Regalo de cumpleaños para Yakob

Regalo de cumpleaños para Yakob


Yakob, con todo lo que tú has pasado, ofrecerte como voluntario para recibir al Aquarius y que la Generalitat os premie por ello, debe ser para ti muy importante.

«Estaba esperando el momento para ayudar, para devolver el favor. Yo estuve justo en la misma situación y necesitaba hacer algo. Fue un día de antes de mi cumpleaños cuando me llamaron y fue un buen regalo. Mira, quería salir de Siria porque tenía que ir al servicio militar. Te obligan a matar gente y yo no quería. No quiero hacer daño a nadie. Pero en un ataque una bomba me hirió gravemente. Me salvé y eso me hizo decidirme a salir de allí. Mis padres me pagaron el billete del barco a Turquía porque la mayoría de la gente va allí y me dieron doscientos dólares. No podían hacer más. Lo más importante es salir de la guerra. En Turquía, me quedé tres meses con una vida muy difícil. Encontré un trabajo de catorce horas al día y me pagaban trescientos euros al mes. No aguantaba todo eso y el marido de mi prima que tenía un poco de dinero me dijo que podíamos ir a Europa en patera. Habló con un mafioso y quedó que nos iríamos con él a Grecia. Sería duro y difícil porque no sabías si ibas a morir. Nos dijo que la patera era de nueve por cuatro metros y que éramos treinta personas. Cuando llegamos había cincuenta y cinco personas más los niños. Era de segunda mano. Mi prima iba con el niño, de once meses. Salimos y, aún en la playa, a diez metros de la orilla, explota. Tuvimos que tirar todas las mochilas y salir. El mafioso se fue corriendo. Buscamos a otro y al final nos mintió también. Nos llevó cinco horas andando, con niños y todo, pasamos hambre y mucho cansancio físico. No podíamos salir porque había mucho viento y mucha lluvia. El mar estaba muy loco de olas. Era morir, sí o sí. Al otro día, a primera hora, el mar estaba un poco mejor y decidimos salir porque allí nos trataban muy mal y teníamos mucha hambre. Sabíamos que podíamos morir pero eso era mejor que vivir así.

Llegamos a una de las islas griegas. Todos. Llegamos agotados. Era  febrero. La gente nos trató muy bien. Nos dieron una autorización para quedarnos seis meses en Grecia o para pasar a otro país de Europa. Yo no quería quedarme. Quería buscar un buen futuro. Con la familia de mi prima fui a Atenas y de allí al Norte de Grecia, a Salónica. Luego a Idomeni en la frontera con Macedonia. Allí había mucha cola para pasar.

Mucha cola y mucha lluvia. Nos tuvieron sin dejarnos pasar. Éramos más de quince mil personas. Nos dieron números para pasar. Cada día lo hacía un grupo y cuando faltaban tres números para llegar al mío cerraron la frontera y nos dijeron que ya nadie podría pasar. Fue un golpe muy duro. Aun tenía como una esperanza y esperé allí un mes, en la tienda de campaña. Intenté varias veces pasarme de manera ilegal con gente mafiosa. No se pudo. Al final encontramos unos periodistas que dicen que vamos a organizar un gran grupo para pasarnos de golpe y seguramente nos dejarán pasar. Si no, ¿qué hacemos? Simplemente volvemos y ya está.

Fuimos como trescientas personas. Había mucha policía esperándonos. Con helicópteros, con perros, con armas. Nosotros, con niños y con el pecho al descubierto. Nos pegaron. Era marzo. Nos pararon y nos devolvieron a Grecia. La familia de mi prima y yo volvimos a Atenas porque oímos que allí había un programa de acogida que reparte la gente por Europa. También había mucha gente en cola y era difícil. Estuvimos esperando cinco meses. Daban fecha de seis meses para la entrevista. La familia de mi prima tuvo suerte y les dieron fecha para tres meses. Ahora están en Francia, muy bien, con trabajo y aprendiendo francés. A mí me llamaron en septiembre y me citaron para octubre. Elegí España porque en Grecia había muchos voluntarios españoles, muy buena gente, que me ayudaron un montón. Y llegué a Madrid en diciembre. De allí fui a Berga, en Barcelona, a un centro de acogida. Me quedé allí ocho meses esperado los documentos. Un mes después me dieron una tarjeta roja como que era legal y en seis meses más me dieron otra con permiso de trabajo.

Vine a València en agosto del año pasado porque aquí tenía una amiga. Una amiga que era voluntaria en Grecia y era una persona muy buena que me ayudó mucho. Me presentó a su compañero de piso y él me ha presentado a su madre que me ha ayudado a encontrar trabajo.

Cuando llegué a València no tenía piso y me fui a vivir con esta familia de L’Eliana. Viví con ellos cuatro meses. Me llevaron a Cáritas, me hicieron una entrevista y ahora estoy trabajando en Koopera, la empresa de inserción de Cáritas.

Cuando ya estaba bastante bien y trabajando quise vivir independiente. Ahora comparto piso en Benimaclet. Como chico joven que soy me gusta salir y tener amigos.

Unos días antes de mi cumpleaños vi un link en el que anuncaban la llegada del Aquarius y que necesitaban gente, intérpretes y traductores. Lo que se pudiera hacer. Puse mi correo porque pensé que a lo mejor podía hacer algo. Al día siguiente me enviaron un correo pidiendo confirmación. Nos hicieron una entrevista grupal para explicarnos lo que teníamos que hacer. Fuimos el 17 de julio, a las cinco de la mañana. Estoy acostumbrado pero fue un día muy duro, hasta las cinco de la tarde. Había mucha gente que necesitaba ayuda. Me gustó mucho ese trabajo. Pensaba que lo estaba haciendo muy bien. Pensé que me gustaría dedicarme a eso. Muchísimo. En Siria estudiaba Traducción. Al día siguiente, domingo, era el día de mi cumpleaños y me fui con los que llevaron a Cheste. Después me volvieron a llamar y he hecho todo lo que podía.

Después me llamaron de la Generalitat Valenciana y me dijeron si me gustaría ir a recoger el premio, la alta distinción de la Generalitat Valenciana al dispositivo del Aquarius, de la mano de Pedro Sánchez, presidente de España. Había muchos políticos.

Estuvimos, otra chica, un emigrante, su compañera Vanesa de CEAR y yo. Uno de mis sueños es trabajar en esto, ayudando a la gente. En Siria estuve de voluntario también, con Cruz Roja.

Ahora estoy preparando documentos para que mi familia venga a València y quiero retomar mis estudios en cuanto pueda».

Yakob Tyara, veintitrés años, el rostro aniñado y una fuerza tierna y sosegada en la mirada. No quiere matar, no quiere hacer daño a nadie. Resignado, en más de una ocasión, a morir y con una determinación inmensa a no perder la esperanza de encontrar un mundo mejor donde dedicar su vida, su sueño, a ayudar a la gente.

Mª José Varea
Voluntaria

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