Tarjeta de Navidad

Tarjeta de Navidad


Un folio y un bolígrafo. Una letra hecha con esmero. Es suficiente para desnudar un alma, un alma frágil, perdida, para expresar el afecto y el agradecimiento a quien llama amigo.

«Te deseo de corazón que sigas siendo el mismo hombre, amigo y persona que he conocido»

Un deseo íntimo, no de felicidad ni de prosperidad, de que quien llama amigo no cambie, porque su manera de ser hombre-amigo-persona está por encima de cualquier otra buena posibilidad.

«Porque eso hace grande a la gente que te conoce y te rodea»

Palabras grandes,  sensibilidad preservada de quien, recluso entre reclusos, escribe unas líneas al que desde la Pastoral Penitenciaria le ha brindado un tesoro de acompañamiento, de cercanía, de preocupación, de interés… y mucho más que eso porque le ha hecho sentirse “grande”. Sentirse grande, dice. ¿Querrá decir hombre nuevo?, ¿querrá decir  amigo de verdad?, ¿querrá  decir  persona entre las personas de la calle, con los mismos derechos y posibilidades?

«Tu trasmites eso, amor, amistad, humildad y sobre todo empatía»

Agradecimiento debe sentir el receptor de esta tarjeta de Navidad al leer estas líneas. Agradecimiento a Dios por darle los extraordinarios recursos emocionales para hacer bien lo que más le gusta hacer: estar al lado de los hombres y mujeres que se reincorporan a la vida en la calle, siendo su apoyo, su guía, su familia.

«Tu fuerza es infinita y tu bondad bonita, como tu interior y alma»

Son la fuerza y la bondad de Dios puestas al servicio de los últimos de los últimos. Son la ofrenda de un hombre bueno a las personas desechadas por otros hombres y mujeres “buenos”.

Aquí se encuentra el verdadero nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios.

Mª José Varea
Voluntaria

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