Un cuento

Un cuento


A quién esto escribe le gustan mucho los cuentos. La verdad es que tiene suerte porque se los encuentra por todas partes. Se los encuentra dentro de ella misma, entre su gente y también en los desconocidos. Una vez se encontró uno en un tren y bueno, bueno… Estaba tan entusiasmada con el hallazgo que pasó su parada, paso otra… y otra… Pero eso es otra historia, es decir, otro cuento.

Hoy quiere contaros un cuento precioso, un cuento de amistad y de cariño, de familia.

Pues de eso se trata, de una familia. De una sencilla familia. De una familia muy especial en la que se da y se recibe, en la que se trabaja, en la que hay comprensión y, a veces, también alguna regañina. Es decir, una familia como otra cualquiera.

“Esto era un pequeño grupo de Cáritas que se formó en una época de bonanza social y económica. Su principal cometido era estar presente en la liturgia e ir empapándose del ideario de las Cáritas.

Con el tiempo cambiaron las circunstancias y una prolongada crisis se abatió sobre la sociedad.

El grupo estaba preparado para asumir la nueva situación y la parroquia a la que pertenecía se volcó ofreciendo su apoyo para lo que hiciera falta.

Empezaron a acudir familias variadas con formas de vida, edades y problemáticas diferentes. Se las orientaba y ayudaba en la medida de lo posible. Las escuchaban en sus necesidades y en sus angustias. Les proporcionaban periódicamente los alimentos que podían.

Pasó el tiempo y las familias fueron cambiando, aunque algunas seguían acudiendo al grupo. Por diversos motivos dependían, en buena medida, de esta ayuda para vivir.

Y no se sabe cuándo, ni cómo, se produjo el milagro, se formó un lazo de unión; un algo especial nació entre ellos que venía a parecerse a una pequeña familia. Se sentían vinculados unos a otros de tal manera que la relación no se establecía entre quienes podían ayudar y entre quienes necesitaban. Surgió la amistad, el vínculo extraordinario y quien, en un principio solo pedía, les enseñó el coraje de la supervivencia sin recursos y la admiraron por su imaginación y su entereza. Y aprendieron de ella.

Y quien les enseñó que las veleidades de la vida pueden aniquilar a una persona y que un trabajo honrado es el mayor tesoro que puede tener un hombre joven. Y aprendieron de él.

También, cómo puede la adversidad y la desgracia unir a una familia para salir adelante y cómo ofrecen lo que les queda, sus conocimientos y sus manos, a quien les ayuda. Y aprendieron de ellos.

Está la mujer de la Biblia, fuerte y erguida, dadora de vida, endurecida a base de desvíos y de sufrimiento; madre por encima de todo y pese a todo; con un solo patrimonio: sus ganas de vivir. Y aprendieron de ella.

Y la niña madre, con el candor y la virginidad en la mirada, tan pendiente de sus hijos, tan desvalida, tan confundida, tan niña. Y la acogieron como hija.

Y como cabeza de familia siempre Cristo dando fuerza y luz, trazando caminos…”.

Mª José Varea
Voluntaria

Hay 2 comentarios

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  1. Carmen Herraiz Gozalvo

    A nuestro grupo de Cáritas nos pasa algo parecido a lo del cuento. Tambien valoramos mucho el coraje que algunas familias tienen para vivir con un subsidio de pena, como 150 € y cantidades así de ridículas que les dán los Servicios Sociales. Y aún así, sonreir y contarnos sus problemas de no poder pagar la luz, el agua etc. sin desesperación. De verdad que nos enseñan a vivir y considerar importante lo que realmente es. Para ellas somos como una prolongación de sus familias, por la confianza que se genera entre todos.

  2. Maria Jose Muñoz

    MªJosé tu texto es tan entrañable como siempre, gracias por esa sensibilidad tuya que siempre me sorprende y me ayuda en mi caminar.

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