Reflexiones (de un voluntario) sobre el voluntariado

Reflexiones (de un voluntario) sobre el voluntariado


Entré en Cáritas y elegí Mambré para hacer el voluntariado, que es un programa que trata de acompañar a las personas sin hogar a través de una inserción laboral, con un trasfondo humano y, según entiendo, con la firme creencia de que todos somos una gran familia. Para mí esa es la sensación que tengo al abrir la puerta en el centro.

En un principio empecé en el taller de cuidados asistenciales, en el que un grupo de chicos y yo visitábamos unas residencias, hablábamos con las personas mayores y era muy enriquecedor para todos: ellos se alegraban mucho de vernos y nosotros nos llenábamos de su sabiduría y del amor con que nos trataban. Mi sensación era como que nos sanábamos todos, tal vez ellos proyectaban su necesidad de encuentro con sus descendientes y nosotros veíamos en ellos a nuestros mayores.

De ahí me ofreció Pere si quería seguir mi voluntariado en jardinería y como a mí me encanta el huerto, de hecho tengo mi propia huerta, empezamos en esta actividad, con mucha ilusión. Fuimos Pere y yo hablando de lo que podíamos hacer… hasta que nos dimos cuenta de que sin poder labrar la tierra, poco podíamos, ya que la tarea de remover la tierra es dura y poco eficiente porque con la azada no se profundiza mucho. Y como Pere es como Macgyver, el de la serie de televisión, que con una caja de cerillas y un par de cables es capaz de inventar cualquier cosa, empezó a buscar…

Un buen día vi a Pere sonriendo y me dijo: mira lo que nos han donado. Era una estupenda motoazada. ¡Qué alegría! Ya podíamos ampliar esta actividad y los chicos están encantados. Creo que es la única actividad que les encanta a todos: labrar con la motoazada.

Desde aquí quiero agradecer a Pilar Uceda que, aparte de orientarnos en la jardinería como profesional, intercedió para que la Sociedad de Agricultores de la Vega (SAV) nos donara la motoazada. ¡Muchas gracias a todos!

También quiero compartir algo que he aprendido como voluntario. En un principio lo que buscaba era ayudar, emplear mi tiempo en algo que sirviera a los demás y así fue hasta que me di cuenta que era al revés, que yo comparto mi tiempo y lo que me llevo es diez veces más. Esa es la proporción que yo encuentro. Estar con los usuarios me ayuda a valorar lo que tengo: tengo salud, tengo comida todos los día, tengo una familia en la que me apoyo, tengo personas a las que quiero y con las que me siento querido… y la lista de agradecimientos es incalculable. La única diferencia que encuentro entre los chicos y yo es la suerte de haber nacido y ser criado en mi familia. Doy las gracias por ello, estoy seguro de que si mis circunstancias hubieran sido otras, mi realidad actual sería diferente.

Por eso yo me siento tan agradecido de este voluntariado, porque me enseña a valorar lo que tengo. Realmente esa es mi práctica diaria que hago al levantarme, agradecer todo lo que hay en mi vida y asombrosamente, mi día es más tranquilo y amoroso.

Y acabo con una frase: “lo que das te lo das y lo que quitas te lo quitas”.

Pascual Miralles
Voluntario

Esta es una de las entradas más leídas del curso pasado que estamos recuperando para ti, lector y lectora, a lo largo del mes de agosto.

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