Trabajar con el corazón

Trabajar con el corazón


«Ayer por la tarde, lunes, estaba esto lleno de gente. No solo viene gente de Alboraya. Vienen de Valencia, de Tabernes…. Queremos atender bien y no decimos que no a nadie. Nosotros siempre informamos de la parroquia a la que pertenecen, que vayan, que pregunten, que se inscriban. Funciona mucho el boca a boca. Si les dicen que les han dado trabajo aquí, pues vienen. Todo enfocado al empleo, pero acude gente, sobre todo mujeres, con otras problemáticas, buscando información, consejo… Todo se va generando en unas dinámicas de gestión según las necesidades. Para el tema de empleo tuvimos, el curso pasado, una reunión con las técnicas del Área de Economía Social de Cáritas Diocesana y con la coordinadora de la Vicaría, Teruca, y surgió una iniciativa muy chula, muy interesante. Nos estuvieron comentando la importancia del tiempo de espera de las personas que acuden aquí. El salón de espera había que aprovecharlo y se creó el equipo de CONVERSA para trabajar la expresión oral. Hay mucha gente que viene de fuera, sobre todo de Ucrania y de Georgia, con dificultades en el idioma y aprovechamos ese espacio de espera para crear un clima de calor y de acogida. Compramos una cafetera y, con un cafenet delante, Isabel, otra voluntaria de empleo, provoca esa conversación que las ayuda a soltarse con el castellano. Por ejemplo, ayer, Isabel le pidió a una de las asistentes que explicara qué desayuna la señora a la que cuida. Le costó y se llevó como deberes para el próximo lunes que les contara qué desayunos se pueden tomar. Es ayudarlas a que se expresen y se vayan lanzando. Y salen diciendo lo bien que lo han pasado. Es sacar lo mejor de ellas, darles pie a desinhibirse, a relacionarse».

Amparo Climent, directora del equipo de empleo de Alboraya, es la que nos explica cómo se articula la bolsa de empleo que gestionan entre cuatro voluntarias, ella, Mireia, Rosa e Isabel, y el apoyo del personal técnico de Cáritas Diocesana. Entrevistas, fichas, archivo, formación, seguimiento, asesoramiento, derivación y mediación para llegar a acuerdos, al servicio de quienes acuden, mayormente mujeres, en busca de una salida laboral. Personas inmigrantes y también de aquí, sin ingresos, con situaciones familiares complicadas, que solo buscan encontrar una estabilidad económica que les permita simplemente vivir.

«Le damos mucha importancia a la formación. El año pasado hicimos un taller prelaboral de costura y siempre participando señoras del pueblo a las que la experiencia les resulta extraordinaria. En febrero próximo, que será el quinto año, repetiremos: derechos laborales, también cuidados a personas mayores, conocimiento de la sociedad valenciana, musicoterapia y la paella.

Como decía, esto funciona mucho por el boca a boca. La gente que emplea a personas que les enviamos nosotras, si está contenta, lo comenta entre compañeras de trabajo, familia y amigas.  Empleadas de hogar, cuidadoras de enfermos y de mayores es lo que más podemos ofrecer».

Recuerda Amparo que a mediados de los noventa, en la época de la gran expansión económica, se construyeron grandes promociones urbanísticas y vino mucha gente a vivir a Alboraya. Gente que trabajaba y necesitaba alguien que les cuidara la casa, que se ocupara de los niños, de las personas mayores o de los enfermos. Llegaron también muchos migrantes en busca de empleo. La parroquia contaba con un grupo de amigos muy vinculado a ella, que estaba en todo, ayudando y apoyando. Vieron la urgencia de organizar esa demanda y oferta de trabajo. Es cuando crearon el Equipo de empleo. Se daba trabajo a todas las personas que venían solicitándolo y eso que la cola llegaba «hasta allá». Gentes sin nada que acudía al párroco y le decían que no tenían ni dónde dormir. Y se iba corriendo la voz de que allí daban trabajo a todo el mundo. Ha sido, y es, una labor preciosa.

El grupo de Cáritas ya existía entonces y hoy tiene una labor excelente con acogida, economato, tienda Arropa que ha sustituido al antiguo ropero, abierta a toda la gente que quiera, a un precio simbólico y con prendas muy bien, el proyecto Somriure de repaso escolar a niños y niñas de familias en situación de riesgo de exclusión y este equipo de empleo.

«Otra cuestión que hemos tenido que tratar con mucha firmeza y mucha delicadeza a la vez es el tema del pañuelo y del color de la piel. La gente tiene algunos reparos. “No somos racistas, pero…” “Fíese de lo que le decimos. Es muy buena chica, trabaja muy bien, va a quedar muy contenta”. Y se van cambiando tantas mentalidades que, a su vez, ayudan a cambiar otras muchas mentalidades.

Esto es un  tejido que se va formando. Podría contar cosas maravillosas. Nos vamos de aquí y vamos dando gracias por hacer este trabajo, con el corazón sufriente también, porque hay historias sangrantes. Aquí lloramos todas. Nos gustaría abrazar su situación, su vida, su todo. Y no siempre podemos. La necesidad no siempre va ligada a la empleabilidad. Alguna vez hemos fallado porque hemos visto tan mal a la mujer, que hemos pensado que dándole el trabajo le solucionábamos el problema. Y no es así. Es una equivocación. A veces no están preparadas para el trabajo y hay que ofrecer la formación, algo que les recupere la autoestima. Están tan hundidas que no tienen energía para emprender una tarea. Con todo el dolor del alma, pero primero tienen que recuperarse. Y lo sorprendente es que vamos encajando las piezas».

Mª José Varea
Voluntaria

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