Una charla en el proyecto Hiedra

Una charla en el proyecto Hiedra


Cáritas Parroquial María Medianera expresa su razón de ser con estas palabras:

«Somos el compromiso de esta comunidad cristiana para vivir la fe con las personas más desfavorecidas y trabajamos por su promoción integral. Queremos ser un espacio de encuentro, de acogida y de inicio de procesos personales de reinserción social. Queremos… ser animadores de compromisos, descubrir situaciones de necesidad, sensibilizar, ofrecer cauces y promover acciones».

Su casa está llena de ventanas que se abren al mundo, de espacios para la oración, para la acogida y para la convivencia. Es la casa de las familias que necesitan ser  escuchadas, acompañadas, respetadas y ayudadas a salir de la exclusión, para sentir que forman parte activa de la sociedad.

Y tienen una fórmula: el compromiso cristiano de una Comunidad con personal técnico y voluntariado que, al igual que la hiedra utiliza la pared o el suelo para crecer y transformar su entorno, ellos se sienten pared y suelo para que unas mujeres, sus hijos, hijas y su entorno se puedan desarrollar por sí mismos.

«Yo pertenezco al grupo de adolescentes que lleva Mari Carmen. Soy Juliana y el proyecto Hiedra es un lugar donde hacemos deberes, nos ayudan y también interactuamos con otras personas. Con personas de aquí o de otros lugares que tienen algunos problemas en sus familias. Aquí reciben consejos y cómo mejorar la actitud con la familia. Mari Carmen es la mayor que sabe todo, sobre todo en lengua, y le preguntamos mucho de cosas que ella entiende, y es buena y respetuosa. También hacemos actividades con los niños más pequeños, jugamos con ellos. No nos ocupamos de ellos, lo hacen las monitoras, pero para nosotros familiarizarnos con los más pequeños y jugar con ellos nos hace pensar qué hacemos y con quién lo hacemos».

«Lo que explica Juli es que hemos establecido unos talleres en los que cada educador del proyecto Hiedra lleva una temática. Por ejemplo, taller de manualidades, de deporte, juegos de exterior, juegos de mesa… Todos los grupos de los menores que hay en el proyecto van rotando con cada monitor. Y hacemos actividades conjuntas para que los más mayores puedan interactuar, mezclarse con los más pequeños para que todos se puedan conocer un poco. Es un entorno muy familiar». Es la aclaración de Mari Carmen López, coordinadora y trabajadora social del proyecto.

Mari Luz Barreña, directora del proyecto recuerda que este nació en 2002 porque se vio una necesidad de ayuda a la mujer. Se ayudaba a los niños con los deberes pero el trabajo principal había que hacerlo con las madres. Fortaleciendo y empoderando a la mujer que es el motor que mueve a la familia, estamos actuando sobre toda la familia. El trabajo con menores ha aumentado, pero lo importante es apoyar al núcleo familiar a través de la mujer.

Lidia Matamoros, coordinadora, se encarga del grupo de mujer y entiende que este es un espacio vital para ellas: «es un momento en el que se olvidan de todo lo demás, que tienen un espacio para charlar, para divertirse, para hablar sobre ellas, sobre lo que les preocupa. Todas coinciden en que cuando empezaron a ser madres, se les acabó el tiempo de dedicarse un poco a ellas. Vienen madres con bebés, con niños de infantil, de primaria, chicas embarazadas. Complementamos con una educadora con aula infantil para que ellas puedan estar en los talleres».

Adriana nos acompaña con su bebé de diez meses y medio, es hermana de Juli y son de Bolivia. Tiene tres niñas más en el proyecto nacidas ya en España y su esposo tiene trabajo estable. A ella le salen horas sueltas. Algunas amigas le hablaron tan bien del proyecto Hiedra que se apuntó. Para ella es algo maravilloso venir aquí porque la ayuda bastante, tanto económicamente como en la actitud. “Si llueve y no vengo, estoy que me vuelvo loca. Hacemos talleres de costura, manualidades, de lectura. La maestra nos da dos o tres capítulos para leer en casa y aquí los comentamos. Si tenemos dudas, preguntamos, pero con esas dudas sale nuestra vida, nuestros problemas… Lo mezclamos todo. Siempre estamos charlando, compartiendo nuestras vivencias. También viene Loli, que es psicóloga, que nos ayuda a tener una buena actitud. Esto es una vía de escape y lo agradecemos muchísimo. En el taller de costura aprendemos a coser y eso nos puede valer para encontrar un trabajo. Tambien vendemos las cosas que hacemos y cuando se acerca Navidad hacemos mercadillos con las manualidades”.

Mari Luz añade que lo que se quiere conseguir es que sea un taller prelaboral: «Estamos comenzando. Ya hay pedidos. Este año ya ha habido un poco de dinero que se les ha podido repartir».

«Y tenemos excursiones, dice Adriana. Hace poco hemos salido a ver naranjos y ha sido genial. Nos vamos al cine, al teatro y el año pasado hemos ido a un concierto al Palau de la Música».

Dice Mari Carmen que en todas esas excursiones disfrutan mucho porque con los niños no podrían hacer este tipo de ocio: «para que ellas puedan salir, que tanto se lo merecen, todos los monitores nos organizamos para que los niños estén atendidos».

Hablando de los monitores, de los talleres, del apoyo que reciben, de la orientación, del cuidado de los niños, Adriana decía que aquí tienen una buena vida y a la pregunta ¿qué es una buena vida?, responde Mari Carmen diciendo que es el poder compartir la vida, estar con gente que te pueda escuchar: «que en los momentos buenos estén y sonrían contigo, que en los malos te ofrezcan una mano de apoyo y que tengas un lugar que lo consideres como un hogar, como una familia. La buena vida es lo que hacemos aquí. Que pasamos por muchos momentos buenos y malos. Aquí se pasa un poco la línea de trabajador, voluntario o participante. Al final todos estamos al mismo lado. Todos pasamos por situaciones complicadas. Es un estilo de vida que lo tienes integrado, en el que compartes con esta familia momentos muy valiosos».

Mari Luz: «Compartir y afianzar. Se va entretejiendo todo de forma que sirves de apoyo y te puedes apoyar. Por eso elegimos el nombre de Hiedra, porque está todo entrelazado alrededor de las mismas personas en las que siempre puedes confiar».

Mari Carmen: «Aquí se crean amistades, familia. Suena muy tópico pero es así. Aunque hayan salido del proyecto, vienen, nos cuentan cómo les va, nos preguntan cómo estamos, nos siguen buscando, contando con nosotras. Formamos parte de su vida. Esto se está haciendo cada vez más grande, es una relación que va más allá de de un periodo limitado por una necesidad».

Adriana: «Aquí nada es negativo. Nos encontramos por la calle y nos reconocemos. Hablas conversas… sabemos que nos hemos conocido aquí y que tenemos un vínculo especial».

Y qué razón tiene Adriana. Para muchas personas la buena vida empieza cuando encuentran suelo y pared donde arraigar, desarrollarse y servir de apoyo a otras personas para crecer, progresar, transformar su vida y sus relaciones personales.

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