruto de él. Ahora soy uno más. Ya he hecho mi hueco en esta sociedad. A lo mejor otra gente piensa que esto son chorradas, pero cumplir con el alquiler, con el agua, la luz, mi hijo, ir bien vestido, ahorrar un poco… Esa vida es maravillosa, pero hay que saber vivirla.

Cuando estaba en Alzira hice un curso on-line de voluntario pensando que algún día podría venirme bien, podría yo aportar algo…

 

Se ha ganado Khalid, a pulso, la sonrisa de la vida y no quiere quedarse con ella. La ofrece, la brinda a todo aquel que pasa por este Mambré, tan querido por él, con hambre de abrigo y de acogida.

Mª José Varea
Voluntaria

«Quizá no sea necesario detallar las causas que motivaron el hecho de que cayera en la bebida y en la droga, pero sí sus consecuencias, que fueron las que me llevaron a la calle. Sería suficiente, sin embargo, decir que el motivo causante –tanto de la bebida, como de las drogas– fue un precipitado divorcio. Perdida la familia y el trabajo, caí en la soledad y la pobreza. Estuve viviendo en la calle en un tiempo no muy largo –medio año–, pero el suficiente para que me llevara a un gran deterioro tanto físico como anímico-espiritual. Entonces surgió el milagro de tener noticia de Mambré, un programa de reinserción social perteneciente a Cáritas,  al que me incorporé con cierto escepticismo y desconfianza, pero a la vez siendo consciente de que era mi única tabla de salvación. Y así fue efectivamente.

El trato que me dieron tanto educadores y educadoras como el voluntariado, hicieron que yo pusiera los medios a mi alcance para dar solución a cada uno de los problemas, y también –por qué no decirlo– para no defraudar a quienes habían apostatado por mí.

El tiempo fue pasando y con él consiguiendo una cierta seguridad y confianza en mí mismo, pero sabiendo también que nunca debería bajar la guardia. Mi buena disposición fue correspondida por un voluntario que me ofreció un trabajo y con él la posibilidad de mi reinserción en la sociedad.

Mi incorporación al mundo laboral me posibilitó poner por obra todos aquellos comportamientos y actitudes que el programa me inculcó: puntualidad, espíritu de responsabilidad y colaboración. Y fuera del ámbito laboral, en mi vida privada, el ahorro y la sujeción a un horario normalizado.

Durante este tiempo conté con la ayuda del director del programa y de algunos educadores, como la amistad también con algunos voluntarios. Con estos respaldos conseguí mantenerme firme en mi determinación.

Supuso para mí una gran alegría y satisfacción recuperar mi relación con mi familia, especialmente con mi hijo.

Mi afecto por Mambré me llevó a no desvincularme de él, y hacerle frecuentes visitas, hasta que un día surgió la posibilidad de devolverle lo que el programa había hecho por mí, entrando a formar parte de su voluntariado: anteriormente había realizado el curso que posibilita llegar a ser voluntario.

Mi incorporación al voluntariado de Cáritas ha supuesto para mí, además de una inmensa alegría, la satisfacción de poder devolverle lo que ha hecho por mí. Cada vez que acudo a dar la clase me parece un milagro la situación en la que ahora me encuentro: ayer era acogido, hoy soy voluntario. El poder ayudar a otros a que como yo salgan de la situación en que se encuentran también me supone un motivo muy grande de satisfacción.

Con lo que acabo de exponer se hace una idea, aunque breve, de la  ayuda que Cáritas a través de Mambré me ha dado para tener un techo, una familia y un trabajo. Ojalá muchos otros puedan beneficiarse como yo de este programa».

Kalid Azougagh
Voluntario

Hay 12 comentarios

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  1. Desde la Azotea

    Gracias por vuestros comentarios! Es muy guay saber que hay alguien ahí detrás.
    ¿Conocíais a Kalid? ¿Os ha interesado su historia por algo en especial?
    ¿No os gustaría contar la vuestra o la de alguien cercano? Ya sabéis que este blog lo hacemos entre todos. Esperamos vuestras propuestas, textos, ideas y sugerencias.

  2. Julio

    En mi opinión el caso de Kalid es un claro ejemplo de que sí se puede cambiar el mundo, un éxito rotundo de superación por parte de Kalid y la enhorabuena también a Cáritas y las personas que la constituyen que han conseguido, no solo ayudarle, sino abrir su corazón de manera que se despertó en él su vocación de voluntario. En conclusión “sí se puede cambiar el mundo”, puede que no sea posible cambiarlo todo de una vez, como nos gustaría, pues lo haremos de persona en persona hasta que lo consigamos.

  3. Marioly Ledezma

    Creo que ver saber de estas experiencias hacen que uno tenga más motivación para ayudar a tanta gente que con pequeñas cosas ya sienten que su vida tiene un futuro como el de todos los demás, a veces con solo un gesto se hace la diferencia, mucha gente necesita a veces solo una mirada distinta, una palabra que te haga sentir que tu eres importante en este mundo y eso se logra con la motivación que te da pertenecer a una Empresa de amor, como lo es Cáritas.
    Yo personalmente me siento identificada con Kalid, también tuve momentos difíciles cuando llegué a éste país y tuve la ayuda de Cáritas por un tiempo, fueron nuestro apoyo, una familia en quien apoyarnos cuando más lo necesitamos, es por eso que ahora que Gracias a Dios estamos en otra situación, tengo la necesidad de devolver de alguna manera esa ayuda y es por eso que quiero pertenecer a esta gran empresa que es Cáritas.

  4. Desde la Azotea

    Os reiteramos las gracias por vuestros comentarios! Esta es una de las entradas que más ha suscitado.
    Os invitamos a seguir leyendo y comentando entrdas en el blog, así como a mandarnos vuestros propios textos sobre vuestra experiencia con o en Cáritas. Esperamos vuestras propuestas, textos, ideas y sugerencias.

  5. Javier Almela

    “Entrar en un bar, ni afeitado, con ropa un poco sucia, con olor a calle, sentarte, porque tienes un euro para tomar un café, y sentir la mirada de la gente… Esa mirada te mata por dentro, te sientes rechazado, perdido…” ¡Cuántas veces nos encontramos en el café o en la cola del super personas como el Khalid de entonces!

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